La industrialización sustitutiva

La industrialización sustitutiva

A partir de la crisis de 1929 comienza a plantearse, para las economías periféricas, un nuevo modelo de división internacional del trabajo. El mismo tendrá una orientación, en cuanto al sentido y destino, de la dinámica acumulativa y la manera de relacionarse con el sistema capitalista mundial. Ahora bien, tal y como hemos venido señalando a lo largo de este trabajo, puede afirmarse que el proceso real de industrialización en América Latina es un proceso inducido desde las economías centro, lo que determina que desde su propio nacimiento se corresponda más con los intereses de estos países desarrollados. Se trata, pues, de que frente a la crisis del modelo primario exportador, la salida que encuentran las economías centrales estarán dirigidas a estimular el proceso de crecimiento hacia adentro a través de la sustitución de importaciones en los países periféricos.

En ese sentido, el proceso sustitutivo no es más que una respuesta a la crisis de un modelo de crecimiento generado en las propias entrañas del sistema capitalista. De tal manera que, éste no debe ser concebido sino como parte de un proceso puesto en marcha por el capital internacional, y que -en el caso venezolano- encontrará en la explotación petrolera y en el desarrollo ulterior del Estado, con el inmenso poder financiero generado por ella, la manera de encaminar al enriquecimiento y aburguesamiento de la clase dominante, el surgimiento de una clase asalariada y sectores medios de la población, constituyendo éstos los elementos que, desde el punto de vista interno, estimularán la industrialización sustitutiva.

En función de lograr este objetivo, el Estado comienza a poner en práctica políticas tendientes a superar el atraso de la producción agrícola, puesto que ella constituía un freno sobre el desarrollo: “Las transformaciones en la agricultura se sintetizaron en un proceso complejo de progresiva disolución y modificaciones de la agricultura orientada al mercado interno, con nuevas formas de funcionamiento…”.

Estas transformaciones que se producen en la, actividad agrícola nacional son fundamentales puesto que, como es sabido, el estancamiento del sector primario de la economía limita el crecimiento industrial al no facilitar su diversificación, así como tampoco permite la expansión del mercado interno para la colocación de productos manufacturados. Si partimos del hecho de que el proceso de industrialización es, en su génesis misma, un proceso sustitutivo de importaciones con la intensión de ahorrar divisas, entonces éste debió ser propulsor de grandes cambios tecnológicos y estructurales de la producción.

De ello se desprende que nuestro país al no presentar balances desfavorables en nuestra balanza de pagos, sino más bien presentando cada vez mayores ingresos en su PTB, producto de la renta petrolera, podía acudir con holgura al mercado internacional para adquirir, por vía de importaciones, productos manufacturados, ello, como es lógico suponer, nos haría más dependientes del mercado externo.

Pues bien, esa condición privilegiada que tenía nuestro país pudo constituir el punto inicial para el establecimiento de un verdadero proceso de industrialización, pero hay que tomar en cuenta factores internos como la no existencia de una burguesía industrial, propiamente dicha, ya que es el capital comercial, en estrecha relación con el internacional, el que impulsa la actividad manufacturera y eso se vio estancado en nuestro proceso industrial nacional. Es la importación de equipos e insumos industriales altamente sofisticados, lo cual era inmensamente lucrativo, lo que determina que nuestro proceso industrial sustitutivo no sea más que la continuación de la actividad importadora y en tal sentido establezca como factor predominante una “industria ensambladora”.

Ello, evidentemente, da lugar a establecer la siguiente afirmación: en nuestro país, producto de las marcadas diferencias socioeconómicas de la población, se determinaba que en los marcos de la estructura social se produjera una notable y creciente demanda en los estratos altos de la sociedad al consumo de costosos y variados productos manufacturados, ello habría de incidir en que el tipo de industrias que se instaló fuese excesivamente fragmentado, diversificado y sofisticado, lo cual determinó que el proceso industrializador no alcanzara niveles de optimización. Distinto hubiesen sido los resultados de éste si el propósito a lograr hubiese sido producir para el consumo masivo. Otro de los elementos que podemos destacar, es que el mismo no se planteó la posibilidad de generar un excedente productivo para la comercialización externa, por lo que el modelo de “crecimiento hacia adentro”, a partir de la industrialización por sustitución de importaciones, no logró cumplir los objetivos planteados.

De este proceso, D.F. Maza Zavala decía: “La falta de integración del aparato productivo interno ha obstaculizado gravemente el avance del proceso de industrialización y ha hecho prácticamente una frase vacía eso de la industrialización sustitutiva de importaciones”.

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