Existen diversas versiones del porqué el venezolano actúa o basa su comportamiento violento en sus costumbres, sus experiencias y formación; muchas de estas apuntan a que los venezolanos sufren una degeneración o mutación conductual gracias a la influencia de la TV y otros medios de comunicación, que a diario muestran una cruda realidad, calando dentro de nuestros hogares.

Es por eso que en nuestra entrevista de la semana buscamos la opinión de la profesora Maryclen Stelling, socióloga, investigadora, especialista y amplia conocedora de la influencia que los medios de comunicación ejercen sobre los venezolanos.

¿Cuál es la influencia que ejercen los medios de comunicación en una sociedad?

Los medios en tanto mediaciones entre la realidad y las audiencias constituyen una reconstrucción de la realidad. Entre los medios y el público se interponen factores personales y ambientales que afectan la percepción de los contenidos y mensajes. Sin embargo, el público no es una audiencia pasiva, acrítica a merced de los contenidos mediáticos.

En un contexto altamente polarizado, y con unos medios de comunicación profundamente imbricados en la confrontación política, donde la información se encuentra al servicio de una u otra parcialidad política, resulta casi imposible conciliar la función de información de los MCS con el rol político beligerante que desempeñan en la Venezuela actual… Corremos el peligro de que esta situación se convierta en una suerte de ideal informativo.

Usted ha afirmado que no necesariamente un niño que está ocho horas viendo televisión, se convertirá en alguien violento, porque no hay relación entre la violencia reseñada por las novelas y la violencia en la sociedad. Si no es la TV la principal causante de los hechos de violencia e inseguridad, ¿en qué cree usted que se basa el gobierno para afirmar lo contrario?

Es pertinente destacar que entendemos por violencia “todo tipo de acción que resulte en daño serio para la vida o sus condiciones materiales, incluso tomando en cuenta el aspecto indirecto del fenómeno” como lo señala Muniz Sodré (periodista y sociólogo brasileño), violencia es entonces cualquier acción contra una persona o colectivo utilizando la fuerza o intimidación.

La violencia puede ser entonces de carácter activa o pasiva. La segunda es aquella que sin expresar grados de fuerza, somete al otro a la voluntad del dominador con la intención clara de colocarse en situación de dominio; coloca al otro en situación desventajosa sin poder librarse de la manipulación, al disminuir su capacidad de actuar o decidir.

Ello nos lleva a la definición la violencia que se ejerce desde los medios de comunicación: “Aquella referencia que se haga de manera directa o indirecta, explícita o implícita para alterar, desestabilizar, someter, engañar, manipular intencionalmente a un individuo o grupo de personas”. Y cuando los miedos entran a formar parte constitutiva de los procesos de comunicación y cuando los recursos de la comunicación se utilizan para generar situaciones de miedo y hasta de terror, nos enfrentamos con el terrorismo mediático.

¿Cuál es la real influencia que ejercen los medios?, ¿Se puede acusar a la TV de ser la principal causa de la hechos violencia e inseguridad?

Si la intención es llamar a la responsabilidad social plena de los medios, si el propósito es abordar la violencia en los medios, es imperante no limitarse a los contenidos televisivos. Obligante abordar la generación noticiosa, dado que los medios “no sólo median entre la realidad social”, son a la vez “protagonistas de tal mediación gracias a la selección que realizan para tratar un tema noticioso”.

En el caso de los niños tales mediaciones serían: la estructura familiar, la estructura afectiva, los patrones de comunicación imperantes (como por ejemplo lectura crítica de los MCS), nivel económico y educativo; actividades deportivas, música, etc. Contexto ambiental (por ej., subcultura de la violencia, roles modelos, familiarización con armas, dinero producto de actos delictivos)

¿Por qué cree usted que la violencia ha llegado a límites lamentables, por ejemplo el caso de niños de 12 y 14 años de edad que asesinaron cruelmente a dos sacerdotes en Valencia?

Habría que analizar las circunstancias personales y familiares de esas personas: situación familiar, nivel educativo, contexto ambiental, etc.

Si los contenidos violentos no son los únicos generadores de violencia, ¿qué factores la generan?

No existe un criterio universal de la violencia, cada sociedad tiene los suyos propios. Recordemos que la violencia no es innata, no es congénita, ni inherente a una sociedad.

¿Qué ocurre con el papel de las familias, primer núcleo formador de ciudadanos? ¿Es que ya no inculcan valores de respeto, honestidad, solidaridad a los niños? Por ejemplo, ¿Por qué debe ser el gobierno el que regule la salida de los menores de edad solos después de las 9 p.m. y no sean los padres los que se encarguen de formar a sus hijos?

La familia y la escuela son agente de socialización primaria mientras que, en teoría, los medios son agentes de socialización secundarios. Es función del Estado la regulación. El Estado debe además educar, comunicar valores a los fines de compartir con la escuela y la familia la formación de ciudadanos y ciudadanas. En muchos contextos familiares se ha hecho uso y costumbre delegar en la TV, ese “huésped alienante”, la labor cuidadora, educadora y formadora de sus niños y niñas. Lo ideal sería que la familia asumiera ese rol y, en ese sentido, el Estado debe abordar esa tarea desde la trilogía: educación, cultura y comunicación.

¿Cómo considera usted que influye el discurso político cotidiano en el tema de la violencia?

El discurso político no es inherente a los políticos. En la Venezuela actual la politización del discurso ha invadido todos los campos comunicacionales, educativos y culturales. Nos percibimos y comportamos como un país dividido en dos bloques, aparentemente irreconciliables. En este contexto, cada bloque persigue aniquilar al contrario en dos frentes de batalla: electoral y mediático; que yo he definido como “suerte de terreno simbólico de guerra donde los ejércitos, los medios de comunicación social, se confrontan a muerte y utilizan como arma de destrucción del contrario la información. Y en este último, se impone una guerra simbólica.”

El miedo y la violencia se han instaurado perversamente como parte constitutiva de los procesos de comunicación. Se ha desarrollado una suerte de solidaridad producto del miedo, que amplifica los efectos políticos del propio miedo, en una suerte de círculo vicioso.

¿Se requiere plan de seguridad o pacificación nacional?

La denominación Plan de pacificación, sugiere un país en guerra y una estrategia antibélica militarista y vertical. Creo que se requiere un proyecto de paz y convivencia que perseguiría desarrollar una cultura de paz cuyos pilares serían la cultura, la educación y la comunicación.

Desde la perspectiva de los medios ese plan debería abarcar la educación “en comunicación y para los medios” comprometida y consciente con miras a impulsar procesos de transformación social. Suerte de alfabetización mediática que comprende: desarrollar la capacidad de analizar críticamente los medios, al igual que la capacidad de reflexión sobre los contenidos y, además, desarrollar criterios comprensivos y flexibles de la realidad mediática, que reduzcan la pasividad.

¿Cuál es su mensaje para todos los comunicadores que tenemos, sin duda alguna, una labor social con nuestro país?

Los medios de comunicación en Venezuela se han ido imbricando cada vez más en el entramado del poder político, al punto de establecerse como actores centrales y cambiar las relaciones tradicionales entre el poder político, los propios medios de comunicación y el resto de los actores socio-políticos. Devenidos en actores políticos, los profesionales de la prensa forman parte de la crisis y representan la crisis. Es imperante que se abandone la mirada política de hechos y sucesos, que comprenda y asuma las repercusiones sociales y éticas de un ejercicio sesgado y subjetivo de su profesión. Que simple y llanamente se dediquen a ejercer su oficio apegados a la ética periodística.

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