Mucho se ha escrito sobre el tema monetario, elementos conceptuales que van desde el control de divisas al control cambiario no han dejado de tener titularidad desde hace bastante tiempo en el acontecer nacional. En el ámbito gubernamental se ha atendido la cuestión como corresponde, con perseverancia, pertinencia y prontitud, y en la opinión pública sobra la polémica en análisis bien fundados a veces, tendenciosos otras. Sin duda, saber cuánto dinero se utiliza en el mercado internacional y cuánto es su valor en moneda nacional es importante. Conocer con cuántas reservas cuenta un país y su disponibilidad de gasto en un mundo de capitalismo globalizado es vital para cualquier nación.

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Pero más allá de esto, creemos, en lo particular, que el centro de la nueva política económica en la revolución bolivariana, tiene que ver con asuntos del funcionamiento del Estado venezolano para la defensa. Pero la defensa de los subsidios y la defensa del dólar preferencial, que es utilizado para garantizar la calidad de vida de las grandes mayorías que fueron excluidas durante décadas en Venezuela. La comprensión de la política económica venezolana en la actualidad, pasa necesariamente por insertarla dentro del marco de las políticas macroeconómicas que se han desarrollado en el proceso revolucionario, desde el ascenso al poder del Comandante Chávez, y ahora con el presidente Maduro, políticas que han garantizado el ingreso de cuantiosos recursos a la nación.

La mayoría de países del mundo utilizan subsidios para proteger a sus pobladores, lamentablemente, alrededor de muchos de estos mecanismos de protección social existe corrupción (si acaso no en todos), como un flagelo inherente a la inexistencia de una noción ética dentro del funcionamiento del capitalismo, que busca siempre expandirse y acumular capital rompiendo barreras jurídicas, económicas, geográficas y de toda índole.

Venezuela no ha escapado a ello. Muchos estudiosos saben y ratifican que todo sistema nuevo, o por construirse, guarda en sí mismo muchos elementos del sistema que murió o está por extinguirse. Y el capitalismo, vivo aún, busca en Venezuela y todos los países que decidieron liberarse de su perniciosa influencia, desesperadamente su restitución en el poder.

La Patria de Bolívar ha logrado con una política coherente, un Estado soberano y la independencia como bandera, el rescate de sus bienes otrora sustraídos por trasnacionales, alcanzando una reapropiación y recuperación muy importante de sus recursos a través de la nacionalización de empresas claves como la petrolera, bancaria y telecomunicaciones, por mencionar algunas.

La disponibilidad presupuestaria y financiera que ha tenido el país como resultado, le ha permitido invertir en programas de muchísima inserción social, en educación, vivienda, salud y educación, lo que ha repercutido en una mejora sustancial en los índices de desarrollo humano, reconocido por distintos organismos internacionales como la ONU y sus órganos subsidiarios, OEA, UNASUR y CELAC, entre otros.

En esta línea de atención a la población, hay que agregar que el gobierno venezolano, con la dirigencia y el liderazgo del Comandante Chávez y el Presidente Maduro, han defendido los derechos de los trabajadores, renovando toda la legislación laboral, en función de que los trabajadores tengan salarios justos, garantías de jubilación y pensiones, como un derecho universal de todos los venezolanos y venezolanas.

Así pues, la sumatoria de salarios justos y programas sociales en las áreas de vivienda, educación, alimentación, salud y cultura, financiados con los recursos de las ahora verdaderas empresas venezolanas, conjuntamente con un sistema de cobro de impuestos ordenado y transparente, han dado al salario de los trabajadores y trabajadoras una extensión que les ha permitido mejorar su poder adquisitivo, puesto que han disminuido sus gastos por la aplicación de estos programas, y a su vez ha mejorado su calidad de vida.

No es de extrañar que ante este escenario de pérdida de poder, acceso y manejo a los recursos del Estado venezolano, la oligarquía nacional en alianza con el capital transnacional busque incansablemente su reinserción. El capitalismo en sí mismo como modelo de producción, acumulación y expansión, aspira a través de sus actores sin fronteras, un reacomodo para recuperar su poder en el país, y he allí la actual coyuntura de inflación y escases inducida por la lógica perversa del capital.

Si los detentadores del poder económico no tienen acceso a los recursos, ahora administrados por la Revolución Bolivariana y distribuidos entre las grandes mayorías del pueblo Venezolano (obreros, campesinos, estudiantes, clase media, mujeres de la patria, en fin, los que fueron excluidos durante décadas en la Cuarta República), el capitalismo encuentra a través de la inflación y otros medios como la corrupción, la absorción de esos recursos y a su vez busca el debilitamiento del gobierno para ascender nuevamente al poder.

El bajar la oferta de bienes prioritarios de consumo masivo, el acaparamiento, el contrabando, la “operación morrocoy” en las industrias y empresas de producción, son factores generadores, sin duda alguna, de aumento en los precios. Pero hay que profundizar el análisis y denotar más allá de lo evidente; en los hogares venezolanos un buen número de compatriotas consciente e inconscientemente, se han convertido en pequeños acaparadores, y otra buena porción de compatriotas, se han convertido en nuevos comerciantes de productos subsidiados y no subsidiados, revendiéndolos a altos precios; una nueva cultura de especulación, inducida para generar el caos y la fragmentación se ha desarrollado. Buscar los mecanismos para enfrentarla, es buena parte de la tarea.

Con la cantidad de recursos que recibe la oligarquía, y los que ya poseen, se le hace fácil corromper a los funcionarios faltos de conciencia para obtener divisas, contratos de obras y suministros, y el capitalismo en su lógica y su funcionamiento, está atacando en los puntos más estratégicos para mermar paulatinamente la moral revolucionaria a través del caos y la fragmentación. Ya el principal problema no es defender una política monetaria, como explican muchos economistas, antes bien, en este momento lo prioritario es defender la política económica que beneficia a las grandes mayorías, reforzando los aparatos de inteligencia, de contraloría social, así como los mecanismos operacionales y generadores de valores, moral y conciencia para solidificar, la construcción de la cultura revolucionaria en Venezuela.

Se cuenta con uno de los instrumentos políticos más completos que tiene Venezuela y todo el movimiento progresista en Latinoamericana: un Pueblo Revolucionario con una moral heredada de un líder extraordinario, un partido socialista con altos niveles de organización interna, un Gran Polo Patriótico y unas Fuerzas Armadas probadas e inquebrantables. Se trata entonces de confiar en el gran objetivo de la patria; la tarea es dinamizar todos estos poderosos instrumentos frente a la coyuntura actual.

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