El pueblo sin estigmas (II)

Dice el Diccionario de la Real Academia Española de la Lengua (2001), que la palabra pueblo tiene su origen en el vocablo latino populus. En la edición de su Diccionario Esencial del año 2006, la Real Academia señala que pueblo, es: 1. Población de menor categoría que la ciudad. 2. Conjunto de personas de un lugar, región o país. 3. Conjunto de personas que tienen un origen étnico común. 4. Gente común y humilde de una población.

Nelson Pineda Prada

En la antigua Roma el populus estaba conformado por los patricios y sus clientes, sector del cual estaban excluidos los plebeyos, quienes conformaban la “plebs”. Alfonso X, El Sabio, de la Corona de Castilla, en el año 1265, afirma en la Partida segunda, de sus Siete Partidas, Titulo X, Ley 1, que: “… pueblo se llama a la gente menuda, así como menestrales y labradores, mas esto no es así, y antiguamente en Babilonia y en Troya, …, pueblo llamaron al ayuntamiento de todos los hombres comunalmente: de los mayores y de los menores y de los medianos, pues todos estos son menester y no se pueden excusar, porque se han de ayudar unos a otros para poder bien vivir y ser guardados y mantenidos”.

Bobbio, Matteucci y Pasquino, en su Diccionario de Política, nos dicen que: “La progresiva estratificación social de la era feudal fue sucesivamente rota, especialmente en Italia, por la organización comunal con base local y ciudadana. Si la primera comuna fue un hecho todavía feudal y altoburgués, con la segunda comuna comenzaron a presionar fuertemente los elementos populares que constituían su base social y querían entrar a formar parte de la estructura política citadina. Nació así el instrumento político que las fuentes definen románticamente como populus, nació el pueblo como organización de un complejo núcleo social, como partido en el interior de la comuna”. Por lo que: “El pueblo terminaba por ser un partido formado eminentemente por pequeños empresarios, comerciantes, artesanos, a los que se ligaban con conspicuos intereses grandes masas populares, pero de los que, sin embargo, se excluían los aportes decisionales y políticos de todos aquellos supposti no inscritos en las artes que constituían una franja de trabajadores meramente dependientes, excluida de toda forma de participación política”. De tal manera que: “A partir de la segunda mitad del siglo XIII en adelante la comuna popular se hizo una realidad determinante y dominante en los centros medios y grandes de la Italia superior y media”, la cual fue perdiendo fuerza en la medida en que los otros estamentos de la organización social fueron imponiéndose a ella y: “El dominus, el señor, excluyo de hecho poco a poco al pueblo de la vida política, que se fue concentrando en un estrecho núcleo de grupos sociales y políticos, cerrados en una aristocracia rígidamente fijada por la norma que se desarrollaba y conservaba sólo por autocooptación. El pueblo volvió a ser así una mera indicación social, realidad subalterna disgregada, sustancialmente excluida de la administración del poder en el señorío, primero, y en el principado, después, presente sólo como masa de maniobra o a través de esporádicos e inconclusos movimientos de rebelión”; y, no sería sino “con el redescubrimiento romántico del pueblo -ya en la clave de una visión política nacional, que hacía coincidir el estado con la nación y por tanto revaloraba todos los componentes de la nación misma– que el pueblo comenzó de nuevo a ser sentido como posible sujeto de la vida política. Pero su desarrollo debía, en concreto, ligarse a los grandes procesos de transformación económico-sociales abiertos por la era industrial del siglo XIX y por la consiguiente formación de grandes partidos políticos populares”.

Torcuato S. Di Tella y sus colaboradores, en el Diccionario de ciencias sociales y políticas, nos dicen que: “El concepto pueblo es ambiguo, y por eso es posible utilizarlo con un sentido equívoco o con un sentido anfibológico en cualquier argumentación o discurso. Tiene connotaciones antropológicas, etnológicas, políticas, psicológicas e históricas que no han sido sistematizadas interdisciplinariamente; cuando ello se produzca tendremos un concepto polisémico cuyas variaciones de sentido serán previsibles”. Y, teniendo presente que: “Los fundadores de la sociología (Conte, Marx, Durkhein) tomaron como unidad de análisis la sociedad industrial, dividida en clases sociales, unificadas por los elementos del mercado capitalista. El paradigma de la sociología naciente fue universalista, progresista e industrialista lo cual llevaba a considerar que los conceptos de pueblo, raza, comunidades primarias, formaban parte del mundo antiguo, de la sociedad tradicional. De este modo, la idea de pueblo quedo en manos de los románticos, de los conservadores y de los movimientos localistas”. Pretensión con la cual el pensamiento universalista, unido al individualismo occidental, se proponían decapitar a la sociedad de su sujeto fundamental: el pueblo. Objetivo que lograron con cierto éxito, el cual encontró en las formulaciones teóricas de Durkhein, de considerar la identidad colectiva como una forma de conciencia social. Definida, por el marxismo, “a partir de la situación social de los diferentes actores: burgueses o trabajadores, explotadores o explotados. O sea, se impuso la idea de que la conciencia de clase es la conciencia real”. Señalan, asimismo, que: “Siguiendo el paradigma teleologista de Aristóteles, algunos ven la conformación de un pueblo como el desemboque natural de la socialidad. En este sentido es que se toma la idea de pueblo como una ‘unidad orgánica´. En el romanticismo alemán y en el nacionalismo se unifican el impulso vital y la identidad cultural para concebir al pueblo como un sujeto real y trascendente a cualquier otra realidad. Para los historiadores y antropólogos, acostumbrados a los estudios comparativos, la identidad colectiva ‘pueblo´, si bien es una constante de las sociedades humanas, aparece ligada a elementos diversos (religiosos, culturales, políticos, sociales). Por lo tanto, no permite afirmar que sea una unidad permanente, igual a sí misma y trascendente a las circunstancias”. En ese sentido: “Si analizamos fenomenológicamente el mundo actual veremos que si una parte de la civilización define a la sociedad por las interacciones individuales (el mundo occidental), los otros sistemas la definen por las identidades colectivas tales como el Estado, la nación, la religión, la cultura. Coexisten pues dinámicas diferentes y contradictorias”.

Pues bien, avanzar en la construcción de una concepción distinta del pueblo, es una tarea pendiente para la ciencia social de éste tiempo y para éste tiempo. Tarea que debe partir de una real comprensión de que el pueblo tiene su propia forma de comunicarse, su propio idioma; de que él, en sí mismo, no es un peligro, por tanto no debe seguir siendo alejado, colocado distante de las esferas de la toma de decisiones; debe tenerse presente que el pueblo, no puede seguir siendo considerado con desdén, desde una perspectiva de superioridad; hay que convencerse de que el pueblo, no puede ser visto desde una perspectiva reduccionista, ya que éste como hacedor de cultura es lo más amplio, lo más heterogéneo, lo más diverso y a su vez lo más único que existe sobre la faz de la tierra; se trata, en definitiva, de entender que el pueblo es el sujeto fundamental de la sociedad y, por tanto, al excluirlo se esteriliza y decapita la sociedad; de entender que en las sociedades, en su permanente estar haciéndose, el pueblo es insustituible, no puede ser metamorfoseado; ya que, por muy poderosas que sean las razones políticas, económicas, sociales e incluso de carácter ético y moral, ninguna otra palabra, categoría o concepto puede sobreponenerse al pueblo para sustituirlo, cuando ello ocurre las sociedades quedan en la más absoluta orfandad. Decimos, entonces, que Pueblo es la facultad que tienen los seres humanos de verse representados en el mundo que lo rodea, y, a su vez, representarse a sí mismo en dicho mundo. Es a lo que se ha llamado como “conocimiento representativo”, el cual es adquirido a través de los sentidos y por los conceptos que elabora en el desarrollo de su pensamiento. Pues bien, ese mundo, es el entorno social en que se desarrolla la actividad humana, la acción social de los seres humanos; de lo cual, Weber (1969) ha dicho que “es una acción en donde el sentido mutado por su sujeto o sujetos está referido a la conducta de otros, orientándose por ésta en su desarrollo. …”, acción a partir de la cual el pueblo construye su “sistema social”. Sistema social que es a la vez un sistema político, económico, cultural, jurídico, religioso, sociológico, técnico, etc., en el cual el pueblo es el actor fundamental de la vida social de dicho sistema.

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