La crisis de la deuda soberana en Grecia, también conocida como la depresión griega, se inició a finales de 2009, como una de las primeras cuatro crisis de deuda soberana en la zona euro, conocida más adelante como la crisis de deuda europea. En general se sostiene que fue provocada por la turbulencia generada por la gran recesión, pero que la causa raíz para su erupción fue una combinación de debilidades estructurales en la economía griega, junto con la preexistencia por más de una década de elevados niveles de deuda y déficits estructurales a niveles de PIB con respecto a las cuentas públicas griegas. A finales de 2009, los temores de incumplimiento en los pagos de la deuda soberana se esparcieron entre los inversores, que veían difícil la capacidad de que el gobierno griego cumpliera con sus obligaciones, dado el sostenido crecimiento en niveles de deuda junto con existencia continuada de déficits estructurales altos. Esto llevó a una crisis de confianza, el desplome de los bonos griegos y su descalificación de riesgo en comparación con los otros países de la zona euro, Alemania en particular.

Grecia se convirtió así en el primer país europeo en solicitar ayuda externa, comenzando así un largo calvario de desequilibrio económico y financiero. Al poco tiempo fue seguida por Irlanda y Portugal. A pesar de los recortes presupuestarios, la deuda continuó aumentando, debido principalmente a que las medidas de austeridad provocaron una depresión económica con tasas de crecimiento negativo del PIB de hasta dos cifras, que hundieron la recaudación fiscal. Asimismo, se incrementaron consecutivamente las partidas presupuestarias para el servicio de la deuda pública, con intereses cada vez más elevados y endurecimiento de los términos de crédito sobre la deuda soberana griega. Para evitar nuevamente la suspensión de pagos, el gobierno griego se vio obligado a pedir un segundo rescate en el verano de 2011, iniciando un ciclo de financiamiento, deuda y crisis económica con altos costos políticos internos, severas complicaciones sociales y resquebrajamiento del bloque europeo en torno a cómo abordar la situación.

Posiciones de los países

•Alemania: La posición alemana ha sido ayudar a Grecia mediante rescates financieros que tendría que pagar a largo plazo. Para 2011 se dio inicio al segundo rescate, sin ver atisbo de mejora en la situación económica de Grecia. Alemania se ha mantenido siempre de acuerdo de mantener en el euro al país heleno, pero en 2012 esta confianza empezó a decaer, hasta el punto de saltar el rumor que Angela Merkel habría intentado persuadir a Atenas de convocar un referéndum para votar si Grecia debía permanecer en el euro o irse.

•Austria: El gobierno de Austria cree que declarar Grecia en quiebra puede ser mejor que pagar costosos rescates que arrastren a otras economías europeas.

•Finlandia: El gobierno finés ha sido el primero en mostrarse reticente para seguir pagando rescates a otros países.

•Francia: El gobierno francés defiende la posición alemana, pero también estaría dispuesto a negociar la suspensión de pagos griega.

Posiciones de otras instituciones

•El Fondo Monetario Internacional amenazó el 20 de septiembre de 2011 a Grecia con dejarla caer sino acelera las reformas para reducir su déficit. El 8 de enero de 2012 saltó la noticia de que el FMI habría perdido la esperanza de que Grecia pudiera pagar su deuda, debido a los escasos avances que ha producido su plan de rescate y la privatización de los servicios públicos.

•Las agencias crediticias han ido rebajando la calificación de la deuda soberana griega de forma continua. El 3 de marzo de 2012 la agencia Standard & Poor’s bajó la calificación a “C”, lo que implica quiebra selectiva, el paso previo a la bancarrota.

La actualidad griega

El afán de las actuales negociaciones sobre la deuda griega se ha centrado en lograr lo que se ha llamado un acuerdo técnico.

Grecia ha puesto encima de la mesa la necesidad de hablar de la deuda y de la financiación, con propuestas como que el Mecanismo de Estabilidad asumiera los bonos en manos del BCE, pero las instituciones consideran que antes de abordar esa cuestión hay que lograr un acuerdo a nivel técnico, según fuentes del Gobierno griego.

Incluso el FMI, que se ha mostrado más abierto a arreglar la sostenibilidad de la deuda de Grecia, no estaría apoyando a Atenas en este aspecto, señalaron las fuentes gubernamentales griegas.

El Gobierno de Alexis Tsipras inició su gestión con una posición firme ante la situación del endeudamiento, incluso haciendo cuentas de fondos e interés que les adeudan bancos y Estados de la UE. Sin embargo, su posición ha tendido a debilitarse ante la fortaleza política y económica de sus principales acreedores, liderados por Alemania.

Avances del restace

El plan de rescate otorgado el año pasado estipulaba que en 2012 Grecia debía captar en los mercados la mitad de los recursos que necesitaba y el 100% para 2013, pero la Unión Europea ha asumido que Grecia no estará en condiciones de captar recursos en los mercados internacionales a inicios de 2012 y que, por tanto, habrá que llevar a cabo un segundo plan de austeridad.

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