Germán Fleitas Núñez: La juventud venezolana nació al calor de doctrinas liberadoras y humanistas

“Ribas era un revolucionario”, asegura el historiador quien precisa, a 200 años de la Batalla de la Juventud, que el General en Jefe comprendió desde un principio que no bastaba con la independencia sino que hacía falta además una revolución.

Doscientos años nos separan de aquella extraordinaria epopeya registrada el 12 de febrero de 1814, cuyos elementos históricos parecen permanecer vigentes en los procesos de cambio y transformación por los que atraviesa Venezuela. Este Bicentenario nos hace recordar el coraje de héroes de la talla del General José Félix Ribas, Vicente Campo Elías, Mariano Montilla, Rivas Dávila. Pero también la valentía y la garra de esa juventud que apostó su vida y se enfrentó al más sangriento ejército defensor de la corona española hasta derrotarlo.

Germán Fleitas Núñez, miembro de la Academia Nacional de la Historia y Cronista de la ciudad de La Victoria, lugar donde se escenificó la cruenta batalla, asegura que aquel 12-F “se estremeció la tierra bajo el repiquetear de las caballerías de Ribas sobre cuyos lomos venía la Patria y por el repiquetear de las caballerías de Boves sobre cuyos lomos también venía la Patria”; y es que, según el entrevistado, lo primero que hay que saber sobre la gesta independentista es que no fue una guerra entre venezolanos y españoles, sino entre Patriotas y Realistas.

“En el ejército realista, los españoles eran muy pocos. De hecho, hubo españoles patriotas como Campo Elías y Villapol y hubo también caraqueños realistas como José Domingo Díaz. Por eso, en este Bicentenario de la Independencia hay que honrar la memoria y la garra de nuestros abuelos Patriotas y Realistas”, especificó, dando inicio, tras esta importante aclaratoria, al relato oficial de lo que fue la Batalla de la Juventud.

ÉRASE UNA VEZ…

ribas

“Cuenta la historia que Bolívar estaba en Valencia y Ribas en Caracas. El Teniente Coronel Mariano Montilla llevó a Ribas la orden de avanzar sobre La Victoria. El bravo guerrero que desempeñaba el cargo de Gobernador Militar de la Capital partió el 8 de febrero con un ejército integrado por jóvenes: estudiantes universitarios y del seminario, quienes habían recibido instrucción militar desde abril de 1811 en los patios de los colegios, organización en cuerpos y entrenamiento en el manejo de armas, aunque hay versiones que señalan que aprendieron a manejarlas por el camino”, explica Fleitas Núñez como si hubiese participado en aquella gesta.

Ribas y sus muchachos llegan a la ciudad y esperan al feroz enemigo que atacaría al amanecer del 12 de febrero. “Era día sábado”, acota el historiador. “Pero antes de comenzar la batalla, Ribas arenga a su tropa con palabras que han pasado a la historia como una oración de fortaleza y esperanza. Les dice: << Soldados: Lo que tanto hemos deseado va a realizarse hoy: he ahí a Boves. Cinco veces mayor es el ejército que trae a combatirnos; pero aún me parece escaso para disputarnos la victoria. Defendéis del furor de los tiranos la vida de vuestros hijos, el honor de vuestras esposas, el suelo de la patria; mostradles vuestra omnipotencia. En esta jornada que ha de ser memorable, ni aun podemos optar entre vencer o morir: necesario es vencer. ¡Viva la República!>>… La voz del fiero General debió de ahogarse entre el estruendo de la fusilería y los gritos, porque ya las avanzadas anunciaban la presencia del tirano”.

“Esta batalla ha sido descrita por los más eminentes historiadores militares, entre ellos: Francisco Javier Yánez, Feliciano Montenegro y Colón, Juan Vicente González, Eduardo Blanco y Héctor Bencomo Barrios. Sin embargo, en esta ocasión prefiero inclinarme por la descripción que hace el más confiable testigo: el propio general Ribas, en aquel Parte Oficial que dirige al Libertador una vez concluida la batalla. Dice que a las siete de la mañana le avisaron que el enemigo se acercaba con todas sus fuerzas de infantería y caballería, con más de 4 mil hombres. Ya a las ocho la avanzada rompió el fuego y media hora más tarde se había empeñado la acción con todas las tropas”.

“Ribas nunca dijo con cuántos jóvenes contaba, pero creo que eran menos de 1000, porque en el Parte Militar reseña cómo a las 4 de la tarde se había quedado sin la mitad de su tropa y enumera 100 muertos y 400 heridos. Pero es justo a esa hora cuando ve levantarse una polvareda por el camino de San Mateo. ¡Era Vicente Campo Elías que llegaba con cientos de Patriotas más! Aquel refuerzo indudablemente surtió un efecto moralizador en las tropas de Ribas, que pelearon con más pasión oliendo la victoria, mientras que surtió un efecto desmoralizador a los atacantes, quienes en 8 horas no habían podido tomar la ciudad. Al culminar la batalla, Ribas y la Juventud habían triunfado mientras que los realistas habían dejado calles cubiertas de cadáveres”.

Al día siguiente Bolívar dicta una Proclama dirigida a los soldados del ejército vencedor en La Victoria en la cual bautiza al triunfador con el nombre por el cual le conoce en la posteridad; dice: “El General Ribas, sobre quien la adversidad no puede nada, el héroe de Niquitao y Los Horcones, será desde hoy titulado El Vencedor de los Tiranos en La Victoria”. Al mes siguiente, por despacho fechado el 23 de marzo en su Cuartel General de San Mateo lo asciende al grado máximo de General en Jefe.

EL MILAGRO DEL 12-F

“El General Ribas pertenecía a un hogar profundamente cristiano. Dos de sus hermanos eran sacerdotes y dos de sus hermanas, monjas. Él mismo a los diez años de edad había solicitado ingreso a la Orden Tercera de San Francisco. Según la tradición, durante la Batalla de La Victoria, a las cuatro de la tarde, presintiendo la derrota, Ribas entró en la Iglesia del pueblo ubicada en pleno casco central, se postró frente a la imagen de la Virgen Inmaculada Concepción y le rogó que salvara a la tropa. La oración del valiente guerrero fue interrumpida por el grito de un soldado quien desde el techo del templo le anunciaba que por el camino de San Mateo se veía humo, era la polvareda bendita del refuerzo al mando de Campo Elías”, relató el historiador.

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