El verdadero Macri

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Mauricio Macri

Necesitamos tiempo para saber si Mauricio Macri es quien dice ser o quien el kirchnerismo dice que es. En su autorretrato, el nuevo presidente argentino posa de dialogante, solidario con la angustia de los pobres, convencido, tras un largo aprendizaje, de la inviabilidad de la jungla neoliberal de Menem, comprometido con los que sufren. El que pintan los peronistas en su lienzo es el rico de cuna, ajeno a la realidad de las mayorías, que va a la Casa Rosada a engordarle la cartera a los amigos del club. En suma, el jet set en el poder. De cómo sea el verdadero Macri dependerá el futuro próximo de su país.

Si Macri es quien dice ser, neutralizará buena parte de las amenazas subyacentes en su ajustado triunfo en segunda vuelta y las enormes cuotas de poder de un peronismo ubicuo, a la vez que omnipresente, en las provincias, en los sindicatos, en la administración pública, en el Congreso.
Desde todas esas trincheras se prepara el justicialismo para emboscar al tipo que les arrebató el poder. Con disposición al diálogo y la negociación astuta, el empresario presidente podrá desactivar la conflictividad, o por la medida pequeña agenciarse la simpatía del público en un escenario de obstruccionismo a ultranza de quienes le hagan oposición. Un Macri que mantenga las políticas sociales, y hasta las mejore, al tiempo que toma las medidas macroeconómicas adecuadas para bajar la inflación y estimular la inversión, se hará un mandatario fuerte, que se ganará la confianza de ese casi 49 por ciento que votó en su contra durante el balotaje del domingo pasado. Ese Macri no sepultará al peronismo, que ya forma parte de la identidad cultural argentina, pero puede que sí al kircherismo. ¿Eso es posible? No podemos anticiparlo.

Si Macri es quien el kirchnerismo dice que es, de la Rúa deberá mandarle el helicóptero y dejarlo encendido en caso de despegue imprevisto. Un Macri que vuelva a las privatizaciones compulsivas, a la desregulación de las relaciones laborales, al Estado mínimo; hará que Cristina Fernández regrese del hielo patagónico. No lo aceptarán los sindicatos, tampoco los pensionados, ni los beneficiarios de la llamada Asignación Universal por Hijo. Menos aún los gobernadores y legisladores tanto del Frente para la Victoria como del Frente Renovador de Sergio Massa, que debe cuidarse de que lo asocien a una política antipopular que destruiría su aspiración presidencial dentro de cuatro años. Podrá decirse que Menem fue popular en los noventa antes de que el plan Cavallo hiciera aguas, pero Menem era distinto. Menem era peronista y contaba con el respaldo institucional de la máxima fuente de energía de la política argentina. Macri no es peronista, aunque le haga estatuas a Perón.

Puede que sea un prejuicio mío, pero no creo que Macri sea quien dice ser, así tampoco sea el ogro antropófago del relato kirchnerista. Me parece que lo de invocar la Cláusula Democrática del Mercosur para expulsar a Venezuela por las violaciones de derechos humanos aquí no se detiene en la declaración bienintencionada de un líder con genuinas convicciones democráticas. Creo que lo hace para el público de galería, nacional e internacional, que le pide pelearse con el gobierno madurista. Estoy convencido de que Macri sabe que es un mero ejercicio retórico, inaplicable en la arena de la Realpolitik. Para sacar a Venezuela del Mercosur se necesita el consenso de todos los socios y ya Brasil y Uruguay han anunciado que no apoyarían una medida contra un país que les debe plata y les compra productos a sus empresarios locales, los argentinos incluidos. Tal vez Macri haya hecho el anuncio a sabiendas de que nada va a pasar y al menos él se lavó la cara ante sus simpatizantes internos y foráneos. Bruto no es Macri. De serlo, no habría llegado a donde está. A menos que el madurismo enloquezca y pretenda desconocer una victoria de la MUD el 6 de diciembre, la fotico con Lilian Tintori se quedará en el portarretratos. Recordemos que el gobernante paraguayo Horacio Cartes invitó a María Corina Machado a su toma de posesión y luego vino como si nada a hacer negocios con Maduro.

El triunfo de Macri, de todos modos, representa una inclinación hacia la derecha en América Latina, donde los apellidos de la izquierda han perdido la influencia de antes. El lulismo, el kirchnerismo, el chavismo están en repliegue en manos de sucesores que, o no han estado a la altura de sus antecesores, o están pagando las consecuencias de sus errores. En todo caso, la llegada de Macri a la Casa Rosada tiene unas connotaciones continentales que nos advierten sobre la posibilidad de un viraje ideológico en Suramérica, cuyas consecuencias están por verse. Si Macri termina siendo quien dice ser, y mantiene el contenido social que innegablemente tuvo la “Kleptocracia” de los últimos doce años, entonces el tiempo le habrá dado la razón al periplo izquierdista de la región en el siglo XXI.

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