Veintinueve días del mes de febrero están por terminarse ya. Veintinueve días llenos de lo que se puede llamar el fenómeno económico. Tan profundo y complejo que termina siendo misteriosamente apacible. Sigiloso, se torna devastador para unos, pero afortunadamente oportuno para otros. Y es que según se vea, los efectos de la situación económica nacional dan para todo.

Por un lado el precio del desabastecimiento. Un verdadero espectáculo de guerra en medio de un esplendoroso sol caribeño y dentro de un marco de libertades, derechos y deberes ajenos a momentos bélicos. Y es por eso que se dan las más inverosímiles situaciones que terminan en el bachaqueo, en el negocio turbio que se apoya en la supuesta necesidad personal para explotar la necesidad del otro. Pueblo dañándose a sí mismo.

Las siete horas de espera para hacerse de una ración de “algo”, terminan abultando las improvisadas despensas necesarias para la acumulación, porque no hay forma de elegir lo que realmente se requiere. Se compra lo que sea, no importa, y en las cantidades que sea, no importa tampoco. Porque lo que no se come se vende, y muy bien.

Atrás de este escenario diario, están las variables económicas brincando en distorsiones. La oferta de bienes insuficiente, la demanda insaciable, los ingresos escasos pero disponibles en cantidades exorbitantes para asistir a un mercado sin saber cuánto se gastará. Los patrones de consumo y de comercialización completamente alterados.

El fenómeno económico en su esplendor

Pero da para más: el precio del trabajo. Una población joven, activa, económicamente productiva que se debate entre la búsqueda de opciones. ¿Cuál es la utilidad real de la profesionalización, de la formación técnica? ¿Cuánto vale la estabilidad del trabajo formal ante la compra y venta de algo que puede dejar diez veces más?

Atrás de esto, el tema productivo. ¿Cómo se produce sin trabajo, sin profesionales, sin técnicos? Fenómeno económico

Dentro de todo, febrero nos deja algunas medidas para la solución a la situación nacional. Gasolina, salarios, reuniones, planes en formulación, gente atendiendo ese tema, algunos tantos desatendiendo otros. En fin, algo se está haciendo, aunque no sepamos bien qué.

Tal vez no puede ser de otra forma. Pues encaja perfectamente en nuestro fenómeno económico, lleno de contradicciones. En el que la crisis genera mucho para unos y la molestia de otros es no poder hacer lo mismo. Sentir que se está pasando el momento del gran negocio que lo pondrá en la zona segura de la situación, donde no será afectado.

Cada quién evalúe y saque sus conclusiones. Y es que según se vea, los efectos de la situación económica nacional dan para todo. Para hacer y deshacer.

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