En nada sorprenden las declaraciones del Presidente de Estados Unidos, Barack Obama, difundidas el lunes 9 del presente mes y año, afirmando que “Venezuela es una amenaza para la seguridad nacional de EE.UU.”. Y no puede generar sorpresa la referida declaración, porque si algo caracteriza la política internacional de Estados Unidos es su continuidad. La misma sigue teniendo, como fuente de sustentación, los decimonónicos principios establecidos en la “doctrina Monroe” y el “destino manifiesto”.

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Los venezolanos debemos tener presente que la diplomacia estadounidense ha venido planteando, desde la Asamblea General de la OEA, realizada en Guatemala, en el año 1999, la tesis de adoptar la “diplomacia preventiva”, supuestamente, para reforzar las políticas vigentes en el hemisferio en el campo de la defensa de la democracia. Violan y manipulan el sentido que Naciones Unidas le confiere a dicho término. Para ellos, la “diplomacia preventiva” es una “intervención temprana”, en los asuntos domésticos de los estados.

Recuérdese que George Bush, a quien su compatriota, el anciano escritor Kurt Vonnegut no dudó en calificar como el “más sórdido y patético golpista de opereta que es dable imaginar”, en su primer mandato, puso en ejecución lo que llamó “política de seguridad nacional”, la cual estipulaba, entre sus principios fundamentales, el concepto de “ataque preventivo”, doctrina político-militar, a partir de la cual se pretendía justificar la intervención militar de Estados Unidos contra cualquier otro país. Ella sirvió de fundamento para las invasiones de Afganistán, Irak, Libia, etc.

Frente a la profundización del carácter belicista que acompañó los ocho años de gobierno de George W. Bush, con la elección de Barack Obama, hubo quienes abrigaron esperanzas de que las cosas cambiarían, incluso, se llegó a pensar que los conflictos bélicos podían llegar a ser excluidos, como política fundamental de EE.UU. en las relaciones internacionales. Quienes así pensaban, no lograban entender que entre republicanos y demócratas, la política internacional es la misma, persiguen los mismos intereses. Creyeron que con Obama se produciría una nueva política de acercamiento respetuoso hacia Latinoamérica y el Caribe; el gobierno de Estados Unidos abdicaría de su principal propósito de consolidar a una potencia unilateralista y hegemónica. Ilusoriamente imaginaron un gobierno de Estados Unidos no obsesionado con la seguridad. Hubo quienes creyeron que Latinoamérica no figuraba entre sus prioridades estratégicas; así como también que el fantasma de la guerra había desaparecido.

Cuan equivocados estaban. Estados Unidos no ha logrado recuperarse de la derrota del 11 de septiembre de 2001, de la no aprobación del Área de Libre Comercio para las Américas (ALCA), de la crisis económica que vive desde el año 2007, de su gigantesca deuda externa que tanto lo atormenta y cada vez lo hace más dependiente de China. Ante esta situación, el Presidente Barack Obama, no ha hecho otra cosa que reafirmar el carácter expansionista y de dominación de su política internacional; reforzar el Plan Colombia, estableciendo nuevas bases militares en el continente; ha radicalizado su política anti inmigrantes; ha impulsado y profundizado una concepción de la lucha antiterrorista implementando prácticas terroristas y ha profundizado su oposición a los gobiernos progresistas de Latinoamérica y el Caribe.

Por ello, no debe producir ninguna extrañeza la actuación del gobierno de Barack Obama, contra la Patria de Simón Bolívar. Al igual que su antecesor, George W. Bush, el actual mandatario del imperio se ha planteado como norte impedir la consolidación de nuestra patria, como una nación libre y soberana. Es verdad que nuestra inmensa riqueza petrolera, es la causa principal de tal propósito. Pero no la única.

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