La Revolución Bolivariana y la justicia social

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El pensamiento liberal, heredero de la Ilustración, nos legó para la posteridad el Estado Moderno como forma de organización de la sociedad. Nació así, el Estado Social y de Derecho. Definición esta que tenía su fundamento primigenio en el principio de igualdad.

Igualdad que, como nos lo dice Michael Walzer, “…, significa que ningún ciudadano ubicado en una esfera o en relación con un bien social determinado puede ser coartado por ubicarse en otra esfera, con respecto a un bien distinto”. Por lo que, igualdad y libertad, son principios que deben marchar parejos para que exista la justicia social.

Principio éste último que, podemos decir, condensa los postulados más neurálgicos del pensamiento moderno. Por lo que, no puede haber libertad, igualdad y felicidad, sino existe justicia social.

Aquí está el “alfa y omega”, de la Revolución Bolivariana, postulada como un principio fundamental de la Constitución Bolivariana, que los venezolanos nos dimos en el año 1999. En la que se define -al Estado venezolano-, como un Estado Social de Derecho y de Justicia.

Se equivocan quienes piensan que este es un adjetivo más en su definición.

La justicia social es un principio ético. En el cual se resume la libertad, la igualdad y la felicidad, las cuales no pueden ser tenidas solo como principios individuales; sino que, libertad, igualdad y felicidad son principios sociales básicos para que la existencia del ser humano en la sociedad, sea –de verdad-, una existencia humana.

Ese fue el sentido y el propósito que le atribuyeron los pensadores modernos, los enciclopedistas, la Ilustración.

Allí está el verdadero sentido del liberalismo político. El cual, fue tergiversado por el capitalismo en su propósito de darle solidez teórica a su praxis económica de totalización del mercado, hoy conocida como neoliberalismo.

Es por ello que, aquella vieja discusión sobre liberalismo y socialismo, recobra su pertinencia. Hablamos de un liberalismo en donde la libertad, la igualdad y la felicidad nos lleven a alcanzar la justicia social; a lograr una distribución equitativa de la riqueza de las naciones; que entienda que los bienes o la riqueza es producto de un proceso social, por lo que, la propiedad de ellos tiene que tener limitaciones.

Pero, hablamos asimismo de un socialismo profundamente democrático; que se edifique, a partir del establecimiento de un Estado fuerte, pero no totalitario; que privilegie lo social como su principal razón de ser; que entienda que los bienes públicos son bienes sociales, son bienes que deben estar al servicio de la comunidad, para garantizar su seguridad, la protección de su diversidad biológica y cultural, que entienda que la herencia cultural de nuestros pueblos son bienes de la comunidad ciudadana; en fin, hablamos de un socialismo nuevo, en donde todos, absolutamente todos, los derechos humanos estén garantizados.

Para nosotros, una sociedad igualitaria, libre y feliz, es aquella en donde la posesión y distribución de los bienes sea para alcanzar la justicia social. Porque, no hay nada más inhumano, más anti liberal, más anti socialista, que convertir la posesión de los bienes, de la riqueza, en una ventaja que conduzca a la explotación del ser humano, a profundizar las diferencias biológicas y culturales existentes, añadiendo diferencias de carácter social.

Pues bien, edificar una sociedad en donde impere la justicia social supone, entonces, despojarla de ese “rostro cruel” que le ha colocado el capitalismo a lo largo de su historia.

Esta es la razón por la cual el imperio estadounidense y la derecha mundial, con sus aliados nacionales, se ha propuesto derrocar la Revolución Bolivariana. La misma no es cualquier razón. Es muy profunda. Es la confrontación de dos maneras de percibir la forma, la manera de vivir: capitalismo/totalitarismo Vs. Socialismo/democracia.

Dulce: Que equivocados estaban quienes creyeron que después de la derrota del 2015, los Chavistas nos íbamos a amilanar. Las adversidades, al igual que ha Bolívar, nos dan fuerza. En menos de tres meses le devolvimos al país la Paz, los derrotamos en tres procesos electorales, se volvieron añicos como dicen los viejos de mi pueblo, los obligamos a sentarse en la Mesa de Diálogo, perdieron la credibilidad ante los venezolanos, a nivel internacional cada vez son menos quienes les acompañan, Y, lo más grave, por su ambivalencia no logran quitarse el rostro de violentos que les dejaron las guarimbas.

Amarga: Que triste es el papel de Antonio Ledezma y María Corina Machado, son los únicos que siguen siendo “fieles” al inefable Almagro. Ledezma, se quiso pasar de vivo y hasta Rajoy se lo sacudió. A María Corina, Bush no volvió a saber de ella. Las pretensiones de “emperador” de Ledezma se le esfumaron. A María Corina, hasta el senador Rubio le está sacando el cuerpo.

@HugoCabezas78

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