Contrabando y conciencia social

Dentro de las grandes distorsiones económicas que heredó la revolución bolivariana están los desequilibrios propios del exagerado rentismo petrolero. Esto sin duda alguna ha interferido en la diversificación de la economía y la producción. Generamos una exorbitante cantidad de divisas sin su correspondiente en la producción. Esta contradicción central de la economía venezolana, ha derivado en una tendencia importadora a todo nivel. Está demás decir que los bienes y productos hechos en Venezuela tienen un alto componente de piezas foráneas.

El Estado históricamente ha tratado de solventar esta anomalía mediante la vía del subsidio. Pero la distorsión no solo se mantuvo, degeneró en negocios ilícitos que buscan lucrarse con la necesidad de los más desposeídos. Los sectores de gran poder adquisitivo acrecentaron su preponderancia económica por la vía parasitaria mediante apropiación indebida del proceso distributivo de productos y bienes. Cuando en 1998 cambian las reglas del juego político y se comienza a instituir un sistema de inclusión social y sus antiguos privilegios no son reconocidos por la nueva dinámica política, comienzan a gestar en su seno planes para frenar, neutralizar y destruir el proceso de cambios en el amanecer de la Venezuela del siglo XXI. Ahora atacan la revolución bolivariana desde la distribución a través acaparamiento, el desabastecimiento, inducido por la fuga de divisas y la especulación cambiaria para generar crisis y justificar la inflación, afectando la estructura de costos y elevando los precios del consumo buscando malestar social. Todo esto abarata las importaciones y encarece la exportación haciéndola poco competitiva en el exterior, afectando y minimizando la producción nacional. Esta anomalía importadora favorece el comercio formal e informal, legal e ilegal (contrabando, “bachaqueo”). Al ser informal e ilegal el contrabando es imposible de contabilizarla, toda vez que no deja un rastro económico.

Al observar el teatro de desarrollo de esta actividad vemos como las grandes disparidades en las poblaciones fronterizas. Unas donde lamentablemente el olvido y la desidia de décadas y que carecen de los más elementales servicios como la guajira. Otras donde la actividad petrolera permite una proyección económica, comercial y turística. La frontera Colombo-Venezolana tiene una extensión de 2.219Km comprende los estados venezolanos: Zulia, Táchira, Apure y Amazonas. Existe una gran diversidad geográfica que va desde lo xerófila y desértica en la guajira, selvas y montañas, además de grandes llanuras y grandes ríos. Y es en este extenso escenario donde se desarrolla esta actividad que está socavando no solo la economía venezolana, sino la seguridad y defensa nacional, así como la estabilidad económica y política.

Pero detrás de todo esto además de las mafias y grupos se esconde un enemigo más peligroso, que atenta contra nuestro ideal de unidad nacional, que atenta contra el concepto y la cohesión patria. Este enemigo es la falta de conciencia, producto de la ideologización capitalista que durante 40 años nos impusieron. El verdadero drama es que no hemos podido enfrentar el aberrante capitalismo de mercado colombiano, sino que los sustentamos y lo respaldamos aun cuando ponemos en peligro nuestra propia existencia como pueblo. El afán de lucro ha podido más que cualquier consideración nacionalista.

Desde el punto de vista comparativo vemos en el caso Colombiano, los estragos que el neoliberalismo capitalista ha causado en la población. Su implantación violenta por parte de gobiernos pro-imperialistas como el de Álvaro Uribe Vélez, quien acabo con todo vestigio de reivindicación social para beneficiar al gran capital es uno de los mayores males históricos al cual se ha sometido al pueblo colombiano. La usura, la explotación y el afán de lucro son valores que promueven la visión neoliberal de la sociedad, es por ello que no es de extrañar que el contrabando sea el hijo legítimo de este proceso de deshumanización de las relaciones sociales.

Desde Venezuela el problema se plantea en términos de conciencia. Si bien tenemos un gobierno que se preocupa por el bienestar de todo un pueblo, sin distingo de colores partidistas. La diatriba política tiende a minimizar el problema, a descontextualizarlo, trayendo como consecuencia un manejo somero e irresponsable, manipulando la opinión pública busca generar confusión. La tarea de la revolución bolivariana es elevar el nivel de conciencia del venezolano. No es posible que haya connacionales que antepongan su individualismo y el afán de lucro al interés nacional, que les quiten a sus compatriotas los productos de primera necesidad solo para venderlos muchos más caros al pueblo colombiano. Pero tampoco es posible que se culpe al gobierno nacional y se obvien se oculten y se escondan las secuelas este flagelo. Que se considere al contrabando como una “consecuencia del modelo económico”. Este es el discursillo de analistas plegados a los intereses foráneos. Es allí donde la conciencia popular tiene que actuar. Tenemos un entramado institucional que favorece a las grandes mayorías, hagamos que se complemente con una verdadera conciencia nacional popular y soberana, donde sean los intereses de la patria los que cobren real significado e importancia muy por encima de grupos o mafias políticas y económicas

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