El Diablo

En esta novela corta Tolstoi nos ofrece un relato inquietante sobre la tentación, el deseo y el adulterio. Tolstoi cuenta la historia de Yevgueni Irténiev, un hombre que aún no llega los treinta y que tiene por delante un futuro promisorio: Se ha graduado con honores en la universidad, posee buenas relaciones en las más altas esferas y ha heredado propiedades (a las que, eso sí, deberá dedicar mucho esfuerzo para sacar adelante). Es un hombre al que todo parece sonreírle en la vida.

Para cubrir ciertas necesidades, Yevgueni comienza a tener relaciones clandestinas con Stepanida, una campesina muy bella que no tiene problemas en engañar a su marido. Para Yevgueni aquello no tiene nada que ver con sentimientos, se trata de algo que hace solo por “razones de higiene”. Yevgueni, incluso puede pasar un mes ocupado en los asuntos de la hacienda sin dedicar un solo pensamiento a Stepanida. Es una relación estrictamente por conveniencia: Yevgueni lo hace para procurarse la compañía ocasional y sin compromiso de una mujer, y la campesina por el dinero que recibe a cambio.

Con el paso del tiempo, Yevgueni conoce a una mujer, Liza Ánnenskaia, se enamora y contrae matrimonio. Y a partir de aquí, algo cambia en el relato de Tolstoi. Desde este momento, y sin que el lector se dé cuenta, las cosas van dando un giro inesperado y Tolstoi introduce una de sus obsesiones. En realidad, una de las obsesiones de los grandes autores rusos decimonónicos, pues también lo hallamos en Dostoievski: La obsesión por la culpa, el pecado y la paga que merece: el castigo. Una obsesión que viene, sin duda, de la herencia de la cultura cristiana, de la Biblia.

Yevgueni se propone llevar una vida apacible con su mujer. Una vida honorable y ejemplar, cimentada en principios morales sólidos. Pero sus planes se ven entorpecidos por una obsesión que se aloja en su mente y ya no le abandonará más: Reanudar el trato íntimo con Stepanida, la campesina que apenas ocupaba algo de su atención cuando él estaba soltero.

A partir de ahí Tolstoi impone en la consciencia de Yevgueni el deseo como problema. Y comienza la lucha interna del personaje para no sucumbir. Lo curioso, lo que hace inquietante a este relato es el desentrañar el por qué se obsesiona, ahora que está casado y se ha propuesto llevar una vida decente junto a su esposa. La posibilidad del adulterio tendrá consecuencias para Yevgueni. Aquí Tolstoi introduce la idea del castigo: el fin de su matrimonio, el escándalo, la deshonra sobre la familia que apenas está formando.

Con una asombrosa capacidad para construir personajes y situaciones, Tolstoi nos mostrará, durante varias páginas, el tormento del pobre Yevgueni. Y sus esfuerzos para vencer el deseo. La forma patética -en el sentido auténtico de la palabra: es decir, que infunde dolor o tristeza- en que Yevgueni se autoengaña al creer que ha logrado superar la idea del adulterio… mientras la tentación permanece allí, como un elefante blanco al que ve, pero que hace como si no existiera.

Tolstoi

La trama de este relato hace evocar la de la película “Match Point”, de Woody Allen. Y es probable que el cineasta -familiarizado, como está, con la literatura rusa- se haya inspirado, en parte, en esta historia, pues hay reminiscencias de ella rápidamente detectables. Y ya puestos en la comparación entre una y otra, no cuesta mucho imaginar que Stepanida, objeto del deseo de Yevgueni, físicamente luzca como Nola Rice (Scarlett Johansson), el objeto del deseo de Chris Wilton (Jonathan Meyers).

Para Tolstoi el problema de la tentación y el deseo solo tiene una opción: El castigo. El relato finaliza y luego ofrece un apéndice para que, volviendo la lectura atrás, podamos leer un segundo final distinto del primero. En ambos finales triunfa el mal, o para decirlo en el lenguaje de Tolstoi, “el demonio”.

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