Causas de la infelicidad

Aburrimiento y excitación. El aburrimiento es una de las principales amenazas contra la felicidad. El aburrimiento es el deseo de que ocurra algo que permita a la gente víctima del ennui (depresión o aburrimiento crónico) distinguir un día de otro. Pese a lo que uno pueda creer, lo opuesto al aburrimiento no es el placer si no la excitación. Russell considera que la vida moderna es muchísimo menos aburrida que la vida rural de las sociedades premodernas. Veamos.

En estas sociedades, después de cenar y cuando esposa e hija habían arreglado las cosas, todos se sentaban a pasar lo que llamaban “un agradable rato en familia” Generalmente esto consistía en que el padre se quedaba dormido, la madre se dedicaba a coser y las hijas deseaban estar muertas. Ni siquiera se les permitía leer o salir de la habitación, ya que la norma dictaba que ese momento, en que el padre “conversaba” con ellas, se suponía era agradable. Con un poco de suerte, las hijas acababan casándose y repitiendo con sus hijas el mismo ciclo de aburrimiento. El otro destino, acabar convertida en solterona.

Y cuanto más retrocedemos en el tiempo, mayor el aburrimiento. Russell nos invita a imaginar el invierno en una aldea medieval. La gente no sabía leer ni escribir, sólo tenían una vela para alumbrarse por las noches; el humo del fuego llenaba la única habitación que no estaba espantosamente fría. Los caminos se hacían intransitables, así que era imposible recibir visitas de gente de otras aldeas. Russell se anima a darnos una hipótesis interesante: Quizás el aburrimiento fue lo que dio origen a la caza de brujas, cosa que podía animar las noches de invierno.

Russell nos ofrece una revelación sorprendente. Ahora, en las sociedades modernas, nos aburrimos menos que nuestros antepasados, pero tenemos más miedo de aburrirnos. Las guerras, los pogromos, las persecuciones, han sido mecanismos para escapar del aburrimiento. Incluso pelearse con el vecino es mejor que nada. Por lo menos la mitad de los pecados que comete la humanidad se producen por el miedo al aburrimiento.
Desde luego, una vida llena de constante excitación, podría ser agotadora, ya que se necesitaría contínuamente de estímulos más fuertes para obtener la excitación que la persona ha llegado a considerar parte esencial del placer. Y aunque Ruseell no cae en la trampa de ensalzar la monotonía, reconoce que ciertas cosas buenas no son posibles excepto cuando hay cierto grado de monotonía. Si alguien tiene en mente un propósito constructivo, pues aguantará de buena gana grandes cantidades de aburrimiento si lo considera necesario para el logro de sus fines. Además, una mente no se formará objetivos constructivos a largo plazo si lleva una vida de distracciones y disipaciones, pues estará más atento al siguiente placer que al logro a largo plazo.

Fatiga. En las sociedades modernas el tipo de fatiga más común, y que atenta contra la felicidad, es la fatiga nerviosa. Russsell asegura que es muy difícil escapar de ella. Durante el trabajo, y el tiempo que pasa del trabajo a su casa, el trabajador urbano está expuesto al ruido constante de la ciudad; y aunque ha aprendido a no oír la mayor parte de ellos de manera consciente, aún así le produce desgaste.

Otro factor desencadenante de fatiga es la presencia constante de extraños; por instinto natural el hombre debe investigar si debe tratar a lo desconocido de manera amistosa u hostil. Este instinto debe ser reprimido, por ejemplo, entre quienes viajan en el metro, y el resultado de esa inhibición es una rabia difusa y general contra todas las personas con quienes entra en contacto de manera involuntaria (¡Ahora entiendo mejor el metro de Caracas en las horas pico!) El trabajador llega a la oficina con esa rabia reprimida y debe fingir cortesía con el jefe por miedo a perder el empleo. El jefe llega, desde luego, con la misma rabia reprimida y la misma tensión nerviosa.

Otra causa de la fatiga nerviosa son las preocupaciones. Esto se puede evitar con una mejor filosofía de vida y un poco de disciplina mental. Un craso error es llevarse los problemas del trabajo a la cama, o pensar en ellos cuando no se puede hacer nada al respecto. La felicidad y la eficiencia pueden aumentar cultivando una mente ordenada, que piensa las cosas en el momento adecuado.

Russell propone la higiene de los nervios: Para combatir la fatiga, producto de las preocupaciones, debemos pensar, al enfrentar una posible desgracia, en que deben existir sólidas razones para creer que al fin y al cabo no sería tan terrible aquello que nos preocupa. Al hacerlo, la preocupación disminuye en un grado extraordinario. Cuanto más se familiariza uno con un problema, el terror termina por ceder ante lo que ya conocemos.
La fatiga nerviosa nos hace infelices porque actúa como una cortina que distorsiona lo que vemos del mundo exterior. Si vemos a la gente, es sólo para irritarnos por sus vicios y manías; no hay ningún placer en la comida ni en los días de sol y la indiferencia parece ser la norma. Esta situación impide descansar, y la fatiga nerviosa sigue en aumento hasta que es necesario el tratamiento médico.

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