La palabra remake se usa para aquellas películas que reproducen la trama, los personajes, la ambientación, etc., de una obra anterior. Es común oír entre los cinéfilos la idea de que los remakes nunca son buenos, que nunca logran superar a la obra original. Hay algo de verdad en esto, pero no siempre es así. Hay remakes que están en la lista de nombres míticos en la historia del cine: Con faldas y a lo loco (1959), Ben-Hur (1959), Los siete magníficos (1960) o Scarface (1983) por nombrar sólo cuatro.

Pero la verdad sea dicha, los remakes que no están a la altura de su predecesor casi siempre son la norma. Bodrios lamentables son Sabrina (1995), The Ladykillers (2004), Fame (2009), Rollerball (2010), La pantera rosa (2006) y La huella (2007)

Con estos ejemplos, la conclusión parece obvia. Hace cincuenta-sesenta años, los remakes terminaban convertidos en auténticas obras maestras; hoy los remakes, por lo general, no agregan nada nuevo, ni bueno, a la versión original.

Y la cosa no para ahí. Podríamos decir que la industria del remake no tiene descanso. Hace unos días me enteré que el mítico director Steven Spielberg, a quien debemos tantas obras maestras, ha mostrado interés en hacer un remake de West side story (1961) y yo me pregunto, con perdón de este genio del cine ¿y para qué nos amenaza con el remake de una película que no necesita repeticiones? Para 2015 se anuncian remakes de A star is born, Rififi, Los pájaros. Para este año se espera el estreno de algunos remakes: Dirty dancing, Annie, Los inmortales y el remake que inspira estas notas: My fair lady.

¿Quién habrá tenido la “brillante” idea de hacer un remake de la insuperable versión de George Cukor (1964) protagonizada por Rex Harrison y Audrey Hepburn? (¿Hepburn? Ah, palabras mayores, si me preguntan, diré que ella es el cine, con perdón de Katharine y Bette) Si bien esta película tiene un antecedente en 1938, Pygmalion, no se trata de un remake, entre otras cosas, porque aquélla es un musical y ésta no.

Para esta nueva versión, la protagonista será la inglesa Keira Knightley, quien parece tiener un encanto especial para los filmes de época (Orgullo y prejuicio, Anna Karenina) Ella ha demostrado ser una gran actriz, el problema es que Audrey Hepburn dejó el listón muy alto, insuperable, en su papel de Eliza Doolittle. Hay pocas cosas más cautivantes en el cine que la Eliza Doolittle de 1964. Las escenas de la dulce Audrey cantando y bailando hay que repetirlas una y otra vez para no dejar ir ningún detalle (Sí, ya sé que usted me dirá que la voz no era de ella, sino de Marni Nixon. Ok, pero Audrey está tan radiante que a uno se le olvida. Después de todo, uno tiene sus sueños; por ejemplo, a los hombres no nos gusta que nos recuerden que Marilyn Monroe no era rubia natural)

Eso para no mencionar a Rex Harrison en su inmejorable papel como el gruñón y misógino profesor de fonética Henry Higgins, ¿Quién podría mejorar esta interpretación? No sé, pero se dice que para este papel estaría Daniel Craig. También se ha dicho que Hugh Grant. Otro que no la tendrá fácil: El actor que interpretará a Alfie Doolittle, el bonachón y despreocupado personaje encarnado por Stanley Holloway. Solamente estos tres personajes, que hallan en la versión de George Cukor soberbias interpretaciones, hacen innecesario un remake. Dudo mucho que la nueva versión de My fair lady agregue algo nuevo.

En el mejor de los casos tendremos una versión correcta, entretenida, pero hasta ahí. Algo similar al remake que Adrian Lyne hizo de la Lolita de Stanley Kubrick.

Ya para finalizar, le dejo estas preguntas ¿Se imagina que a Hollywood le dé por remake de Casablanca? Piénselo por un instante: ¿Quién osará a interpretar a Rick Blaine, si este personaje es Bogart, así como Eliza es Audrey? Y si les da por Lo que el viento se llevó, ¿Quién interpretará a Scarlett O’Hara, si Vivien Leigh es ella?.

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