Hace una semana murió Roberto Gómez Bolaños, Chespirito. Sus trabajos más célebres, “El Chavo del ocho” y el “Chapulín Colorado” se han transmitido con éxito no solo en Latinoamérica, sino en lugares tan inesperados como China, Japón, Corea, Tailandia, Marruecos, Angola y un largo etcétera

Comediante genial

Chespirito logró crear comedias que han perdurado a lo largo de las décadas. Las dos más conocidas comenzaron entre finales de los sesenta y principios de los setenta y hoy, a más de cuarenta años, se siguen transmitiendo en varios países. “El Chavo” y “El Chapulín Colorado”, con su humor inocente, chaplinesco, tienen un encanto, un poder de atracción, que los años no parecen afectar. No es exagerado decirlo: Chespirito fue un comediante genial. Veamos algunas pistas de su éxito.

Vecindad

Personajes inolvidables

Fue un gran creador de personajes, un brillante recreador de criaturas a las que dotó de cualidades inconfundibles. El Chavo es un niño huérfano, lleno de ingenuidad, que nos hace reír con sus ocurrencias.
El Chapulín Colorado es un héroe, o mejor dicho un antihéroe, que se gana nuestra simpatía porque es atolondrado, cobarde y las cosas casi nunca le salen bien. A partir de estos rasgos básicos de sus dos personajes principales Chespirito logra construir un mundo rebosante de humor, enredos, ternura, alegría y de un claro mensaje de amor hacia el prójimo.

Otro rasgo genial de Chespirito es que logró crear expresiones que pasaron al formar parte del habla cotidiana del latinoamericano común. Esto es brillante. Solo las grandes obras literarias, las más altas, han logrado incorporar sus decires al habla común de los pueblos. Son muchísimas las expresiones, todas ocurrentes, que Chespirito acuñó en sus comedias y de ahí pasaron a formar parte de la vida real. Son tan conocidas que ni siquiera hay necesidad de escribirlas aquí, porque seguramente usted sabe cuáles son. Es difícil encontrar otro programa de televisión que haya logrado esto en toda Latinoamérica.

Inmune al cinismo

Las dos comedias de Chespirito fueron un éxito desde el principio y siguieron así por décadas. Llegan los años 90. La década en que la TV por cable se masifica. Gracias a ella comienzan a llegar las comedias “made in USA”. La del 90 era una generación destinada a vivir del cinismo, de la burla. Llegan “Los Simpsons”, y años después “South Park”, series con un humor cínico y una visión descarnada de la vida. Y aunque tienen éxito en Latinoamérica, las comedias de Chespirito continúan ocupando un lugar especial en el público. Este tipo de humor no hizo mella la inocencia que caracterizan al Chavo y el Chapulín.

La idea general de “El Chavo” es esta: Un niño huérfano llega a vivir a una humilde vecindad y allí encontrará personas con quienes logrará ser feliz pese a la pobreza y a las limitaciones. Esta idea debe de tocar una fibra muy íntima en los latinoamericanos, pues en 1975 más de 350 millones de personas veían el programa todas las semanas. Chaplin decía que para hacer reír a la gente solo necesitaba un parque, un policía y una chica guapa, Chespirito solo necesitaba una vecindad con personajes descabellados. Así como Cantinflas representó mejor que nadie a la figura del “Pelado”, es decir, el personaje típico de las clases bajas, Chespirito representó, con el Chavo, a la figura del niño latinoamericano pobre.

Las comedias de Chespirito han resistido el paso del tiempo y conservan aún su frescura. El Chavo y el Chapulín Colorado seguirán viéndose por mucho tiempo porque son series que cautivan por su ingenuidad, su visión inocente de las cosas y por su mensaje de amor y fraternidad. Y Roberto Gómez Bolaños, Chespirito, será recordado de la mejor forma en que alguien puede ser recordado: Con una sonrisa.

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