Un conflicto con todos los hierros

Un Estado no puede ser empresario y socialista a la vez. Eso es un oxímoron, un engendro contranatura que posa de revolucionario mientras habla y se comporta como patrón. Interpreta el parlamento del gerente. Es antisindical, tacaño, explotador y abusivo, sin el contrapeso de la Inspectoría del Trabajo, que viene a ser él mismo. Comulga con los propietarios, confronta con los proletarios. Como acaba de pasar en Sidor.

Nicolás Maduro se dice obrero y llama locheros a los sindicatos independientes. Afirma que su Gobierno es obrerista y se niega a firmar una contratación colectiva para luego buscarse un sindicato patronal que deponga la lucha. Es otra de las razones (la principal la veremos más tarde) por la cual el Estado empresario es funesto y el Estado empresario “socialista”, una aberración.

El Gobierno dice que las aspiraciones de los “sindicaleros” (palabra predilecta de los patronos) son incumplibles (los empresarios siempre dicen eso). Pero resulta que esos sindicaleros le sacaron al ex presidente Hugo Chávez el compromiso de firmar una contratación colectiva que se ha demorado por divergencias entre la empresa y los trabajadores. Si el Estado no hubiera retomado su afición empresarial (que tenía desde los días de Marcos Pérez Jiménez) el convenio laboral de Sidor no sería de su incumbencia, más allá del rol mediador del Ministerio del Trabajo y su obligación a hacer respetar la Ley del Trabajo. Ahora se las tienen que ver con Sutiss, uno de los sindicatos más combativos, con una dilatada trayectoria de lucha de la cual abrevaron muchos de los actuales dirigentes del chavismo. Es gente que, literalmente, va con todos los hierros al combate. Qué feo se le ve al “socialista” Diosdado Cabello, y a su hermano David, el ministro, descalificar una protesta obrera. Es la demostración de que la gente es socialista hasta que le tocan el bolsillo.

El lugar de un verdadero Estado socialista sería al lado de la clase obrera contra los abusos de los patronos privados de Sidor. Pero en 2007, Chávez tuvo esa regresión estatista que tanto daño le ha hecho al país y al propio chavismo. Sidor nunca debió volver a ser de propiedad pública. En poder del Estado, el emporio industrial de Guayana, en vez de ser fuente de desarrollo, terminó por volverse un drenaje del dinero que se necesita para escuelas, hospitales y viviendas. Las empresas de la CVG dieron pérdidas con la Cuarta República y también con la Quinta. El propio Chávez tuvo que reconocerlo. Quiere decir entonces que el problema no es el Gobierno de turno, sino el modelo. Sencillamente, no funciona bajo administración del Gobierno.

En poder de particulares, Sidor y el resto del conglomerado fabril del estado Bolívar generaban hierro, acero, aluminio, electricidad y, muy importante, plata a través de impuestos. Se argumentó para renacionalizar esas compañías que las trasnacionales que las regentaba violaban las leyes laborales. ¿Cómo la respuesta a un irrespeto a la Ley del Trabajo va a ser una expropiación?. ¿Por qué no aplicar nuestra Ley del Trabajo, muy favorable a los trabajadores?. ¿Quiere decir que si los árabes de las mueblerías de San Pablo, en Yaracuy, no pagan bien las prestaciones el Gobierno va a ir allá a vender neveras, lavadores y sofás?. Ahora el Gobierno está entrampado en esta contienda con un sector del país que debería ser su aliado natural, como lo fue todos estos años. Es otro síntoma del ratón que vino después de la borrachera estatista de 2007.

Qué ironía que un Gobierno “revolucionario”, “obrerista”, esté fomentando sindicatos sumisos que rompan la unidad de los trabajadores. Margaret Thatcher debe sentirse muy honrada con ese homenaje. Mientras tanto, la principal industria siderúrgica de Venezuela está hemipléjica y probablemente recupere su plena movilidad a un costo muy alto para el país.

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