Lilian no es Winnie

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[tie_full_img]Lilian Tintori[/tie_full_img]

Tengo un problema con Lilian Tintori: que no le creo. A todos los horrores que denuncia en los medios le resto la mitad o más. Ella es como la editora de un diario amarillista: “si para vender más exagero la noticia con ribetes sensacionales o simplemente la fabrico siguiendo el libreto, adelante”. Me cuesta verla como la sufrida esposa de un preso político. Me rehúso a compararla con Winnie Mandela.

Descreo de ella, no por antipatía o prejuicio, sino por sus propias contradicciones y mal logrado histrionismo. Por más que sean ilegales, las grabaciones en que ha aparecido en los medios oficiales reflejan a la verdadera Lilian: manipuladora, teatral y hasta embustera, movida con los hilos que maneja su consorte. Nos ha dicho que desde el primer momento de su encarcelamiento en Ramo Verde, a Leopoldo López lo tienen comiendo ratas como Edmundo Dantes en el castillo de If. Y resulta que en su visita conyugal cuchichea con López que tienen que devolverle al líder de Voluntad Popular “las condiciones que tenía antes”, pues de lo contrario se armará la grande. Ella misma dice, como lo evidencian esos audios, que cocinaba con Leopoldo, que Leopoldo usaba iPod, que Leopoldo veía la tele, que Leopoldo, palabras textuales, “estaba bien”. Y luego sale, con lágrimas de Juana Sujo, a clamar ante el mundo por justicia ante las humillaciones recibidas en la mazmorra militar.

De ahí mi problema de credibilidad con la señora Tintori. Su comportamiento dista de ser el de una auténtica defensora de los pisoteados derechos de su marido, sino más bien el de una propagandista que atiende a una estrategia de mercadeo para la obtención del gran trofeo: la Presidencia de la República, que muy posiblemente quede vacante este mismo año tras la convocatoria al referéndum revocatorio que la oposición activará, como en derecho le asiste, contra Nicolás Maduro.

Estas sangrientas vejaciones de las que supuestamente son objeto ella y López parecen magnificadas para mantener vigente a López, así sea desde detrás de los barrotes. Convertir a la pareja en víctima de indecibles atropellos contribuye al posicionamiento del candidato de “La Salida” en el tablero electoral. La estrategia ha dado resultados. Las encuestas muestran cómo López logró, desde su celda, desbancar a Henrique Capriles, libre y en control de la gobernación de Miranda, en las preferencias del votante opositor. Antes de la guarimba de 2014, Capriles era el líder único de la oposición. Desde entonces ha ido diluyéndose mientras López, en los activos pies de Lilian Tintori, recorre el país y el mundo, pintándose como el mártir de la dictadura madurista. Cuando lo liberen mediante ley de amnistía, ya López le irá a ganando el pulso a Capriles.

La táctica de López es dual. Cuando quiere victimizarse, apela a Lilian. Cuando le conviene disparar desde la cintura, habla en voz de su papá, el ahora ciudadano español Leopoldo López Gil. Y reserva sus propias intervenciones para ocasiones puntuales. Inteligente, talentoso para la política como es, se las arregla para permanecer vigente. Lo ha podido hacer hasta con la victoria de la MUD del 6 de diciembre, un triunfo que puso de bulto el grave error de “La Salida”, como Capriles se ha encargado de recordarle.

Lilian es buena para el espectáculo. Muchos la recuerdan por su actuación en “Robinson, la Gran Aventura”, aquel reality show en el que los participantes competían para demostrar quién aguantaba más las inclemencias de la naturaleza salvaje. Tintori vive ahora otra telerrealidad, en la que el premio mayor es Miraflores. Pero a otro perro con ese hueso. Siempre me solidarizo con las víctimas de la injusticia y quiero dejar claro que López, por más responsable político que sea de las guarimbas, no debería estar preso. A lo mejor hasta le hicieron un favor. En libertad, para mi sorpresa, no le aguantó tres rounds a Capriles y debió retirarse de las primarias de 2012 para evitar exponerse a una humillante derrota contra alguien a quien considera inferior. Preso, pero cocinando con Lilian, tocando el cuatro y escuchando música, ya saborea las mieles del poder, a las que cree tener derecho por herencia de sangre.

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