Once son los motores sobre los cuales se pretende impulsar el desarrollo de la economía nacional para convertir, en algún lapso de tiempo, a Venezuela en una potencia.

Potencia que sea capaz de autoabastecerse y de abastecer a los demás. Así mismo líder en el ámbito productivo, no sólo petrolero sino petroquímico e industrial.

Todo esto forma parte del contexto en el que se lanza la segunda gran ofensiva económica, destinada a controlar los precios, incrementar la producción, resolver el desabastecimiento, cancelar las deudas pendientes, recuperar las reservas internacionales a la par que se encienden los 11 motores responsables del desarrollo del país.
Planificar es soñar, siempre se ha dicho.

Pero en la realidad, ¿Sobre cuáles bases se monta un plan como este? ¿Con quién se cuenta para ello? ¿Cuánto cuesta y cómo se financia?

Los asuntos económicos se menospreciaron durante mucho tiempo y está pasando factura. El país se dio el lujo de perder veintitrés mil millones de dólares en adjudicaciones e irregularidades del sistema cambiario. Y nada pasó.

De igual manera la cantidad de proyectos financiados y resultaron fallidos o lo que es peor nunca culminados. La inversión realizada en el sector agrícola ha debido dar frutos hace años. Pero nada pasa.

¿Cómo se entiende la cuantiosa deuda con proveedores internacionales? ¿Por qué no se pago nada de eso? ¿Quién decidió esa forma de gerenciar debiéndole a todo el mundo?

¿Están dispuestos los chinos, rusos, biulorusos o iraníes a respaldar esta nueva ofensiva después de lo turbio del manejo de sus fondos y proyectos? Es posible que se les diga que esta vez si es en serio, con la misma ligereza con la que se dice que el dinero de las reservas que respalda nuestra moneda “entra y sale” como puede pensar cualquier cajero de banco.

Pués la realidad es que el dinero ya entró y también salió. Es igualmente cierto que los aliados estuvieron y se desperdiciaron. Que el momento se dio y se dejó pasar. Nunca se pensó en desarrollo o por lo menos no se trabajó para ello.
Hoy toca recoger los vidrios rotos y con humildad comenzar a reconstruir. De lo contrario seguiremos “entrando y saliendo”, cortándonos repetidas veces con los mismos vidrios.

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