Podemos desarrollar el “optimismo aprendido“, controlando nuestros procesos de pensamiento en términos de cómo interpretamos habitualmente las cosas que nos suceden en la vida cotidiana.

Asumiendo que el optimismo es la tendencia a ver y juzgar las cosas considerando su aspecto más favorable cuando se nos presentan situaciones complicadas, adversas, con incertidumbre, y que posee beneficios varios; pareciese obvio tener la posibilidad de poseer esta disposición personal a ser alegre, ilusionado, esperanzado y efectivo, de modo que hoy les presento una síntesis de la propuesta del optimismo aprendido, desarrollada por Martin Seligman y sus colaboradores.

Seligman encontró que igual como podemos sucumbir a la indefensión aprendida, también podemos desarrollar el “optimismo aprendido“, controlando nuestros procesos de pensamiento en términos de cómo interpretamos habitualmente las cosas que nos suceden en la vida cotidiana. Al enfocarnos deliberadamente en los aspectos positivos de nuestras experiencias cotidianas, podemos desarrollar el optimismo, al establecer asociaciones positivas con el pasado, en lugar de negativas, tanto el optimismo como el pesimismo están producidos por un modo de pensar determinado y si logras cambiar ese modo de pensar, puedes aprender a ser más optimista.

Una de las estrategias más utilizadas la denominó ABC (por las iniciales en inglés de adversidad, creencia y consecuencia). Cuando se presenta una adversidad, reaccionamos pensando en ella; nuestras ideas se conectan o consolidan en las creencias automáticamente, éstas son tan habituales que con frecuencia son un punto ciego, hasta que les prestamos atención. Las creencias son causa directa de lo que sentimos y hacemos, pueden significar la diferencia entre el desaliento y la rendición, o el bienestar y la acción destructiva; de allí el tercer factor: las consecuencias. Cuando se tienen una pauta explicativa y creencia pesimista, se provoca la rendición.

La manera de ir adquiriendo pautas explicativas y creencias optimistas pasa por cortar ese círculo vicioso:

  • El primer paso es advertir, darnos cuenta de la conexión que existe en esta triple relación.
  • El segundo paso consiste es observar cómo funciona el ABC durante unos días de monitoreo. Es aconsejable llevar un diario por dos o tres días para registrar los ABC de algunos episodios rutinarios y otros espontáneos que puedan surgir en este chequeo.
  • Tercer paso: cuando haya registrado sus cinco experiencias, léalas muy cuidadosamente. Intente hallar el vínculo entre lo que haya creído y las consecuencias. Lo que entonces verá es que las explicaciones pesimistas provocan pasividad y desaliento, mientras que las explicaciones optimistas propician ánimo.
  • El cuarto paso es la toma de consciencia del impacto que posee la modificación de creencias negativas, presentes en usted, cuando ocurre un contratiempo o adversidad. Entonces las consecuencias cambian cuando se cuestionan y modifican las reacciones ante las arbitrariedades más rápido de lo que se cree.

Adicionalmente existen dos modos de tratar las creencias pesimistas, la distracción, pensar en otra cosa, y la discusión, debatir con efectividad sobre las creencias que siguen a la adversidad.

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