Blockchain y futuro

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David Ramos, de Silicon.es, me llamó para hablar sobre la importancia y el futuro de blockchain, en parte por ser un tema que menciono y comento a menudo, y también por haber escrito el prólogo de la edición en español de “La revolución blockchain“, de Don Tapscott y su hijo Alex, y ayer mencionó algunos de mis comentarios en su artículo titulado “Blockchain: la revolución silenciosa“.

Mi opinión es que la cadena de bloques va a estar presente en el corazón de la inmensa mayoría de los sistemas transaccionales en el futuro, entendidos además de una manera amplísima. No solo todo aquello que hoy consideramos una transacción de cualquier tipo quedará reflejada en una cadena de bloques, sino que además, pasaremos a considerar transacciones cosas que hoy nos parece que ni siquiera tienen entidad para ello, que son simples eventos, como el conjunto de decisiones que un algoritmo tome en el contexto de la conducción autónoma de un vehículo, por ejemplo.

Sin embargo, los sistemas transaccionales tienen un curioso atributo: están detrás de una funcionalidad, no delante de ella. Así, veremos que muchísimas cosas que haremos en nuestro día a día funcionarán sobre una cadena de bloques, pero muy posiblemente será algo que ni nos plantearemos. Lo asumiremos como algo perfectamente normal, como hoy nos parece normal que las transacciones funcionen sobre otros sistemas. Entenderemos sus ventajas y las daremos por sentado, y pasaremos a considerar normal que una transacción no pueda ser eliminada, ni contabilizada erróneamente, ni manipulada. Sencillamente, pasaremos a considerar todo sistema transaccional como algo prácticamente infalible, que persiste en el tiempo, que no se puede eliminar de un registro, y que resulta inviolable por una cuestión de diseño del sistema. Vincular un contrato a la cadena de bloques, o smart contract, y poder verificar su cumplimiento o condiciones de manera inmediata y automatizada será visto como algo sencillamente natural.

Los atractivos de una solución tan elegante como la cadena de bloques a la hora de anotar transacciones resulta obvio: no tener que depender de intermediarios o terceras partes para garantizar que la transacción ha tenido lugar, resolver el problema del doble gasto, proporcionar una forma sencilla de alcanzar el consenso en caso de incoherencias, con un incentivo adecuado para los participantes y todo ello en el contexto de un sistema adaptable y auto-regulable que garantiza el procesamiento de una transacción en un tiempo razonable.

¿Va a ser importante la cadena de bloques? Por supuesto: tendrá una importancia brutal, cambiará muchas cosas que hoy tienen que verificarse por otros medios, y estará en todas partes. Pero no será algo especialmente popular o que comentemos de manera habitual: simplemente “estará ahí”, debajo de cada transacción, silencioso, cumpliendo su función de manera eficiente. El protagonismo lo tendrán, lógicamente, las transacciones como tales, no los sistemas que usemos para garantizarlas. Tal y como, por otro lado, debe ser en todo sistema transaccional.

Enrique Dans

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