Cuatro de los cinco sujetos implicados en el asesinato de Mónica Spears y su esposo, eran jóvenes, entendiéndose como tal a quienes tienen menos de 35 años. Asimismo, fueron muchachos los que protagonizaron esos actos violentos contra las edificaciones del Ministerio Público (MP), ubicadas en Caracas, y que posteriormente culminaría con un trágico saldo. De igual manera hubo participación de la jóvenes en el doble homicidio registrado hace tan sólo días en la Casa Don Bosco, del centro de Valencia, en el que perecieron de manera sangrienta dos religiosos salesianos en manos de un par de adolescentes.

¿Por qué la juventud venezolana parece estar al frente de los más impactantes hechos violentos?,¿Son los jóvenes de hoy gerentes del caos y la violencia?

Habría que comenzar por señalar que los jóvenes de hoy nacen, viven y se desenvuelven en dinámicas donde la violencia forma parte del día a día de las comunidades. Daniel Camino, sociólogo, explica que “hay violencia política, violencia sexual, violencia social, violencia mediática, violencia de género, violencia religiosa, violencia de Estado, violencia psicológica, entre muchas otras. Por lo tanto podemos afirmar que cualquiera que sea el tipo de violencia ésta se genera cuando una de las partes intenta por la fuerza imponer su razón sobre la otra”.

Ejemplificaba Camino que en la cotidianidad la violencia se produce, por ejemplo, desde el Estado, cuando suprime a la población de los elementos básicos para lograr la felicidad; pero también hay violencia desde la empresa de propiedad privada cuando explota al trabajador. La violencia la ejerce también el comerciante que acapara y especula con los precios de los productos a su cargo. La violencia familiar es generalizada cuando en el seno de ella se castiga con maltrato físico y/o psicológico a uno de sus miembros, pero también se manifiesta la violencia intrafamiliar cuando se le niega a cualquiera de sus miembros la posibilidad de obtener una buena educación, cuando se le deja de inculcar valores fundamentales que lo ayuden a formarse como sujeto social de hecho y de derecho”. Hay violencia cibernética, a través de las redes sociales e Internet, e incluso hay violencia asociada a la pobreza, en los cordones de cerros que crecen cada día sin planificación urbana, careciendo de servicios tan básicos como el agua.

“En fin – expresó el sociólogo- la violencia en cualquiera de las formas en que se manifieste, y sea permisiva, se convierte en un elemento perturbador de la paz social. La violencia es estructural y golpea por igual a todos los sectores de la sociedad; claro, con más fuerza y peligrosidad a los más vulnerables: a los débiles de conciencia, a los pobres de cultura, a los miserables que nada tienen, pero también a esa juventud, ¡nuestra juventud! en crecimiento. Por lo tanto hay que enfrentarla desde todas las estructuras e instituciones de que dispone una sociedad, es decir desde el Estado, las instituciones religiosas, empresariales, sociales, educativas, recreativas, mediáticas, deportivas y la familia”.

UN ASUNTO FAMILIAR

Graciela Díaz, psicóloga, asegura que la razón de tanta violencia radica en la desestructuración actual de la familia, núcleo que ya no se esmera en inculcar valores morales, ni en establecer la tradicional figura de autoridad en el seno familiar.

“Podemos comenzar por citar el caso de muchas madres y de muchos padres que no asumen responsablemente la crianza de sus hijos porque tienen mucho trabajo. Viven para trabajar”, aseguró. Así mismo, agrega que por esta razón “los niños, niñas y adolescentes de hoy tienen llaves de sus casas y nadie los recibe cuando llegan de la escuela. Comen solos mirando televisión, no hay una familia que se siente con ellos alrededor de la mesa. Se meten en Internet sin supervisión de un adulto, no hay control de las tareas que enviaron y las que los jovencitos hicieron. No dedican ni cantidad, ni calidad de tiempo al hogar”.

Además, aseguró que “abundan los casos de familias en donde la crianza de los más jóvenes es asumida no sólo por la madre, que en ocasiones tiene que hacer el papel de padre, sino por las abuelas y abuelos e incluso por los tíos y tías. Esto hace que la figura de autoridad no sea consistente y se diluya entre los integrantes. A partir de allí, el jovencito comienza a burlar esta figura haciendo lo que quiere, sin ni siquiera haber entrado en la adolescencia: demanda objetos materiales, decide qué comer, qué vestir y chantajea si no es complacido. Es entonces cuando se consolidan jóvenes que no obedecen a nadie. A propósito de ello, en los barrios caraqueños el malandro se presenta como una figura de autoridad y muchos jovencitos lo miran como un ejemplo a seguir, mientras que las hembras lo idealizan como un héroe, como un ejemplo de masculinidad”.

“La descomposición familiar ha desatado toda esta ola de agresividad en nuestros muchachos y muchachas. Se trata de un resquebrajamiento de los núcleos fundamentales de la sociedad que ha traído como consecuencia nuevas generaciones que no están preparadas para tolerar las frustraciones, ni el dolor. El joven de hoy, en líneas generales, no sabe privarse del placer, ni quiere posponerlo. Es arbitrario en muchas ocasiones y en otras se muestra deambulando en un estado de aburrimiento y de tedio permanente tratando de hallar, sin saberlo, el sentido de sus vidas”, señaló.

Con relación a esto último, agrega la psicóloga que “Desean satisfacción instantánea, cualquier objeto o goce debe ser satisfecho de inmediato y para complementarlo están los avances tecnológicos que contribuyen a eliminar la capacidad de espera: microondas, teléfonos inteligentes, Internet, entre otros”. Para empeorar aún más las cosas “a esto, muchas veces, se le agrega la indiferencia hacia los quehaceres del hogar y hacia la práctica deportiva. La pereza física y emocional inhabilitan su capacidad de sentir compasión por lo que se vuelven más insensibles”.

Pero, “la culpa no es del muchacho, es de los padres, quienes no han sido preparados para enseñar valores distintos a ser blandos, o en otros casos a ser estrictamente abusivos, a aferrarse a lo material y a tener posesiones con la finalidad de competir y no de llenar necesidades; enseñan a los hijos a regirse por las apariencias, los guían hacia lo superficial, lo intrascendente, hacia la falta de espiritualidad y hacia la pérdida del sentimiento que hace significativa a la vida. Es decir, los conducen sin querer a un vacío existencial que sólo se llena con drogas, con objetos obtenidos fácilmente y/o con violencia”.

LA ESCUELA TAMBIÉN DEBE METER LA MANO

“La escuela debe parar esa tendencia a minimizar la gravedad de las agresiones. Hay que darle un stop al Bullying, que no es otra cosa que una forma de acoso escolar que se produce cuando un estudiante es expuesto en el tiempo a acciones negativas que le causen daño o incomodidad por parte de otros estudiantes o compañeros del plantel”, explica la psicóloga, haciendo referencia a un estudio realizado por el Centro Gumilla, a través del cual se pudo conocer que 1 de cada 3 estudiantes encuestados ha sido víctima de esta forma de violencia.
Pero además, la psicóloga hizo un llamado a los educadores a motivar a los niños, niñas y adolescentes a construir su proyecto de vida desde temprana edad, “en ello los centros educativos juegan un rol importantísimo. Además esto contribuye al proceso de construcción de ciudadanía, mediante la educación en valores y derechos sociales”.

“Su proyecto de vida –prosiguió Díaz- debe basarse en un conjunto de normas que luego les facilitará la puesta en práctica de sus derechos y deberes. Es un proceso que los obligará a pensar en un futuro y a tener expectativas”.

¿SE PUEDE FRENAR TANTA VIOLENCIA?

Según Díaz, al individuo desde los primeros años de vida debe inculcársele valores como el respeto, la consideración, la responsabilidad y la solidaridad. Es necesario hacerle ver cuán importante es respetar a un anciano, ceder el puesto en el autobús, saludar, ayudar a una persona con diversidad funcional a cruzar la calle, entre muchas otras valiosas situaciones.

Y esto tiene mucho que ver, según el Observatorio Venezolano de Violencia (OVV), con la primera de tres grandes medidas que deben tomarse para tener una sociedad más segura, Según esta ONG, la sociología criminal exige enviar un claro mensaje a la juventud, incluso desde la infancia, que no es lo mismo ser un trabajador honesto que un asesino, un joven estudioso que un malandro aprovechador. Hay que hacer notar que la sociedad valora a quienes contribuyen con su bienestar, pero que censura y desprecia a quienes roban el esfuerzo del trabajo y aniquilan los sueños ajenos.

También el OVV señala que la segunda medida importante a considerar es la creación de una fuerza poderosa destinada a la protección de las personas y de la familia. Como no se tiene garantía de que el mensaje anterior va a ser atendido por todos, es necesario crear barreras de defensa y eso lo tienen que hacer los ciudadanos y la policía. La cooperación entre los entes privado: vecinos, consejos comunales, empresas de seguridad, y la policía es fundamental para detener a los bandidos.

La tercera medida, según el OVV, es cumplir con la promesa original: No es igual ser un trabajador honesto que un delincuente; por lo tanto, la sociedad castigará a quienes le hagan daño a los demás. Se requiere de un sistema de justicia eficiente pues la impunidad es muy dañina, no sólo porque deja sin respuesta a las víctimas sino porque promueve la incorporación al crimen de nuevos delincuentes.

LA VIOLENCIA JUVENIL EN CIFRAS

Si bien las enfermedades cardiovasculares y el cáncer son las primeras causas de muerte en el país, la violencia es, cual epidemia, la primera causa de fallecimiento de la juventud en Venezuela, según un estudio efectuado por Cecodap.
Además, 79% del estudiantado ha sido agredido físicamente en los planteles educativos (Cecodap). También la Federación Venezolana de Maestros ha denunciado 65 casos de profesores víctimas de alumnos violentos en 2011 y según cifras de la Fiscalía 18, un promedio de 70 agresiones se reportan al mes en las escuelas.

NO TODO ESTÁ PERDIDO

Aunque las estadísticas no mienten, los jóvenes venezolanos son optimistas y están dispuestos a contribuir con el desarrollo social y económico del país, conscientes de que el futuro de la Patria está en sus manos. Así quedó evidenciado en la 2da Encuesta Nacional de la Juventud, realizada a hombres y mujeres entre 15 y 30 años, por el Gobierno Bolivariano de Venezuela, donde el 70% está estudiando para superarse, a 30% de ellos les gustaría estudiar alguna ingeniería, arquitectura o carreras asociadas a las tecnologías, mientras que 24% prefiere las ciencias sociales y 11% dijo querer dar clases en un aula.

77% de los encuestados expresó querer quedarse en el país tras obtener un título universitario, 93% quiere emprender un negocio propio y 94% considera que la juventud juega un papel muy importante en la construcción de la Patria.

Esto pese a que 53% de ellos ya tienen hijos, un 30% estudia, otro 30% trabaja y sólo 9% combina ambas cosas.

PLAN DE PACIFICACIÓN SOCIAL EN MARCHA

Recientemente, y con el firme propósito de disminuir los índices de violencia e inseguridad, el Presidente de la República lanzó el Plan de Pacificación Social que cuenta con 10 líneas estratégicas, establecidas sobre la base de 500 mil propuestas realizadas por el pueblo venezolano, incluyendo a los jóvenes, a los estudiantes…. y es que, después de todo, Venezuela necesita ser pacificada con la cooperación de cada uno de sus habitantes ¿Será que este nuevo paso del Estado en materia de seguridad sí dará buenos resultados?

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