Chúo en el radar

La prominencia adquirida por Jesús Torrealba a su llegada sugiere que la Mesa de la Unidad Democrática le cambió la descripción de cargo a su Secretaría Ejecutiva. Con Ramón Guillermo Aveledo era una instancia mediadora para atemperar las contradicciones internas de la alianza opositora y un mecanismo de arbitraje y conciliación que perseguía la coherencia interna de una coalición frágil, susceptible a quebrarse con un estornudo.

chuo final

El trabajo de Aveledo consistía en facilitar la articulación de métodos compartidos en el seno de la MUD, evitar la dispersión de esfuerzos y la disparidad en las técnicas de lucha. Su tarea era que se pudiera hablar de LA oposición y no de las oposiciones. Tuvo razonable éxito hasta que Leopoldo López calculó que el fracaso de la estrategia plebiscitaria de Henrique Capriles en las elecciones municipales le brindaba la oportunidad de desplazar al gobernador de Miranda como líder del antichavismo. En ese momento la MUD, tal como la conocíamos, entró en agonía. Es en ese contexto cuando aparece Torrealba, exvocero de la Coordinadora Democrática y personaje con repercusión mediática por sus programas de radio y televisión. Diera la impresión de que, con él, el secretario ejecutivo ya no trabajará puertas adentro, como Aveledo, sino que se proyectará fuera de los límites de la MUD. Lo dijo el propio Torrealba: “La MUD se va para la calle”.

Por sus respectivos temperamentos, tanto Aveledo como Torrealba perfilan la Secretaría Ejecutiva, a la cual le han impuesto sus respectivos caracteres. Por su estilo sobrio y ponderado, Aveledo era más apto para moderador de los aliados y Torrealba, más vehemente, confrontacional y llano, para topar con el Gobierno y hacer proselitismo. El asunto es que ese trabajo que hacía Aveledo tiene que realizarlo alguien, y no parece Torrealba el más indicado. Esos rasgos de personalidad que lo hacen idóneo para frentear al chavismo lo vuelven susceptible de volverse una manzana de la discordia en una agrupación donde sobran los desencuentros. Torrealba, hombre de pueblo, luchador social, pero sin trayectoria partidista, tiene menos “autoritas” que Aveledo a la hora de que la discusión se ponga agria con los jefes de las organizaciones políticas. Siempre será más fácil carajearlo a él.

Es fácil entender por qué la naturaleza de la secretaría ejecutiva de la MUD mutó de oficina de consensos a tribuna de oradores. Aveledo podía encargarse de los entuertos privados de la MUD porque hacia afuera, hacia el país, hablaba el líder indiscutible de la oposición: Capriles. Pero hoy en día Capriles no tiene esa condición. Surge entonces la necesidad de buscar un interlocutor con esa Venezuela que, aún descontenta con Maduro, recela de la oposición. Esa asignatura le corresponde a los partidos, a sus dirigentes, a sus cuadros, no a la MUD. En todo caso,  mejor hubiera sido que nombraran a un secretario general que se ocupara de la diatriba política y a un secretario ejecutivo que calmara las aguas adentro y ayudara a conservar el mayor avance del antichavismo desde 2012: ser uno solo, una fuerza que se mueve en una misma dirección, un bloque capaz de hacerle frente a un adversario omnipotente, pero que pasa por su peor momento. Ojalá Torrealba esté consciente de que cuando llegue el momento, y el momento es el de las parlamentarias de 2015, deberá replegarse, encerrarse en la MUD y lograr que todos en ella remen hacia el mismo punto.

Sin comentarios

Leave a Reply