“Escritores tardíos” es un epíteto inexacto, pues se refiere solamente a aquellos autores que se iniciaron en el mundo de las letras a una edad por encima del promedio, e incluso ya entrados en la vejez. Y es inexacto, porque algunos, habiendo iniciado su carrera literaria a temprana edad, no alcanzaron el esplendor literario sino cuando ya se encontraban por encima de los cincuenta. En todo caso, lo que esto demuestra es que, con el paso de los años, no necesariamente viene el declive de las facultades mentales. Veamos algunos ejemplos.

Henry Miller

Henry Miller. Recorrió un largo camino hasta convertirse en escritor. Trabajó en una compañía de telégrafos, estuvo casado dos veces y necesitó del ambiente bohemio de París para entregar “Trópico de cáncer”, su primer libro, cuando contaba con 43 años de edad. Antes había realizado dos obras, que permanecieron inéditas hasta mucho después de su muerte: “Crazy cock” y “Moloch: or this gentile world”. “Moloch” sería publicado en 1992, 65 años después de ser escrito y doce después de la muerte de su creador. A los 43 años, Miller inicia -con “Trópico de cáncer”- su primer ciclo narrativo, que continuará con la publicación de “Primavera negra” y se cerrará a los 47 años con “Trópico de Capricornio”. Su segundo ciclo narrativo se abrirá con “Sexus”, publicado a los 58 años, seguirá con “Plexus”, editado a los 62 años y se cerrará con “Nexus”, a los 69.

josé saramago

José Saramago. De infancia pobre, hijo de campesinos analfabetos, antes de dedicarse por entero a la literatura, Saramago fue mecánico de autos, contador, vendedor de seguros, reportero, periodista y finalmente, escritor. Comenzó a escribir poesía, pero siempre como un completo desconocido. A los 25 años publicó su primera novela, “Tierra de pecado”. Permaneció así, a la sombra, hasta que en 1982, a los 60 años, publica la novela que lo dará a conocer: “Memorial del convento”. A partir de entonces comenzará la etapa de plenitud creativa; Saramago publica sus libros con un promedio de 2-3 años de diferencia, y le va muy bien, pues solo 16 años después de iniciar su ciclo creativo con “Memorial del convento” llega el Nobel. Saramago es un ejemplo de la plenitud creativa en la vejez.

Daniel Defoe. Varios siglos atrás, tenemos el caso de Defoe. Los años vitales, los años que un escritor consagra a la creación de una obra literaria, Defoe los dedicó a distintas actividades: Primero fue comerciante – vendía desde artículos de lana hasta productos vinícolas- y pese a ello, siempre estuvo agobiado por las deudas; se casó y tuvo ocho hijos, estuvo en la cárcel por deudas y también por motivos políticos, viajó por toda Europa, fue recaudador de impuestos y durante todo ese tiempo su única incursión en la escritura fue a través de los panfletos. Su “Robinson Crusoe” fue publicado cuando Defoe contaba con 59 años. Su novela “Moll Flanders”, a los 62.

Raymon Chandler

Raymond Chandler. No era escritor. De hecho, trabajaba para una compañía petrolera hasta que perdió el empleo como consecuencia de la crisis económica de 1929. Desempleado, mientras realizaba un viaje, comenzó a leer revistas baratas que contaban historias atractivas y ahí comenzó todo: Pensó que podría ganar dinero escribiendo historias de detectives. A los 45 años comenzó a escribir relatos cortos y a los 51 vio la luz su primera novela. No solo es el creador del detective Philip Marlowe, sino que también tuvo una deslumbrante carrera como guionista de cine para Hollywood.

Miguel de Cervantes. Con Cervantes se cumple aquella máxima de que para escribir primero hay que vivir. No tuvo estudios universitarios, fue soldado, estuvo en cautiverio en Argel y su vida en general fue bastante difícil. Su carrera literaria inicia a los 38 años con “La Galatea”. La primera parte del “Quijote” fue publicada a los 58 años. Y la segunda, a los 68.

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