Para los organizadores del Mundial Brasil 2014, las alarmas se encendieron durante la Copa Confederaciones 2013, sin embargo estas protestas sorprenden, no tanto porque pretendan boicotear un torneo de fútbol, dado que ese deporte es casi una religión ente los brasileños, si no por lo que se ha dicho de Brasil en materia social durante los últimos años: Que durante los ocho años de gobierno de Lula Da Silva, se crearon 14 millones de nuevos empleos que permitió que 30 millones de personas salieran de la pobreza y pasaran a formar parte de la clase media ¿entonces por qué estas protestas, las más grandes que ha vivido Brasil desde la instauración de la democracia en 1985? ¿Por qué el descontento social? ¿Por qué estas protestas en un país con índices de crecimiento económico sostenido y equidad social?

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El detonante de las protestas fue un alza en el precio del transporte público. Un aumento en los precios de autobús, metro y tren de 3 reales (1.40 dólares) a 3.20 (1.50 dólares) Y es que el problema del transporte público no es poca cosa en Brasil: En las principales ciudades de Brasil, Río o Sao Paulo, algo tan cotidiano como ir al trabajo puede demorar tres horas y para regresar a casa otras tres. Al problema de un transporte público pésimo hay que agregar que las redes viales no han sido ampliadas con el paso de los años y ahora se viven congestionamientos viales que producen lo antes señalado: Un trabajador pasa 6 horas diarias entre ir y venir al trabajo. Algo duro, muy desgastante: seis horas diarias significan 30 horas a la semana, 120 horas al mes, es decir, 5 días exactos que un trabajador pasa entre ir y venir de su trabajo.

Pero si afirmar que el aumento de los precios del pasaje fue el detonante de las protestas, pues a ello se han sumado otras demandas sociales: Salud, educación, vivienda, seguridad social. De hecho, algunos estudios (Barómetro de las Américas) indican que los brasileños son los más insatisfechos de la región con respecto a la calidad de los servicios sociales gestionados desde el gobierno, sólo por delante de Haití y Trinidad y Tobago (Ver gráfico que evalúa tres servicios públicos: Calidad de las carreteras, de las escuelas y los servicios de salud pública) Esta insatisfacción tiene que ver, por supuesto, con los altos impuestos que pagan los ciudadanos y el pésimo retorno en los servicios públicos. Algo así como impuestos altos, propios del mundo desarrollado, y calidad de servicios de países pobres.

El mito de Tántalo

Tal vez el mito de Tántalo sirva para representar la relación entre los gastos dirigidos hacia el Mundial y las demandas sociales insatisfechas de los manifestantes. Tántalo mató a su hijo, y lo sirvió como banquete a los dioses. Como castigo Tántalo fue arrojado al Hades y allí sometido a los peores tormentos: Hambre y sed insaciables. Como parte del castigo, cada vez que Tántalo intenta beber agua, el agua se seca; cuando trata de comer, un viento sopla y mueve los frutos del árbol que Tántalo no puede alcanzar con sus manos. Y así permanece, sin poderlo alcanzar.

Es una imagen adecuada para definir las protestas en Brasil. Los manifestantes, que tienen necesidades sociales insatisfechas, han visto desfilar en los últimos años ante sus ojos verdaderas fortunas de dineros públicos que han sido destinadas a la celebración del Mundial de fútbol, sin poder ellos satisfacer sus necesidades sociales más apremiantes. Esto obviamente ha generado indignación.

Incluso esta política de destinar fondos públicos al deporte tiene vieja data: En 1999 hubo una reforma del Maracaná para el Mundial de Clubes del año 2000 y se destinaron 50 millones de dólares. En 2007 hubo otra reforma del Maracaná, con motivo de los Juegos Panamericanos, y la inversión pública fue de 150 millones de dólares. Y en 2010, con Brasil ya como sede del Mundial, se ha hecho otra inversión de 500 millones de dólares sólo en el Maracaná. Otra situación que los manifestantes consideran indignante es que luego de una inversión en los últimos 15 años que llega casi a los mil millones de dólares, sólo en el Maracaná, y luego del Mundial de fútbol pasará a manos privadas, vía concesión. Las personas quieren ser parte de todo esto y que las ganancias no queden en manos de unos pocos.

Lo cierto es que el Mundial de Brasil es el más costoso de toda la historia. Basta comparar el costo del Mundial Sudáfrica 2010 con el de Brasil: El primero costó 5 mil 170 millones de dólares. En Brasil los gastos han sido como sigue: los 12 estadios costaron 7700 millones de dólares, en hotelería la inversión ha sido de 24 mil millones y en transporte 12 mil millones (un tema tan sensible para los brasileños como hemos visto) El gobierno de Dilma Rousseff estima que el PIB generará un aumento de 180 mil millones de dólares en tres años.

De allí las consignas contra el Mundial de Fútbol, que ven todo esto como un despilfarro de recursos públicos en estadios y obras asociadas al tema del mundial en un país con problemas en educación y salud. Los jóvenes demandan, por su parte, mejores perspectivas en materia de educación y trabajo. Los jóvenes piden que el dinero que se ha destinado a la realización del Mundial y el que se está destinando para los Juegos Olímpicos de 2016 se destine a vivienda, salud y educación pública de calidad. Otro tema que ha generado más indignación tiene que ver con la prohibición de realizar protestas cerca de los estadios, Hay una zona de exclusión, y los manifestantes lo consideran inconstitucional. Pero además hay otra zona de exclusión, esta vez económica, que también ha generado descontento: En esta zona no se puede vender ningún producto que no esté autorizado por la FIFA. Entonces los vendedores ambulantes, que tradicionalmente han vendido sus productos en las afueras de los estadios, ya no lo pueden hacer, por tratarse de una zona FIFA.

Respuesta del gobierno

Paradójicamente, la respuesta del gobierno no hizo más que darle fuerza a la indignación de los manifestantes. Las tácticas policiales usadas para enfrentar a las protestas incluyó el uso de balas de goma y gas lacrimógeno, resultando en cientos de personas heridas y de detenidos. Algunos analistas explican que el gobierno no estaba acostumbrado a lidiar con protestas de este tipo. Según Barómetro de las Américas, Brasil es uno de los países de la región donde se registran menos protestas callejeras.

Veinticuatro horas antes del inicio del Mundial la Presidenta Rousseff se dirigió al país. Refiriéndose a las protestas, señaló: “Hay quienes alegan que los recursos invertidos en la organización del Mundial debieron de ser utilizados en educación y salud. Discuto y respeto esas opiniones, pero no concuerdo con ellas” Según afirmó, desde 2010 hasta 2013 los gobiernos federales y municipales han invertido 1 mil 770 millardos de reales (761 mil 468 millones de dólares) cifra que es, según asegura, 212 veces superior a lo invertido en el mismo periodo para la organización del Mundial.

Con relación al tema del Mundial, y sin duda que para garantizar un mejor manejo de las protestas, el gobierno de Brasil decidió que las ciudades sede de la Copa del Mundo no tendrán clases ni trabajo, incluso vacaciones adelantadas, con el objetivo de descongestionar las calles y facilitar el transporte hacia los estadios.

Quién está detrás de las protestas

Salvando las distancias, la Primavera Árabe y las protestas en Brasil tienen algo en común: Fueron posible gracias a las redes sociales. Twitter y Facebook sirvieron para unir y organizar a los manifestantes. Las primeras manifestaciones fueron convocadas por el Movimiento Pase Libre, una organización de base estudiantil que promueve políticas de transporte gratuito masivo. Este movimiento tiene años funcionando; en 2005, junto a otras organizaciones similares, realizaron protestas para exigir la rebaja de los precios del pasaje, cosa que lograron.

A esta se sumó la organización con el muy expresivo nombre de Copa Pra Quem? (¿Copa para quién?) que fue creada para protestar contra el alto costo de las obras del Mundial y el impacto de las mismas sobre las comunidades. Para algunos analistas, detrás de estas protestas se encuentran grupos radicales de izquierda, que buscan explotar políticamente el descontento con el tema del transporte.

Otro dato de especial importancia es que, pese a lo que se pueda pensar, los convocantes a las manifestaciones no representan a partidos políticos. De hecho, quienes quisieron “invadir” a las protestas con lemas de partidos, fueron echados.

Detrás de estas protestas no hay partidos políticos, no hay sindicatos, ni siquiera la Unión de Estudiantes. Es un movimiento acéfalo, sin un líder visible. Esto dificulta aún más las cosas para el gobierno, ya que no tienen un líder con el cual negociar el cese de las protestas. Es un movimiento netamente ciudadano, los “indignados” de Brasil, tal y como hemos visto en otras partes del mundo.

Y como es de suponer, a menos que el gobierno dé respuesta inmediata a las demandas de los manifestantes, en 2016, durante los Juegos Olímpicos, seguiremos viendo protestas.

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