En mayor o menor medida, todos los venezolanos conocen el pensamiento y la recta línea política de Alí Primera, aunque no todos hayan tenido la oportunidad de compartir con él sus luchas y su accionar político. Al arribar a los 73 años de su nacimiento, casi todos tienen información de su trayectoria vital, de un tránsito terreno que él quiso combativo y comprometido hasta el final (hasta tener los 4 metros de su tierra liberada), de su sentido y acendrado bolivarianismo, del desvelo por su Venezuela, su Patria Grande, de sus tempraneras y premonitorias denuncias por el desbordamiento imperialista de EE.UU. y de su inquebrantable identificación con las mejores causas por los pobres y por el hombre en general. Por eso, quizás, muchos se sienten con legítimo derecho a especular, según su óptica, acerca de cuál sería la posición que asumiría hoy el “Cantor del Pueblo”, ante el proceso político que actualmente se ejecuta en Venezuela.

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Más allá de asumir con honestidad que el único que podría contestar esa interrogante con absoluta propiedad es el propio Alí, no hay que olvidar que un hombre es su tiempo y su espacio, tanto su espacio como su tiempo como elementos que determinan la dinámica de las circunstancias. Por eso, no obstante la contundencia de todo lo anterior, al analizar la ejecutoria de Alí en términos de su indoblegable verticalidad revolucionaria, entrando al conocimiento exacto y contrastado de cuanto afloró de su pluma y de su musa, y basados en su irrenunciable capacidad crítica, se pueden derivar ciertos elementos que permiten perfilar algunas coordenadas para su ubicación ideológica actual, ante temas como la corrupción, el burocratismo y la impunidad; por encima del riesgo que tal ejercicio supone.

Por supuesto, también, hay que partir del origen de la sensibilidad, humildad y sencillez de un hombre que, al igual que el comandante Chávez, se entregó con desprendimiento a las causas colectivas y que, a su vez, se nutrió de las intensas penurias que le tocó vivir tanto en su niñez como en su adolescencia, y que –lejos de amargarlo- lo llenaron de amor y solidaridad. Tal hecho, aunado tanto a su infantil ciclo campesino como a su roce social y político con humildes pescadores y trabajadores petroleros, le conformaron un blindado pensamiento político que expresa una indisoluble vinculación y un férreo compromiso con las grandes mayorías de desposeídos, objeto también de este proceso bolivariano.

Para quienes conocimos y militamos con Alí en sus casi treinta años de irreductible vida revolucionaria, no lo imaginamos jamás, ni por asomo, como un débil salta-talanquera. Al contrario, sin obviar el natural descontento que produce a los verdaderos revolucionarios observar conductas ostentosas como las exhibidas por algunos burócratas –que los hay y en buen número-, convertidos ahora en dueños de los odiosos privilegios de la oligarquía que dicen combatir, lo vemos firme y leal a sus principios originarios; pero eso sí, de manera implacable, enfrentando y fustigando desde las propias filas bolivarianas, inadmisibles desviaciones como esas, que lo que hacen es carcomer intestinamente la deseada y necesaria pureza de un proceso que requiere, hoy más que nunca, ser apuntalado con el ejemplo y la honesta palabra de Alí Primera, si lo queremos reforzar y mejorar para preservarlo.

Con su innegociable autoridad moral como arma y desplegando su reflexiva capacidad crítica como aporte para la construcción de un genuino socialismo, estaría dando esa batalla interna con ética, firmeza y solidaridad revolucionarias, sin temor a los eventuales riesgos que pudiera correr (es preferible perder el habla que temer hablar) y, rechazando de plano, las acostumbradas lisonjas y halagos de corruptos y conversos como las expresadas por cierto “alcaldezuelo” de conocida prosapia cuarta-republicana, quien, como otros que se han colgado de su canto, sin haber conocido a Alí y sin saberse siquiera una sola de sus canciones, se ufana en público de que “…si el Panita estuviese vivo, lo tuviese al frente del área cultural de su Alcaldía”. Como si Alí Primera hubiese transigido alguna vez con la ineptitud y la corrupción o, peor aún, como si él pudiera prestarse para cohonestar una gestión gris que solo se ha destacado por despalillar ingentes recursos bajados del gobierno central, sin que hasta ahora se hayan conocido los destinos de los mismos y, menos, haberlos ejecutados en obras útiles para el pueblo.

Por lo demás, no hay que olvidar que, a pesar de que Alí Primera y Hugo Chávez no se hayan conocido personalmente, para un análisis desprejuiciado de una hipotética y actual ubicación de Alí, hay que destacar y meter el escalpelo en la impresionante y coincidente complementariedad ideológica entre ambos; tanto así que, en la práctica, la canción y el ideario del cantautor se ha convertido, desde sus inicios, en una fuente viva de inspiración que sustentó y sustenta, al igual que el árbol de las tres raíces, la génesis embrionaria de la Revolución Bolivariana. Asimismo, la conocida militancia compartida de Alí y el Presidente Nicolás Maduro, con interacciones personales directas en una misma trinchera política y residiendo en un vecindario común de la caraqueña parroquia de El Valle, es también un pertinente elemento de juicio que refuerza nuestra convicción concluyente de que Alí estaría, con su desprendimiento de siempre y sin arrear su bandera crítica, intentando meterle el hombro a este proceso que reivindicó su canto y compartiendo esfuerzos colectivos, en procura de la anhelada Patria Buena que tanto reiteró en su poética y que derivó de las enseñanzas de Bolívar, igualmente reivindicado por este Proyecto Socialista.

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