Para ciertos microorganismos de la oposición brasileña, la podredumbre del PT se arregla de golpe. De golpe militar. Ellos creen que después de noquear a Dilma Rousseff con un derechazo, las Fuerzas Armadas les entregarán el poder a ellos para que manden después de hacerles la faena sucia. Aparte de fascistas, ilusos. Y en Venezuela hay  algunos, lamentablemente.

Imagen artículo Vicente López

Son contados con los dedos de una mano mocha los cuartelazos que terminaron en elecciones libres y gobiernos civiles. La inmensa mayoría precedieron a prolongadas dictaduras que no escatimaron sangre para mantener el control, incluida la de algunos de sus patrocinantes. En Argentina, por ejemplo, hubo mucha clase media que le fue a tocar la puerta a los milicos para que se deshicieran de Isabel Perón y también de los subversivos. Algunos de ellos cambiaron de opinión cuando Videla y sus matones fueron también por sus propios hijos, que todavía no aparecen. Eso es lo que no ven quienes, en este país, acarician la idea de sustituir al autoritarismo chavista por el autoritarismo antichavista y pretenden que el Ejército pile el maíz para que el sifrinaje se coma la arepa. Ya los veré esculcando calabozos y morgues. Porque en Venezuela todo el mundo cuenta a un chavista entre sus afectos: un pariente, un amigo, un amante.

La existencia de estos personajes, lejos de asombrarme, corrobora mi tesis: que la raza política venezolana lleva el golpismo en los cromosomas.
Ninguna corriente o partido criollo puede arrojar la primera piedra cuando se habla del pecado de la conspiración.  

¿Quién va a lanzar la primera piedra: el chavismo? Si su mito fundacional está construido sobre el 4 de febrero de 1992. El clamor antigolpista del Psuv y sus aliados nos demuestra que, en política, todo se devuelve. Golpistas ayer, antigolpistas hoy.

¿Quién va a lanzar la primera piedra: Acción Democrática?: pero si llegaron al poder montados en los tanques de oficiales putchistas que derrocaron al primer presidente democrático de la República: Isaías Medina. Y todavía lo consideran una gesta, el nacimiento de la “revolución” que solo conservan en el himno del partido.

¿Quién va a lanzar la primera piedra: Copei? ¿Ellos, que estaban metidos hasta la antena en el derrocamiento del primer presidente elegido en comicios universales, directos y secretos sin importarles que fuera un prohombre como Rómulo Gallegos? ¿Ellos, que fueron a reírle la gracia a Pedro Carmona Estanga el 12 de abril y de paso le pusieron la firma al decreto monárquico del presidente de Fedecámaras a través de uno de sus gobernadores?

¿Quién va a lanzar la primera piedra: Primero Justicia? ¿Los mismos que enviaron a sus dos alcaldes más conspicuos a perseguir chavistas en abril de 2002 y que anotaron a un ministro en el lineup de Carmona?

¿Quién va a lanzar la primera piedra: Un Nuevo Tiempo? Que aparte de heredar de sus padres adecos la devoción por el 18 de octubre del 45 tienen como líder supremo a un exgobernador que le puso la rúbrica al acta de nacimiento del carmonato?

¿Quién va lanzar la primera piedra: El MAS? ¿Un partido que le levantó la mano a los militares de Altamira en octubre de 2002?

¿Quién va lanzar la primera piedra: La Causa R? ¿Qué estuvo comprometida con el 4 de febrero?   

¿Quién va a lanzar la primera piedra: María Corina? ¿Ella, que impecablemente vestida y maquillada firmó la “lista de asistencia Del aquelarre de Carmona?         

Así ha sido nuestra historia democrática, pavimentada por líderes que le rezaban rosarios a la democracia y abominaban de los golpes hasta que alguno les diera la cola hacia el poder, alentados por el hecho de que todos los gobiernos en Venezuela ofrecen una marusa de argumentos para que los tumben. Y Maduro, claro está, se halla lejos de constituirse en excepción. Ahora no sabemos qué puede venir: si el golpe chavista, del que habló Pepe Mujica, el golpe antichavista, que anhela la clase media supremacista con la ilusión de que meta en cintura a la plebe. Y en eso, creo, también pecan de ingenuos. Porque, para bien o para mal, los sectores populares le han comprado al chavismo el cuento del poder popular, así sea una gran estafa. Aquí la gente no va a aceptar sumisamente perder lo que creen han conquistado. En esa lucha habrá muerte y los poderes fácticos mirarán hacia otro lado. Por eso es tan importante que la derrota del chavismo transite el camino de las urnas, pero electorales. De lo contrario, habrá miles de las otras.

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