Mientras el Gobierno venezolano –a través de la Superintendencia para la Defensa de los Derechos Socioeconómicos (SUNDDE)- fija los precios regulados de los vehículos 0 Km que se ofertan en el país, crece la incertidumbre entre un considerable número de personas que se sienten “víctimas” por las infructuosas gestiones para la adquisición de estos automotores y han catalogado el proceso como una “odisea” que inicia con la ausencia de éstos en los concesionarios.

“Una realidad que para nadie es un secreto” según lo afirma el entrevistado Oscar Buznego, usuario que inicia sus declaraciones al equipo reporteril de El Semanario comentando: “basta con pasearse por los alrededores de una de estas agencias de vehículos para percatarse de la precaria situación. Este rubro parece no escapar a la crisis económica y escasez que en los últimos años se ha apoderado de nuestra nación, no entendiendo a qué le aplicarán el llamado precio justo”.

Para el entrevistado “la existencia de los carros no está garantizada en los concesionarios. El proceso de compra que, cuando mucho, se llevaba un mes (tras el cumplimiento de papeleos básicos como la entrega de la proforma o el crédito) en la actualidad, ni siquiera, se intenta. Múltiples son las excusas y los protocolos a los que somos sometidos los compradores quienes, finalmente, no encontramos otra opción más que tirar la toalla y seguir a pie nuestro camino”.

Decisión difícil sobre todo para aquellos que decidieron vender su carro por una mejor opción que nunca llegó, por cuanto Buznego se atreve a afirmar “es peor el remedio que la enfermedad”, lamentando haber vendido el Kía Río del año 2008 que por un tiempo significativo se convirtió en su herramienta de trabajo. Considera que “si bien a la fecha no tendría un último modelo, dispondría de un carro propio que me sacaría la pata del barro”.

Dicho esto, es preciso compartir la opinión de Darvi Castellanos, profesional del volante, que aún aquejado por la lejana posibilidad de comprar un carro de agencia, difiere de la posición de Buznego y explica que “en el caso de los taxistas: no cuenta mucho esa tesis de que mejor algo que nada; el servicio que prestamos debe ser óptimo, pero, desafortunadamente, se ve afectado cuando el automotor rueda cierto kilometraje”. A su juicio “se debe cambiar el carro aproximadamente cada 200 mil kilómetros” pues “a partir de allí no hay mucho que hacer; las fallas son cada vez más recurrentes y caemos en la misma con la compra de los repuestos, también desaparecidos”.

“¿Y la especulación, será regulada?”

Así pues, agrega Castellanos, “la especulación comienza a hacer de las suyas. Los repuestos ausentes en los concesionarios se consiguen por las nubes en negocios paralelos, y el integrante de la lista de espera que será beneficiado cuando, por fin, llegue un vehículo al concesionario será –única y exclusivamente- aquel dispuesto a pagar la llamada y cada vez más exorbitante vacuna; esa que en los últimos meses se traduce en 80 y hasta 90% del valor del 0km, sin contar, que este negocio redondo solo se concretará con “la fulana palanca”, surgiendo una interrogante: “¿y la especulación, será regulada?”

El entrevistado espera que el gobierno nacional “meta la lupa a la especulación que atenta y seguirá atentando contra cualquier regulación de precios”, Castellanos aprovecha la oportunidad para alertar sobre otra irregularidad. Aquella “protagonizada por los sindicalistas de las ensambladoras quienes además de contribuir con la disminución en la producción de los vehículos (mal valiéndose de las normas previstas por el Instituto Nacional de Prevención, Salud y Seguridad Laborales), se han dado a la tarea de revender a precios descomunales el carro anual que tienen a su alcance como parte de un beneficio laboral”.

Causas de la desaparición

Tras lo antes descrito y aprovechando que el taxista consultado menciona una disminución en la fabricación de automóviles, es oportuno recordar que de acuerdo a las últimas cifras suministradas por la Cámara Automotriz de Venezuela (CAVENEZ) “la producción sufrió una caída de 76% sólo durante el primer trimestre de 2014, en comparación con el mismo periodo del año pasado (…) durante los primeros tres meses de este año se ensamblaron tres mil 424 unidades; 10 mil 892 menos que en un lapso similar de 2013, cuando se contabilizaron 14 mil 316”.

De manera que la causa de ausencia de carros en los comercios radicaría en la reducción de las operaciones que enfrenta la industria automotriz venezolana, y muchas ensambladoras la atribuyen a la falta de divisas para importar insumos y materias primas; afirman que el Gobierno tendría una deuda con el sector automotor, estimada en cinco mil millones de dólares, por concepto de divisas liquidadas a través del eliminado Cadivi.

¿Qué se avecina?

Dudosos de lo que realmente se avecina en materia automotriz, los ciudadanos antes citados coincidieron en manifestar que lo conveniente será “esperar”; esperar el proceso de regulación que en el país empezó con diez modelos que incluyen autos, camionetas y camiones comercializados por la marca Mitsubishi Motors Company (MMC); la SUNDDE fijó precios que van desde Bs. 403 mil 372 hasta Bs. 913 mil 998, según las características y especificaciones de cada unidad (en el marco de la Ley Orgánica de Precios Justos que creó el presidente Maduro y está vigente desde el 24 de enero del año en curso)

Al cierre de esta edición, aún estaba pendiente la publicación de los montos de venta de unos 48 modelos de vehículos de otras diez marcas como la Chevrolet y Ford. Entre tanto, los precios regulados de los vehículos ensamblados por la marca Chrysler fueron publicados el lunes 5 de mayo, en la página web de la Superintendencia Nacional para la Defensa de los Derechos Socio Económicos. Los anuncios de este tipo continuarán, en el marco de las medidas que el presidente Nicolás Maduro ha llamado la “ofensiva económica” que surge tras la necesidad de ofrecer al venezolano “precios justos”.

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