En una nota publicada por la agencia PIA (Periodismo Internacional Alternativo) de Argentina, titulada “Siria exigió en la ONU el fin de la injerencia extranjera que apoya a los “rebeldes”1, se recogen dos elementos bien importantes para el análisis de la situación a la que están tratando de llevar a la revolución bolivariana en Venezuela. Uno es la descarada injerencia de Estados Unidos en la política venezolana, y el otro es la práctica del terrorismo en el conflicto desatado por sectores de la oposición a partir del 12 de febrero.

El ministro de Relaciones Exteriores de hermano pueblo sirio, Wallid al – Moallem, en una parte de su intervención en la 67° Sesión de la Asamblea General de la ONU, denunció que “El terrorismo cuenta con apoyo exterior y está acompañado por una provocación mediática basada en el extremismo religioso patrocinado por Estados bien conocidos en la región para facilitar el flujo de armas, dinero y combatientes desde las fronteras de países vecinos”, y acusó a Qatar, Arabia Saudita, Turquía, Estados Unidos y Francia “de apoyar claramente al terrorismo en Siria con dinero, armas y combatientes”.

Este conflicto, que comenzó en 2011 como una lucha de sectores opositores al gobierno del presidente Bashar al – Assad en nombre de la libertad y en contra de la dictadura, se ha transformado en un aquelarre terrorista con el trágico saldo de asesinatos, masacres, saqueos y sabotajes contra la infraestructura del país.

Más allá de los llamados al diálogo dentro y fuera de Siria, las acciones de los grupos terroristas se han intensificado y el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas aparece inerte ante los actos terroristas en Siria, ya que algunos de sus miembros respaldan abiertamente esas acciones.

Estados Unidos nuevamente manipula al Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas y promueve la desestabilización de un gobierno elegido por el pueblo, a fin de concretar sus planes para la región.

En Venezuela los niveles de desestabilización no llegan a la intensidad de los de Siria, pero pareciera que las intenciones imperiales fueran en esa dirección, ya que el entramado de relaciones que se aprecia en el “momento venezolano”, habla de su involucramiento en el conflicto y de la intervención de elementos mercenarios extranjeros, en este carrusel de muerte y destrucción, desatado el 12 de febrero de este año.

La injerencia de Estados Unidos y sus aliados en la OEA, la distorsión informativa de los medios internacionales sobre la situación política que vive Venezuela, y la incursión de mercenarios extranjeros con una metodología terrorista, ajena al accionar de los sectores de oposición en conflictos anteriores, salvo en el golpe de Estado de abril de 2002, cuando los francotiradores, en su mayoría paramilitares colombianos, actuaron contra los manifestantes pro-gobierno y de oposición el 11 de abril, nos hablan de un libreto externo hacia la realidad venezolana que en el marco de ciertas similitudes con el libreto hacia Siria nos deben poner alertas y reflexivos.

Consignas como “Maduro vete ya”, o “Fuera Bashar al – Assad”, no son un llamado al diálogo y a la reconciliación, o una invitación a la democracia, son, como lo demuestran los hechos, un llamado a golpear las puertas del infierno.

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here