En medio de grandes contrastes se desarrolla el Mundial de fútbol Brasil 2014. Por un lado turistas y propios disfrutan intensamente todo el cronograma de partidos, que se jugarán en 12 estadios distintos, y por otro lado, un número importante de manifestantes alza su voz de protesta para gritarle al mundo su descontento por la realización de este magno evento en este país sudamericano, donde según estudios publicados, a pesar de su crecimiento económico, la pirámide socioeconómica se ensancha en los extremos porque crecen de igual forma los ricos como los pobres.

economia-semanario-18

Lo cierto es que, pese a todas las críticas y las protestas que se han protagonizado desde el año 2013 cuando se realizó la Copa Confederaciones, el gobierno de Brasil invirtió al menos 11,5 mil millones de dólares en infraestructura y la construcción de estadios, “lo que lo convierte en el torneo de este tipo más caro de la historia”.

Pero, realmente vale la pena la inversión, se preguntan algunos críticos preocupados por los 40 millones de personas que siguen viviendo en la pobreza, y que representa 18,6 por ciento de su población, según lo denunció recientemente la ONG Manos Unidas.
Para el profesor de Deporte, Estrategia Comercial y Marketing en la Universidad de Coventry (Gran Bretaña), Simon Chadwick, “el valor de la Copa del Mundo” es distinto para todos los involucrados en el evento.

Explica que para la FIFA, por ejemplo, “es una importante fuente de ingresos y una bonanza comercial”, mientras el habitante de una favela de Río, “podría verlo como un malgasto de fondos, dinero que debería haberse destinado a vivienda, transporte público y programas de bienestar social”.

Chadwick, quien es considerado el “gurú” de la gestión del deporte en Gran Bretaña, asegura que el evento de la FIFA “aportaría unos 3,7 millones de turistas adicionales al país, cada uno de los cuales gastarán un promedio de 2.488 dólares”.

Sin embargo, continúa explicando, el costo estimado de los estadios se triplicó hasta llegar a los 3,68 mil millones de dólares.
Sumado a esto, las protestas realizadas durante la Copa Confederaciones el año pasado, obligaron al gobierno brasileño a hacer gastos adicionales para reforzar la seguridad nacional, hasta sumar unos 855 millones de dólares.

“Ya sean habitantes de las favelas, pasajeros de bus o manifestantes en contra de la Copa del Mundo, está claro que muchos brasileños creen que el torneo no vale la pena”, dijo Simon Chadwick en un artículo publicado en el sitio web de La Gran Época.

De hecho, según los resultados de una encuesta realizada por Pew Research Center, 72% de los brasileros dice estar “descontento” por la celebración de la Copa del Mundo en su país.

De acuerdo al estudio, seis de cada 10 encuestados opinan que ser sede del Mundial es malo para Brasil. Piensan que “los miles de millones de dólares gastados en el torneo serían mejor invertidos en servicios como la salud, escuelas y transporte público”.

Descontento y protestas

Según un estudio realizado por investigadores de la Universidad de Vanderbilt (Estados Unidos), Mason Moseley y Matthew Layton, entre las razones que motivan a los brasileros a la protesta se pueden nombrar la insatisfacción con los servicios públicos, los altos impuestos (36% del PIB del país), el descontento con el sistema político, con sus dirigentes y la corrupción del sistema.

-La gigantesca inversión hecha para el Mundial acrecentó los descontentos. La FIFA exige 8 estadios de la mayor calidad para albergar los 64 partidos, pero Brasil quiso ir más allá y ofreció 12. Eso no sólo implicó acondicionar 4 canchas más de lo necesario, también significó preparar otras 4 ciudades, lo que aumentó los gastos de infraestructura. 5 estadios fueron construidos, incluyendo el Mené Garrincha, en Brasilia, donde fue abucheada Rousseff en 2013. Con un costo de 601,5 millones de dólares, este recinto de fútbol se convirtió en el tercero más caro del mundo, dice el estudio.

Y mientras más críticas y denuncias se hacen sobre el tema, el descontento sigue en ascenso, y las protestas podrían hacerse sentir en las 12 ciudades donde se desarrollará la Copa del Mundo. En el mes de mayo, el periodista Jamil Chade presentó su libro “La Copa tal como es”, en el que asegura que “el costo total asciende a 17,5 millardos de dólares, más que el gasto de Alemania 2006 y Sudáfrica 2010 juntos”; al tiempo que advierte que “fue una mentira que la inversión se haría con dinero privado y público. ‘De cada 9 dólares, 8 fueron pagados por el gobierno. Esta es una de las grandes traiciones a la Copa’”.

Expertos aseguran que el dinero invertido en la realización del mundial “habría sido suficiente para construir 8,000 nuevas escuelas y hasta 28,000 canchas deportivas en todo el país”.

Iván Pérez, editor de la sección deportiva del periódico El Economista, explica que “el negocio del Mundial ha crecido desmesuradamente. El dinero que se mueve en este tipo de eventos ha aumentado en 400 o 500%”. Sin embargo, asegura que no necesariamente el país organizador del evento recibe grandes beneficios y ese es el riesgo que corre.

Puso como ejemplo países como Grecia y Portugal que organizaron unos juegos olímpicos y una Eurocopa, respectivamente, y “tuvieron crisis económicas graves sólo unos años después de haber invertido en grandes torneos que, al parecer, no entregaron los resultados financieros que se esperaban”.

Pérez señala que los porcentajes de inversión “se equilibran entre los aportes gubernamentales y el gasto de la iniciativa privada, pero en el caso de Brasil el grueso del presupuesto para la construcción y remodelación de estadios corrió a cargo del gobierno brasileño, mientras que los recursos privados se centraron en el sector hotelero”.

Una posición distinta manifestó el economista jefe del Banco Itaú Unibanco de Brasil, Illan Goldfajn, quien presentó un estudio en el que asegura que “el Mundial podría tener un impacto positivo de 1.5 puntos porcentuales en el PIB del país sudamericano en los próximos dos años, pues generaría la creación de al menos 250,000 empleos directos.

Así que a los brasileños sólo les queda disfrutar del evento y esperar cuáles serán los beneficios de haber hecho una gran inversión en la organización de la Copa del Mundo.

Promesas incumplidas

Cuando el gobierno brasileño presentó su plan de organización para la Copa del Mundo, se comprometió a desarrollar grandes obras en todas las ciudades involucradas en el evento. Hoy, a una semana de haberse iniciado el torneo los brasileños ven con decepción que muchas obras quedaron en papel.

Tal es el caso de Natal, donde construirían “una red de ferrocarriles ligeros, un nuevo hospital, remozar el paseo marítimo y construir accesos para personas en sillas de rueda en toda la ciudad”. En realidad sólo se hizo el estadio y un aeropuerto.

En el ámbito nacional apenas 36 de los 93 grandes proyectos, o 39 por ciento de las obras prometidas, fueron concluidos, según un estudio de Sinaenco, un sindicato de ingenieros y arquitectos en Sao Paulo.

“Un tren bala de 16,000 millones de dólares para conectar Río de Janeiro y Sao Paulo, por ejemplo, nunca salió de los planos. (…) Y un tren de pasajeros de 700 millones de dólares en la ciudad agrícola de Cuaibá sólo estará listo mucho después del Mundial”.

Gobierno se defiende

Por su parte, voceros del gobierno brasileño aseguran que la inversión social en el país no se ha reducido por el Mundial, pues según sus cifras, por lo menos 366,9 millardos de dólares se han invertido en educación y salud desde 2010. “100 veces más de lo gastado en estadios”.

Además, esperan recibir ingresos de unos 13,3 millardos de dólares con lo que recuperarían parte de la inversión.

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here