5 de julio de 2015: ¿Hay independencia?

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A propósito de la conmemoración del 5 de julio de 1811, bien conviene evaluar el estatus de nuestra independencia, 204 años después de firmada el acta que declaraba la emancipación de la Capitanía General de Venezuela de la corona española. No ha sido poco lo que nuestro pueblo ha tenido que luchar para consagrar la libertad sobre aquellos que pretenden controlar el mundo por medio de la fuerza militar, la explotación económica y la hegemonía cultural. Sin embargo, a pesar de las dificultades, nuestra Venezuela es ejemplo de dignidad en la construcción de su destino, el cual estamos decididos a enrumbar por el camino de la soberanía y la autodeterminación.

El oposicionismo pitiyanqui desprecia continuamente la reivindicación que la Revolución Bolivariana hace de la independencia nacional, banalizando el hecho como un mero recuerdo de algo pasado. Para los revolucionarios la independencia es una construcción permanente. Se trata de un proceso continuo que requiere ser reeditado sistemáticamente en todos los órdenes de la vida para garantizar su prolongación y, sobre todo, su capacidad para el manejo soberano de nuestra cotidianidad. Por ello el Comandante Chávez refirió una y mil veces la importancia capital de la independencia como un proceso permanente, cuyo protagonista es el pueblo, único garante de que la libertad no se convierta en una mentira controlada por las élites para su beneficio.

El 5 de julio de 2015 posee una carga extraordinaria de simbolismo acerca de la continuidad del proceso de emancipación popular que es la Revolución Bolivariana, pero además es una muestra contundente al mundo y los enemigos de la patria de la irrenunciable determinación de nuestro pueblo a no ceder nunca más nuestro destino a manos del imperialismo, sea del tipo que sea. Luego de dos años de ataques económicos, políticos y mediáticos contra el gobierno popular del Presidente Nicolás Maduro, la Revolución Bolivariana se ha fortalecido mucho más, y establece día a día las bases de una independencia que rescatamos para no perder jamás. Por eso hoy seguimos construyendo patria, porque somos independientes.

Hay que salir del limbo de los ilusos

Recientemente leí en Aporrea un artículo en el que la autora señalaba que la crisis griega era una muy buena oportunidad para que Rusia acudiera en su auxilio.

La verdad es que está bien caída de la mata y no entiende, como muchos seguidores del proceso, que Rusia, y también los países que conforman el BRICS son imperialismos capitalistas emergentes.

La prueba más clara la tenemos en la siguiente noticia que apareció en la página web de Sputnik, el portal de noticias del gobierno ruso, en la cual se dice:

“Así se pronunció el embajador ruso ante la Unión Europea, Vladímir Chizhov: ‘Rusia está dispuesta a colaborar con Grecia (…); tenemos la posibilidad de incrementar la cooperación económica, en particular en Grecia se puede participar en la privatización tanto de ferrocarriles como del puerto (en Salónica)’”

Es decir, el interés de Rusia es entrar en Grecia para, aprovechando la excusa de la deuda externa, ponerle la mano a los bienes griegos en poder el Estado. Igual que han hecho con nuestros países en las últimas décadas los imperialismos norteamericanos y europeos a través del FMI.

La diferencia quizás más importantes entre los imperialismos viejos y los emergentes es que, mientras estos últimos abogan por una suerte de ultraimperialismo, es decir, una unión de las potencias para repartirse el mundo para matar la tesis de la multipolaridad esgrimida por Chávez, las naciones imperiales occidentales, producto de la experiencia de la Segunda Guerra Mundial y seguramente después de estudiar a Lenin, no creen en esa propuesta y buscan más bien la hegemonía mundial liderada por ellos únicamente.

La posición del BRICS explica, entre otras cosas, el acercamiento que Brasil busca con Estados Unidos con el sueño de dividirse nuestra América o la visita de los senadores brasileños a nuestro país para reunirse con los vendepatrias de la oposición, estimulando aquellas corrientes existentes en la región que se opongan a los sueños de Bolívar, Chávez y de todos nuestros pueblos de lograr una integración política, económica y militar de nuestras naciones.

La vigencia de Chávez

Es necesario retomar el camino que nos dejó el Comandante, que se ha ralentizado después de su muerte. No se ha concretado nada serio en ese sentido. Es más, podemos apreciar como en Caracas hay representaciones de la OEA, de la Unión Europea, del comisionado de Derechos Humanos de la ONU, etc., pero no hay ninguna de Unasur ni de la Celac. Ni siquiera hay un parlamento de Unasur o de la Celac.

Los líderes de la región están dándole la espalda al anhelo integracionista y sirviendo, de hecho, a los intereses de los imperios, viejos y emergentes.

Esto hay que cambiarlo y comenzar a tomar acciones en la dirección correcta, empezando por diseñar una hoja de ruta que nos lleve a conquistar ese objetivo, con propuestas como la de modificar el Consejo de Seguridad de la ONU, incorporando como miembro permanente y con capacidad de veto a representantes de las populosas regiones, como Latinoamérica, el África subsahariana, los países musulmanes, naciones hoy marginadas de los centros de decisión mundial.

Hay que salir de ese limbo de ilusiones en que algunos todavía viven.

@HugoCabezas78

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