Luces

El pasado 13 de febrero se dio a conocer la lista de los nominados al Nobel de Literatura 2014. De las 271 propuestas recibidas por la Academia, surgió la llamada lista larga de nominados, compuesta por 210 candidaturas. Para el mes de abril la lista se reducirá a 15 ó 20 nominados y ya para finales de mayo quedará recudida a 5 candidatos. A partir de allí, la Comisión Nobel, compuesta por 4 ó 5 académicos, se encarga de leer la obra de estos 5 nominados, si es que no la han leído con anterioridad. Es importante señalar que los académicos dominan varias lenguas, por lo que, en algunas ocasiones, suelen leer a los candidatos en su idioma original.

Como el año apenas comienza, y el ganador se dará a conocer en octubre, quizás es muy temprano para hablar de nombres, posibles ganadores y el por qué deberían ganar. El Nobel es el reconocimiento más importante en las letras universales, y, por ello, el que genera mayores expectativas. Incluso existen casas de apuestas que, año tras año, presentan sus quinielas de posibles ganadores. Aparte de la gloria literaria que representa el Nobel, este premio suele dibujar una sonrisa en los presidentes de las casas editoriales que tienen a un autor en su staff de publicaciones y resulta ganador. El Nobel resulta, así, la mejor publicidad para las editoriales, y los hechos lo confirman: Las ventas de un autor se disparan cuando resulta ganador del Nobel. Incluso de autores que antes de ganar el premio eran prácticamente desconocidos, o en todo caso sólo conocidos en sus países; tal el caso de la Nobel rumano-alemana, Herta Müller.

Sombras

Y por supuesto, la Academia no es infalible y pesa sobre ella errores imperdonables. El más citado de todos el de Jorge Luis Borges, el eterno candidato que nunca lo recibió. Es imposible no querer compartir las bromas que el propio escritor solía hacer respecto a la negativa de la Academia a otorgarle el Premio. Decía el argentino: “La Academia tiene un trabajo: No darme el Premio Nobel.” En una ocasión le preguntaron “¿A qué atribuye que no le hayan dado el Nobel de literatura?” A lo que respondió: “A la sabiduría sueca.” O esta otra genialidad: “Yo siempre seré el futuro Nobel. Debe ser una tradición escandinava.”

Pero la lista de escritores que merecían con sobrada justicia el Nobel, y fueron ninguneados por la Academia, es larga. Sólo una muestra: Tolstoi, Zola, Proust, James Joyce, Nabokov, Karen Blixen, Virginia Wolf. Y para alargar la vergüenza, también podríamos crear una lista de ganadores con una obra inferior a la de los autores citados, pero que sí recibieron el premio. Por ejemplo Echegaray, Ivo Andric, Jaroslav Seifert y el colmo de los descaros: el Nobel otorgado a los suecos Eyvind Johnson y Harry Martinson, que compartieron el premio en 1974 y fueron, oh sorpresa, asiduos miembros del comité que otorga el premio.

Hay otra anécdota en torno a la concesión del Nobel de literatura que merece la pena ser compartida. Cuando le otorgaron inmerecidamente el Premio a José Echegaray, en 1904, le pusieron su nombre a una calle en Madrid. Ramón del Valle-Iclán, enemigo acérrimo de Echegaray, montó en cólera, y, para mayor indignación, resultó que en esa calle vivía un amigo de Valle Iclán. Así las cosas, cada vez que le escribía una carta a su amigo, no escribía en el sobre “Calle José Echegaray” sino “Calle del viejo imbécil”. Y para hacer más graciosa la historia, resulta que los carteros entendían la broma y enviaban la carta a su amigo.

Pero volviendo al tema del Nobel 2014, habrá que esperar la lista de 15-20 candidatos de este año para ver si la Academia acertó o seguirán la tradición de “hacerse el sueco”, negando el galardón a un escritor que verdaderamente lo merezca.

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