Mucho se habla de la vocación de servicio como competencia que se espera del profesional que atiende a usuarios. Vocación se traduce en inclinación, disposición o propensión, y Servicio atiende a los conceptos de ayuda, beneficio, gracia o favor. Al unir estos conceptos se encuentra una actitud, esfuerzo o disposición de mostrar capacidades para ayudar a otros al facilitar el cumplimiento de un proceso o solicitud, y satisfacer una expectativa donde ambos queden agradados por el esfuerzo y el resultado obtenido con probidad, equidad y la solidaridad.

Esta vocación se refleja en la motivación, el interés y el compromiso por realizar una labor sin esperar percibir nada a cambio, demostrando empatía al ser capaces de calibrar las necesidad de atención, facilitando los procesos y actividades y adecuándose al tipo de usuario y sus contextos.
La presencia de una verdadera Vocación del Servicio se pone a prueba, al dejar de lado pasiones, banderas, idealismos y colores, para tratar al usuario con sentido de inclusión, respeto y ética como forma natural de convivencia en las más variadas actividades dentro de la organización. Así, cualquier usuario que solicite atención será tratado con los mismos protocolos independientemente del rango, nivel, raza, credo, edad o inclinación de su preferencia. Las personas con Vocación de Servicio demuestran una elevada moral, con sensibilidad social y espíritu generoso, que están dispuestas a servir a sus semejantes espontánea, proactivamente y desinteresadamente. Una sincera actitud de servicio ha superado barreras personales y sociales como la pereza y la comodidad; la vanidad, al no esperar agradecimiento y admiración; el orgullo, al no discriminar a las personas por su origen social o étnico; el servilismo, que exagera en atenciones a ciertas personas por su condición social, su posición laboral, su prestigio o su poder, para tratar de obtener de ellas contraprestaciones.

Este valor resalta la rectitud de intención, el respeto a la dignidad de la vida humana y la solidaridad los semejantes. Vocación de servicio es, entonces, darse de corazón, con buen humor y comprensión, dignificándose mutuamente Servidor y Usuario. Al respecto, resulta valioso el llamado de Gabriela Mistral: “Sé el que aparta la piedra del camino, el odio entre los corazones y las dificultades del problema”.

Cuando se acepta trabajar con usuarios, se acepta también el compromiso de administrar la prestación de un servicio de calidad. No estamos haciéndole ningún favor a nadie, sino garantizando la realización de los derechos de los usuarios, con un trato humano efectivo y eficiente, cordial y amable, que el servicio mismo se constituya en una forma de vida, en un proyecto ético con sensibilidad, compresión, paciencia, la capacidad de escucha, autocontrol y creatividad.

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