Pedro Leon Zapata

En 1947 viajó a México para aprender la técnica del muralismo de la mano de David Siqueiros, y realizó estudios en el Instituto Politécnico Nacional de México. Como muralista, destaca su obra Conductores de Venezuela, obra icónica de la ciudad de Caracas, de más de 1.500 metros cuadrados de superficie, 150 metros de largo por 11,5 de alto; mural compuesto por 40.000 lozas de 20×20 centímetros, que se encuentra en el perímetro norte de la Universidad Central de Venezuela. Este mural es tan representativo de la ciudad como lo es el Teatro Teresa Carreño, la Orquesta Sinfónica Municipal de Caracas o incluso el Metro de Caracas.

Humorista

Esta es, sin ninguna duda, su faceta más controversial. En 1965 se incorpora al diario El Nacional de la mano, nada menos, que del novelista Miguel Otero Silva. Allí da comienzo a su viñeta Zapatazos, que tendrá una continuidad ininterrumpida de 50 años hasta el día de su muerte. Se dice fácil, pero durante medio siglo Zapata plasmó, desde sus caricaturas, sus críticas al poder. Genial, corrosivo e hilarante, con humor ácido, políticamente incorrecto, Zapata no dejó títere con cabeza. Siempre crítico con el poder. Y es que el humor político, por definición, debe de ser antipoder. Se podrá discutir, pero un humor desde el poder, simplemente, pierde su razón de ser. Y fiel a esta creencia, Zapata no distinguía entre ideologías políticas: Por eso, en 1980 publicó el libro Zapata contra Pinochet, y más recientemente fue célebre su oposición al presidente Hugo Chávez.

Como caricaturista, como humorista, su propósito era hacer reír y pensar a sus lectores. Las dos cosas a un mismo tiempo. Y siempre se mantuvo fiel a su convicción de que el humor no puede ser complaciente con quienes están en el poder: Habría sido impensable un Zapata en favor de los gobiernos de AD y Copei, de la misma forma que era impensable un Zapata chavista. Un Zapata militante de un gobierno, hubiera sido, sencillamente, la muerte de Zapata como humorista. Es muy célebre la anécdota en que Zapata está siendo condecorado por Carlos Andrés Pérez y éste le dice: “Quién iba a pensar, Pedro León, que yo te iba a condecorar”, a lo que el caricaturista respondió con un rápido e ingenioso: “El desprestigio es muto”.

Coromotico

Intérprete incomparable de la realidad venezolana, Zapata pertenece a una larga tradición humorística que tuvo, entre otros, a Leoncio Martínez, Francisco Pimentel, Andrés Eloy Blanco, Aquiles Nazoa, Kotepa Delgado, y un largo etcétera que siempre, sin excepción, se mostró crítico con el poder, incluso a costa de la cárcel.

Así como Andrés Eloy Blanco popularizó a la figura de Juan Bimba, nombre que se le aplica al prototipo del hombre humilde del pueblo, de la misma forma Zapata creo a Coromotico, un astuto y desconfiado representante de los sectores más bajos de la sociedad. Si Juan Bimba representó, de cierta manera, la inocencia del hombre rural de su tiempo, Coromotico es un personaje urbanizado, desengañado y se le representa como alguien con una delgadez extrema, a consecuencia del hambre, y con una desconfianza proverbial hacia los políticos y los poderosos.

Con la muerte de Zapata se apaga una de las voces más representativas de la venezolanidad, la venezolanidad entendida como una constante prédica del humor. De la misma forma en que Simón Díaz representó a la venezolanidad con sus tonadas y canciones.
Descanse en paz, Pedro León, maestro.

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