El próximo 20 de marzo se celebra el Día Internacional de la Felicidad, conmemoración que pretende recordarle a cada individuo, y a cada nación del mundo, la importancia de la búsqueda de la felicidad como un objetivo fundamental para la humanidad. Es por ello que El Semanario salió a la calle a consultar con el pueblo venezolano algunas interrogantes en esta peculiar materia: ¿es feliz el venezolano?, ¿cómo alcanzar este estado emocional en un país con la inflación más alta del continente latinoamericano, que acaba de vivir una estrepitosa caída de los precios del petróleo y que además registró en su historia económica la más grande devaluación de la moneda nacional? ¿Es posible ser feliz pese a la inseguridad desbordante, pese a la división y al sectarismo político reinantes? ¿Cómo ser feliz en un país subdesarrollado que ha sido declarado por una potencia mundial como “amenaza”? ¿Puede haber felicidad sin paz, en medio de una rutina llena de colas, caos y escasez?

Aunque parezca mentira, el venezolano se las ingenia para ser feliz. Así lo aseguró el psicólogo social, Gilberto Méndez, quien además precisó que “el componente sociocultural y el modelamiento de las familias antecesoras a las propias, han hecho del venezolano un ser que se mueve entre distintas cualidades y particularidades que nos diferencian al resto de las sociedades, características que además han contribuido a la pertinencia de la propia identidad nacional. Esto ha permitido que los estilos de afrontamiento se hayan hecho cada vez más consistentes para hacerle frente a las carencias que a nivel social se puedan encontrar”.

“El humor, la alegría, la resiliencia y los propios mecanismos idealizados para hacer de un momento de espera el más ameno posible, es parte del gentilicio venezolano, así como la calidez humana con la que recibimos a quienes nos visitan, la alegría al encontrarnos con viejos amigos. Es muy fácil para el venezolano hallar momentos de felicidad, a pesar de cualquier crisis”, añadió el especialista en Psicología Social.

Sin embargo, Méndez advierte que “si consideramos como determinante de nuestra felicidad la Teoría de Maslow, en la que plantea la satisfacción de necesidades para el alcance de la autorrealización, el panorama se torna color de hormiga. ¿Por qué? Porque habría que revisar si el venezolano de hoy en día logra satisfacer sus necesidades fisiológicas en materia de alimentación y descanso. Asimismo, la satisfacción de las necesidades vinculadas a la seguridad, como la de gozar de un empleo digno, acorde a las propias convicciones. También habría que revisar la disposición y el uso de bienes materiales y económicos, las relaciones positivas en el ámbito familiar, el acceso en la promoción y preservación de la propia salud y hasta las garantías a la propiedad privada. Esto sin olvidar los vínculos interpersonales favorables y la intimidad sexual. Aunado a todo esto, están las complacencias de reconocimiento reflejadas en el respeto a los propios ideales, a la propia integridad y a la garantía de éxito”, indica, convidando a cada habitante de Venezuela a revisar y evaluar sus propias realidades para responder entonces a la interrogante inicial.

Pero más allá de ello, el psicólogo social recordó que un estudio realizado por la Universidad de Columbia, hace apenas 3 años, señalaba que los venezolanos son más felices que los ciudadanos de países como: Alemania, El Salvador, Colombia y España, ocupando con esto el segundo lugar en Latinoamérica.

“Existen suficientes motivos para creer que estos datos siguen vigentes, puesto que el venezolano logra autogenerarse estados de felicidad considerando la capacidad de resolución de problemas y de necesidades que se le presentan, así como dada la empatía originada en esos mismos aspectos de falta y compensación de situaciones, bienes y artículos en general”, señaló el entrevistado, agregando que “también son muy usuales en el venezolano las adaptaciones a nuevos patrones de funcionamiento sin caer en la resignación, que poco a poco recae y deteriora otras culturas; además, este es un pueblo lleno de esperanza que parece mantenerse de pie frente al panorama de la denominada desesperanza aprendida; además es una población muy creativa… ¡y vaya que pone en práctica esa creatividad!”.

Así pues, frases como “Seré feliz cuando…”, según Méndez, no están más alejadas de la propia esencia de la felicidad.

“El tener, el disfrute futuro y el deseo venidero no constituye fundamento importante cuando en él, recae todo el sentido aparente del bienestar. Sin embargo, el compromiso por la construcción (o reconstrucción) de familias funcionales y el estudio masivo en esta temática no pueden dejarse a un lado. Tal como lo dijo Erich Fromm: “Dar produce más felicidad que recibir, no porque sea una privación, sino porque en el acto de dar está la expresión de mi vitalidad y el venezolano siempre da más”, indicó.

SUPREMA FELICIDAD

La felicidad es, para quienes no lo sabían, un asunto de Estado en Venezuela desde el año 2013, cuando el Presidente Nicolás Maduro creó el viceministerio de la Suprema Felicidad, paracontar con una instancia que agrupara la gestión de todas las misiones sociales dirigidas a la población más vulnerable de la sociedad, tal como niños, adultos mayores, mujeres embarazadas, personas con discapacidad y personas con problemas de adicción.

El principal objetivo de este viceministerio es brindar atención y asistencia, en todo momento, a los ciudadanos y ciudadanas en general, sin ninguna distinción de forma individual, bien sea de forma personalizada o escrita, a fin de gestionar ante los organismos públicos y privados las solicitudes de ayuda y/o apoyo elevadas el Máximo Mandatario Nacional. Sin embargo, solo 4 de cada 10 venezolanos ha oído de él y solo 1 considera que dicha cartera esté trabajando con eficiencia.

El término Suprema Felicidad fue acuñado por el expresidente Hugo Chávez, dentro del Plan de Desarrollo Económico y Social de la Nación 2007-2013, aludiendo a una frase de Simón Bolívar. Hoy, la Suprema Felicidad está contemplada en Plan de la Nación 2013-2019 y se ha convertido en una meta del Gobierno Nacional, cuyo punto de partida es la construcción de una estructura social incluyente, formando una nueva sociedad de incluidos, un nuevo modelo social, productivo, socialista, humanista, endógeno, donde todos vivan en similares condiciones de conformidad con los ideales bolivarianos.

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