Hace unos días tuvimos un interesante debate a través de Twitter con el abogado y columnista de ESPN en español Arturo Marcano acerca de las reglas propuestas para el nuevo Sistema de Traspasos que permite enviar a jugadores japoneses a las Grandes Ligas.

Anteriormente, el club de las mayores que ofreciese más dinero ganaba los derechos exclusivos de negociación con el pelotero nipón. Ahora, la propuesta es establecer un máximo de 20 millones de dólares y si varios equipos lo ofrecen, todos podrán negociar con él.

Marcano criticó la propuesta por constituir una flagrante violación al libre mercado, en el que el jugador, o en este caso su equipo, goza del beneficio de recibir tanto dinero como sus pretendientes estén dispuestos a pagar por él. Así fue como, en su momento, los Medias Rojas de Boston y los Vigilantes de Texas pagaron más de 51 millones de dólares sólo para poder negociar con Daisuke Matsuzaka y Yu Darvish, respectivamente.

Marcano tiene razón en su crítica, por su puesto, en especial ahora cuando las Águilas de Rakuten están a punto de poner a la venta a su as Masahiro Tanaka, quien es ampliamente considerado como el mejor lanzador de la NPB en la actualidad y quien acaba de cumplir una temporada de ensueño en 2013: 24-0, con un salvado y una efectividad de 1.27.

Los Yanquis de Nueva York dijeron hace no mucho estar tan interesados en adquirirlo, que estaban dispuestos, bajos las reglas anteriores del sistema, a ofrecer hasta 75 millones de dólares para obtener los derechos exclusivos de negociación con él. Ahora, bajo la nueva normativa, el club neoyorquino podrá negociar con Tanaka por sólo 20 millones y además pagaderos en cuotas, en lugar de un solo golpe como ocurría antes. La crítica de Marcano no podría tener más validez. Nuestra respuesta fue que la idea de colocar un límite al monto máximo de la subasta no nos parecía tan mala ya que, a cambio, le estaba ofreciendo a los jugadores japoneses algo que hasta ahora se les había negado tercamente: la libertad de escogencia.

Antes, el pelotero nipón sólo podía negociar con el equipo que ganaba la subasta y si ambas partes no llegaban a un acuerdo, éste tenía que regresarse a Japón por al menos una temporada más. Las nuevas reglas establecen que si varios equipos ofrecen el monto máximo de 20 millones, entonces el jugador podrá negociar con todos ellos como si fuera un agente libre. Esto, sin duda, representa un avance en comparación al pasado.

Teniendo esto en cuenta, tratamos de explicarle a Marcano que la imposición de un límite máximo a la subasta representa un cambio mínimo con respecto al pasado, porque antes el club japonés tampoco tenía ni voz ni voto en relación al monto que podía recibir por el jugador sino que siempre estuvo a la merced de lo que ofreciesen los conjuntos de la Gran Carpa.

Técnicamente, bajos las reglas anteriores, todos los equipos de MLB interesados en Yu Darvish hubiesen podido ponerse de acuerdo en ofrecer un millón de dólares por sus derechos y su equipo en Japón, los Luchadores de Nippon Ham, hubiese tenido que dejarlo ir por esa cantidad si éste hubiese llegado a un acuerdo contractual con cualquiera de ellos. De hecho, esa posibilidad todavía existe bajo el nuevo reglamento que se ha propuesto.

El BÉISBOL JAPONES EN ESPAÑOL

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Primero, una nota histórica. El béisbol se ha estado jugando en Japón desde 1870, cuando un profesor estadounidense lo introdujo mientras enseñaba allá. El deporte ganó de inmediato mucha popularidad porque representaba una actividad física que podía desarrollarse siguiendo las mismas reglas filosóficas de las artes marciales o el bushido (el código del samurai).

Como tal, fue considerado pronto como una actividad que purificaba el espíritu y la sola idea de practicarlo por dinero, es decir, profesionalmente, era considerada como un sacrilegio. Es por esto que el béisbol profesional en el país no comenzó sino hasta 1936.
A pesar de que la pelota profesional se convirtió luego en la liga deportiva más seguida y exitosa de Japón, todavía hoy el torneo de béisbol más popular del país no es el de la NPB o la Serie de Japón, sino el Torneo Anual de Escuelas Secundarias que se disputa en agosto en el famoso Estadio Koshien.

En él, jóvenes de entre 16 y 18 años provenientes de diversos liceos de todo el país se enfrentan entre sí durante tres semanas en un campeonato que recibe una extensiva cobertura televisiva y mediática y que hasta las amas de casa se sientan a ver con una pasión que nunca muestran por la liga profesional.

La idea es la misma de antaño: ver la pureza de unos jóvenes que dan todo lo que tienen sobre el terreno no por dinero, sino por la gloria de ganar un torneo que es considerado casi sagrado. La popularidad del campeonato, que se ha estado disputando desde 1915, es tan grande que los Tigres de Hanshin, que tienen como sede el Estadio Koshien, son literalmente expulsados de su casa durante las tres semanas que dura el evento.

Segundo, está la manera en que están organizados los equipos profesionales. En Japón, los clubes representan una división más de la compañía a la que pertenecen y su objetivo principal no es ganar títulos ni generar dinero, sino hacerle publicidad a su dueño.

Ganar títulos y hacer dinero es importante, por supuesto, pero esas son metas secundarias comparadas con la primera. Es decir, las empresas ven la inversión en sus equipos de béisbol de la misma manera que ven sus inversiones publicitarias: no esperan que ese dinero les genere más dinero sino que les ayude a exaltar su imagen.

Es por esto que los Gigantes de Yomiuri se llaman así y no Gigantes de Tokio o de cualquiera otra ciudad, como ocurre en occidente. Yomiuri es uno de los conglomerados mediáticos más poderosos del país y debe su nombre al Diario Yomiuri, uno de los más influyentes del archipiélago y el de mayor circulación del mundo.  Ocurre lo mismo con Hanshin (una línea privada de trenes de pasajeros y tiendas por departamento), Nippon Ham (una compañía procesadora de alimentos como jamón y salchichas), los Marinos de Lotte (una compañía que produce golosinas, como goma de mascar) y el resto de los clubes del país, con la excepción de los Carpas de Hiroshima, cuyos dueños son, conjuntamente, la familia Matsuda y los habitantes de esa ciudad.Debido a esto, los clubes japoneses no son empresas independientes cuyo principal objetivo es producir dinero como sus pares de las Grandes Ligas, sino unos departamentos de más o menos baja categoría que funcionan con el presupuesto que les asignan las compañías a las que pertenecen y no con el dinero que ellos mismos son capaces de producir.

Adicionalmente, la mayoría de los miembros de la gerencia de esos clubes, que son asignados a sus puestos por los altos jefes de la compañía matriz, no saben nada de béisbol, por lo que es muy común que hagan movimientos que desafíen toda lógica y que tomen decisiones realmente embarazosas.

Por si esto fuera poco, casi todos los clubes juegan en estadios alquilados, lo que limita sus posibles ingresos, y tienen un límite para el número de extranjeros que pueden contratar, por lo que incluso si tuviesen dinero para invertir no es mucho lo que pudiesen comprar.

Para colmo, existe la gran paradoja de que los 12 clubes profesionales japoneses no saben o no quieren trabajar en equipo, por lo que son ellos los que dirigen inconsistentemente a la NPB y no es ésta la que indica el camino a seguir, como ocurre en los Estados Unidos.
Resulta increíble que en una cultura en la que el individualismo es reprimido en beneficio del bienestar común y en donde trabajar en equipo es la única receta que garantiza el éxito de una compañía, el béisbol profesional continúe siendo tan tercamente egoísta y opuesto a ponerse de acuerdo entre sí para salir adelante.

Como resultado, a pesar de que la pelota organizada es una industria que genera más de mil millones de dólares al año, 10 de sus 12 equipos registran pérdidas todos los años y la NPB, como organismo, también. Las únicas excepciones son los Gigantes de Yomiuri, que es el equipo más popular y exitoso del país, y sus archirrivales los Tigres de Hanshin, que son el conjunto más seguido del área de Kansai, al suroeste de la nación.

EL MÁS PURO AMOR POR LA PELOTA

Por esto es que nos atrevemos a afirmar que el béisbol japonés sobrevive gracias al amor. Al amor puro y ciego de sus fanáticos, que siguen pagando por verlo (Hanshin llena su estadio incluso cuando está en último lugar y ya eliminado); de sus jugadores y entrenadores, que siguen trabajando a pesar de estar, en muchos casos, muy mal pagados (hay jugadores con contratos de 43 mil dólares al año); y de las compañías que los administran, que a pesar de estar perdiendo dinero al mantenerlos en sus nóminas les siguen asignando el mejor presupuesto que puedan para que sigan compitiendo.

Esta es la razón por la que, en nuestra discusión con Marcano en relación al nuevo Sistema de Traspasos, afirmamos que el dinero no es una prioridad para los conjuntos japoneses, porque pase lo que pase ellos igual recibirán un presupuesto para trabajar de parte de sus compañías.

De hecho, los fondos que reciben luego de vender a un jugador a un club de las Grandes Ligas no se quedan necesariamente en manos del equipo, sino que van a parar a las arcas de la compañía matriz, que es la que, al final, maneja las finanzas del equipo.

Los Leones de Seibu sí lograron hacer varias remodelaciones a su estadio luego de vender a Matsuzaka por 51 millones de dólares a Boston, pero Nippon Ham no parece haber podido hacer mucho con los 51 millones que recibió de Texas por Darvish, ya que no ha hecho grandes contrataciones desde entonces ni tampoco ha remodelado su estadio.

Si los clubes japoneses funcionasen como los norteamericanos, Rakuten estaría en posición de ponerle un precio a Tanaka e incluso de cajearlo por otro u otros jugadores. Podría entonces decirle a los Yanquis de Nueva York: “ok, te vendo a Tanaka, pero dame a cambio a CC Sabathia, Mark Teixeira o 5 buenos prospectos”.

Si ese fuese el caso, entonces no haría falta un Sistema de Traspasos, cada club nipón negociaría libremente con sus pares norteamericanos e intercambiarían peloteros con frecuencia y harían negocios escandalosos, como firmar a un pelotero por 10 años y 250 millones de dólares, o incluso más. Pero como ya hemos visto, así no funcionan las cosas en Japón y por eso es que existe el Sistema de Traspasos y que la NPB le ha dado el visto bueno a las nuevas reglas, a pesar de que violan el derecho al libre mercado, como bien lo indica Marcano.

Existen un montón de maneras de establecer de un Sistema de Traspasos que sea beneficioso para las tres partes involucradas. Por ejemplo, si los clubes de MLB estaban preocupados por el alto costo de los derechos de negociación (algo de lo que sólo ellos son culpables), eso hubiese podido resolverse haciendo la subasta pública y no en secreto, como se hizo hasta el año pasado.

Lo ideal es que los equipos nipones funcionasen independientemente como los de las Grandes Ligas y tuviesen la libertad de negociar sin ningún tipo de límites, pero repetimos, ese no es el caso y parece difícil que la situación cambie en el futuro, por lo que hay que trabajar con lo que se tiene.

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