No es nuevo. Ya nuestro fútbol profesional tuvo una Liga. Problemas económicos, desorganización, mudanzas de equipos, compras de cupos, entre otros, estaban a la orden del día y pasando por la triste historia del Marítimo se encontró el camino de una inminente y necesaria desaparición.

En 1995, luego que el Marítimo acudiera a la justicia ordinaria para reclamar sus derechos, presuntamente violentados al no permitírseles jugar en la población de Guatire y luego tampoco un cambio al Brígido Iriarte, se llegó al punto de quiebre. La poca estabilidad y el constante cambio de formato también se sumaron. La Liga Venezolana de Fútbol Profesional no aguantó más y luego de funcionar con cierta autonomía desapareció en 1995, año en que la FVF absorbió los campeonatos del balompié rentado nacional.

La Federación, a través de la Comisión de Torneos Nacionales, dirige y coordina todos nuestros campeonatos: primera, segunda, tercera, sub-20, sub17, femenino.

A pesar de las críticas, unas con razón y otras sin razonamiento, el ente federativo logró dejar atrás algunos vicios, consiguiendo la tan anhelada estabilidad. Ahora los equipos se han reunido y buscan materializar una idea que vienen manejando desde hace algunos años: una nueva Liga. Pero… ¿están preparados?

Andar solos…

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Algunas situaciones han atentado contra la credibilidad de la FVF en la organización de nuestros campeonatos. La aplicación de los reglamentos de manera estricta en algunos casos y su desaplicación en otros, han mermado la imagen del ente federativo y han llevado a muchos sectores del fútbol venezolano a querer una Liga independiente, afiliada por supuesto a la Federación, tal como sucede con el beisbol y el baloncesto profesional de nuestro país.

Durante los últimos años se ha venido arrastrando como principal problema la situación económica de algunos equipos, lo cual se refleja en los atrasos e incumplimientos en los pagos a los jugadores de sus principales planteles. Otros hechos recientes generaron cierto malestar: la reprogramación del partido entre El Vigía y Táchira en fecha extemporánea, la falta de una decisión contundente durante la situación presentada en la jornada 7 y que derivó en que casi todos los equipos jugaran con futbolistas juveniles, el gol no validado a Carabobo FC ante Deportivo Lara, la posterior alineación indebida de José Marrufo de Lara y hasta el conjunto de opiniones encontradas ocasionadas por el gol de Juan Falcón ante Mineros de Guayana en la final, han generado malestar y motivado a la dirigencia de los equipos a reunirse, nombrar una directiva y trabajar fuerte para que nuestro fútbol consiga el cambio a partir de la próxima temporada. La pregunta es si esa dirigencia de equipos, tan cuestionada muchas veces por el periodismo y por los aficionados, la misma dirigencia que en algunos casos no ha logrado responder a los jugadores con puntualidad en sus obligaciones contractuales, la misma dirigencia que en algunos casos no ha conseguido los patrocinantes para cubrir todos sus gastos y termina rogando a gobiernos regionales y municipales o a entes gubernamentales para poder pagar, la misma dirigencia que ha aprobado las condiciones y formatos actuales, está preparada para asumir el campeonato profesional sin el apoyo de la Federación Venezolana de Fútbol.

El problema de fondo

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Nuestros equipos siguen siendo equipos y no clubes. Ningún equipo de nuestra primera división cuenta con una cancha propia y apta para disputar los partidos oficiales, mucho menos para los partidos internacionales de Copa Libertadores o Copa Sudamericana. Pocos de ellos cuentan con una cancha propia para entrenar o con una sede administrativa propia para funcionar. Solo algunos cuentan con una unidad de transporte propia para desplazarse por todo el país. Todos cuentan con categorías menores sub-17 y sub-20 ya que es una obligación, pero: ¿cuántos quisieran no tener esa obligación para reducir sus gastos? Es común ver a equipos sub-17 y sub-20, apéndices de estos equipos de primera división, viajar en precarias condiciones, llegando a los estadios el mismo día del partido, sin que sus jugadores puedan recuperarse del viaje o descansar, alimentándose mal, con escasa indumentaria y materiales de entrenamiento. Es común ver a los equipos menores de nuestros equipos, entrenando en un campo de tierra o en uno de beisbol, sin agua, sin balones; sin las elementales condiciones.

En síntesis, no hay clubes, no hay proyectos integrales. La pirámide se construyó por arriba. El patrocinio de los equipos de primera no alcanza para las categorías menores salvo contadas excepciones. Sin canchas, sin sedes, a muchos les toca improvisar. ¿Está esa dirigencia que no ha podido gerenciar con éxito sus equipos y convertirlos en clubes, preparada para asumir completamente los campeonatos de nuestro fútbol profesional?

Unidad de criterio

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Mucho se ha cuestionado que en distintas ocasiones los dirigentes de nuestros equipos profesionales toman posición ante determinado hecho según convenga. Usualmente se han dividido en posiciones, aliándose de manera aprobatoria cuando favorece y desaprobatoria cuando perjudica. Los equipos deberán homogeneizar criterios y parámetros para no navegar en divisiones estériles que puedan resquebrajar la necesaria uniformidad. Las diferencias son sanas y siempre se impondrá la mayoría. Pero la madurez que se tenga para aceptar las decisiones cuando desfavorezcan permitirá encontrar un punto de equilibrio necesario para la durabilidad de este proyecto que está a punto de concretarse. Y experiencias recientes han demostrado que en la práctica no ha ocurrido así.

Los equipos deberán trabajar muy duro puesto que además de comercializar para cubrir sus egresos: sueldos, viajes, premios, gastos de funcionamiento y operatividad, ahora también deberán asumir los gastos de funcionamiento y operatividad de la Liga. Tomar las decisiones. Un buen trabajo de mercadeo puede lograr muchísimos y mejores dividendos para los equipos pero hay mucho por hacer para convertir el producto integral en atractivo para grandes patrocinantes.

Y entre lo que hay por hacer, algo escapa de las manos: la situación de nuestras canchas. Todos los escenarios en los cuales se juega fútbol de primera división pertenecen al Estado venezolano y algunos de ellos no están en buenas condiciones. Casos puntuales están en situación precaria. ¿Cómo hacer para mejorarlos si no son propios? La televisión y los patrocinantes seguramente exigirán estadios en impecables condiciones. ¿Cuántos están hoy completamente aptos? Es este un punto muy importante a solucionar a corto plazo.

Una directiva y el camino libre

Dando un paso aparentemente firme, la dirigencia de los equipos de primera división se ha juntado definitivamente para darle forma a lo que prevén será la solución para organizar nuestros campeonatos y lograr hacerlos más llamativos para patrocinantes, medios audiovisuales y aficionados. Buscan armar ese buen producto para venderlo mejor.
En Maracay le dieron forma a una junta directiva y a los estatutos que regirían las competiciones. La directiva quedó integrada por Adelis Chávez (Zamora FC) como Presidente, Ender Luzardo (Deportivo Lara) como Vicepresidente, Eduardo Álvarez (Deportivo Anzoátegui) como secretario general, Rubén Villaviciencio (Atlético Venezuela) como tesorero y Rubén Berardinelli (Trujillanos FC) como vocal.

Plantean, entre otras cosas, realizar un torneo de adecuación que se realice entre agosto y diciembre, con un cupo internacional en juego para darle competitividad y comenzar una nueva temporada en año calendario, para equipararse con otras ligas similares. La temporada oficial se realizaría de enero a mayo (apertura) y de agosto a diciembre (clausura), disputándose los títulos y los cupos internacionales vigentes: 3 a Copa Libertadores y 4 a Copa Sudamericana.

Sobre esta iniciativa, el Presidente de la FVF Rafael Esquivel señaló en una entrevista: “Estoy encantadísimo que alguien asuma la responsabilidad del torneo. Nos reuniremos con la asamblea de clubes en lo que llegue al país”. Se estima que este encuentro FVF-equipos se realizará antes del inicio de la Copa del Mundo Brasil 2014.

Parecieran existir las condiciones y una vía libre para adoptar estos importantes y trascendentales cambios en el fútbol profesional venezolano. Sin embargo, se debe analizar a fondo antes de dar el salto. Es imprescindible dar pasos seguros. Caer en la improvisación sería fatal para nuestro balompié. Significaría un atraso tremendo. Avanzar es la consigna, pero si no se logra, se deberá volver al pasado. Ya nuestros torneos transitaron este camino y debieron ser asumidos por la FVF para poder continuar. Tal vez hay muchas cosas por hacer para andar sobre seguro y sería conveniente materializarlas antes de atreverse a caminar a solas. Ojalá la dirigencia de los equipos esté pensando en estos cambios necesarios y profundos que requiere nuestro balompié y hayan alcanzado a entender que muchos de los problemas que se arrastran dependen y son responsabilidad de sus propias acciones y decisiones. Si se logra comprender, hacer, construir en base a concretas soluciones de fondo, se le augura un feliz y largo camino a la Liga de Fútbol Profesional. Caso contrario, será solo un experimento que morirá en unos años y nos llevará de nuevo a buscar el cobijo de la Federación.

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