Especialistas debaten sobre la Guerra Mediática

0
114

Orlando Romero Harrington, director de gestión comunicacional de la ELAM

El especialista en guerra digital sostiene que la “guerra mediática” obedece a una técnica de Estados Unidos para fraguar golpes de estado, con mayor eficacia y menor costo económico.

ORLANDO R

Basado en los principios de la guerra psicológica como el punto de partida para comprender lo que se ha denominado “guerra mediática”, el director de Gestión Comunicacional de la Escuela Latinoamericana de Medicina, Elam, Orlando Romero Harrinton, desglosa, en detalle, las razones por las que, a su parecer, es incuestionable la presencia de una guerra mediática en contra del Gobierno venezolano.

¿Qué es una guerra mediática?

Las agresiones mediáticas tienen como objetivo principal desestabilizar a algunos gobiernos opuestos a las líneas del atacante o, simplemente, sustituir a líderes políticos con base en el uso de los medios como herramientas para ideologizar a la nación en cuestión.

La base principal de la guerra mediática es la guerra psicológica, que es una de las tantas maneras de hacer guerra. Recordemos que la doctrina militar del mayor imperio conocido por la humanidad, que es el imperio norteamericano, ha mutado en sucesivas etapas del tiempo.

En esta época contemporánea, la doctrina militar de Estados Unidos ha pasado de ser una doctrina que implicaba el uso de armas de alto calibre, movilización de tropas, instalación en otros países, uso excesivo de la fuerza, a operaciones psicológicas. Aunque la estructura económica norteamericana es el negocio de las armas, estamos hablando de movilizaciones e incursiones bélicas que dejan mal parado al gobierno de turno en ese país. Esto ha generado que la doctrina militar actual de Estados Unidos maneje la operación psicológica como una manera menos riesgosa y más efectiva al momento de producir una operación bélica, básicamente, cuesta muchísimo menos.

¿Existe una guerra mediática actualmente en Venezuela?

Si nosotros abordamos el tema de la guerra mediática como un fenómeno al cual hay que estudiar, analizar y responder de manera oportuna y efectiva, nadie puede negar que en este momento en Venezuela existe una guerra mediática, una guerra psicológica desde la aparición de Chávez en el poder, que está utilizando todos los recursos financieros posibles y que responde, además, a una doctrina militar estratégica de Estados Unidos que es oficial, que está en cualquier documento.

¿Está de acuerdo con el concepto que afirma que son los grupos de poder los que dominan los medios de comunicación?

Sí, claro. Los grupos de poder son colectivos de organizaciones que unifican intereses, no solo económicos, sino políticos y sociales, porque pueden responder de manera más efectiva en la competencia del mercado. Es allí, cuando los intereses de esos grupos, marcan las pautas y directrices que deben jugar en los medios de comunicación, en la difusión o no de determinados hechos.

Imaginemos un oligopolio de comunicaciones, una transnacional comunicacional, por ejemplo, el Grupo Prisa, que es de la familia Polanco de España, que es el gigante europeo en cuanto a comunicaciones, tiene asociaciones con empresas en diferentes parte de Europa, una de esas empresas tiene asociación aquí con el grupo Unión Radio, por ejemplo. ¿Habrá coincidencia con la posición de Unión Radio en los últimos 15 años, con la posición del Grupo Prisa en contra del Gobierno venezolano? Claro que sí. Estos oligopolios, son la expresión más sublime de la unión de muchas empresas comunicacionales. Un solo dueño va adquiriendo de manera progresiva radios, revistas, periódicos, blogs, críticos, opugnadores de oficio, reporteros, les va comprando la conciencia con su poder, con su influencia.

¿Estos oligopolios se dan tanto con empresas privadas como con el Gobierno?

Hay una diferencia muy importante. Una de las características de estas transnacionales de la comunicación es que están conectadas a redes financieras. Que los medios de comunicación, los oligopolios, estén conectados con redes financieras, ya es alarmante, porque si controlan la comunicación y controlan la plata, no la tenemos fácil.

Ahora bien, el Gobierno en Venezuela cuenta con el Sistema Bolivariano de Comunicación e Información, SIBCI, la diferencia entre el SIBCI y los oligopolios es del cielo a la tierra. El SIBCI, tiene muchas debilidades, porque nació en resistencia, dentro del fragor de la batalla mediática y carece de la profundidad, del análisis, porque se encuentra en un estado de emergencia. Tiene que decidir día a día entre lo importante o lo necesario, tiene decidir entre mostrar los logros o atacar el problema y mantener una línea con todos los valores. Son dos aproximaciones al mundo totalmente diferentes; primero, porque la perspectiva de los oligopolios comunicacionales tiene un fin inmediato, que es obtener dinero, porque es una estructura capitalista. Nuestro sistema está defendiendo una revolución democrática que busca cambiar al mundo, pero para cambiar al mundo, tiene que mantenerse, resistir.

¿Se puede informar actualmente sin ser etiquetado por algún grupo?

Es imposible. La independencia de la información es un intento por establecer una vía de opinión que puede ser rechazada por las dos partes, porque en Venezuela no se está en un momento de relajamiento, se está en un conflicto mediático psicológico pre-bélico. Ahora, el periodista debe ser independiente, el ejercicio es individual. No obstante, si nos aproximamos a la realidad de manera determinada, efectiva y la mostramos como debe ser, usted no va a tener problemas, pero va a ser torpedeado por ambas partes, porque estamos en conflicto y muchas veces la verdad es incómoda para cualquiera de los dos lados.

Sin embargo, el periodismo que dice la verdad, que se enfrenta al poder venga de donde venga, claro que es necesario, tiene que ser la bandera de cualquier periodista, pero también tiene que entender que se encuentra en una nación que está en plena batalla comunicacional y allí entra el compromiso individual.

¿Que se pueda hacer periodismo independiente, de centro? Se ha hecho, y se está haciendo. Quizás no se ha generado un periodismo que permita la credibilidad de ambos bandos, sí, es verdad. ¿No hay una línea editorial que responda a la necesidad del pueblo venezolano de informarse correctamente?, sí, hay problemas en eso.

Tras lo sucedido con las afirmaciones del diario ABC en contra de Diosdado Cabello, ¿considera que este medio responde a una guerra mediática en contra de Venezuela?

Claro, basta revisar la historia del ABC a nivel periodístico contra Venezuela, para comprender que existe una percepción negativa de Venezuela en ese periódico, pero no es el único. Para 2008, el ABC era el cuarto periódico que más nombraba a Venezuela en España, según un estudio realizado por investigadores del Minci, porque para la época la guerra mediática arreciaba, la encabezaba el Grupo Prisa.

Haciendo un análisis del estudio de la fuente, Se encontró que en el ABC 33.5% de las noticias no tenían fuente, es decir, eran noticias anónimas, el 22.8% tenía una sola fuente, una sola persona afirmaba ciertas informaciones de Venezuela y ninguna de esas fuentes tuvo réplica. Si usted hace un análisis de las informaciones emitidas hasta la fecha, se dará cuenta que el 78.5 por ciento de la información que genera el ABC sobre Venezuela, es negativa.

El Grupo Vocento, en especial el ABC, ha sido caracterizado siempre en España como un monárquico ultraconservador con tintes fascistas, por su apoyo a líderes fascistas en el planeta entero. ¿Cuáles son los intereses políticos? Obviamente, el grupo Vocento se encuentra detrás de las manipulaciones informacionales acerca de la situación financiera del país. Es de nada más y nada menos que de la familia Ibarra española, de corte aristocrático, que tiene intereses en Europa y América Latina.

Pablo Antillano, profesor de Comunicación Política

Para este catedrático, la guerra mediática es un concepto metafórico que actualmente es utilizado para generar la idea de combate en una sociedad que vive en una constante confrontación de ideas. Responde a la necesidad de crear relatos con héroes y culpables externos

Pablo Antillano, profesor de Comunicación Política

El profesor y consultor comunicacional Pablo Antillano sostiene que el término “guerra mediática” proviene del mundo militar. A su juicio, si bien es cierto que existen las élites que controlan diversos espacios del mundo de la información y compiten entre sí, el tiempo ha demostrado que tener dicho poder no significa ejercer el control sobre la opinión pública.

¿Qué es una guerra mediática?

La palabra guerra es una palabra heredada del mundo militar. En el mundo de las comunicaciones, desde hace mucho tiempo se viene utilizando un lenguaje muy militar. Seguramente usted recordará la llamada Guerra de las Colas, que no tenía nada de guerra, pero aludía al combate. Se utiliza un lenguaje muy vinculado a lo militar. Eso no significa que se deba hacer una lectura literal.

Sí, es verdad que hay obviamente una confrontación de ideas, un encuentro, una competencia. Algunos conceptos totalitarios de comunicaciones hablan de hegemonía comunicacional, que es el sueño del control total de los mensajes, de la cultura y de los medios. En las democracias no hay solo dos partes compitiendo, sino que hay muchos productos. En las sociedades polarizadas, como la nuestra, hay una confrontación entre maneras de ver el mundo, entre conceptos y metafóricamente se habla de guerra.

¿Existe una guerra mediática actualmente en Venezuela?

Entre los estudiosos de la comunicación moderna y de la publicidad, está en boga la idea del “Story Wars”, que es la confrontación entre relatos. Por ejemplo, eso del héroe que enarbola una espada y representa al mundo de América Latina y viene a salvar a los pueblos de un enemigo poderoso, que es el imperio, es un cuento. Esta confrontación, podría ser concebida como una batalla entre dos narrativas y, en ese sentido, sí, hay un enfrentamiento entre dos grandes relatos que tratan de interpretar la vida de los ciudadanos.

¿Está de acuerdo con el concepto que afirma que son los grupos de poder los que dominan los medios de comunicación?

Sí, claro. Eso está relacionado con el estudio que se viene haciendo hace mucho tiempo sobre las élites. Estas son de distintos tipos: económicas, militares, intelectuales y políticas. Las élites intentan controlar distintos instrumentos, entre ellos, los medios. En Venezuela, en estos momentos, hay una batalla de élites, la más poderosa está en el Estado. Es una gente muy rica, que se ha apropiado del erario público, que controla, sin arriesgar su propio dinero, muchos medios de comunicación.

Obviamente, siempre han existido élites que controlan los medios, los aparatos y probablemente los mensajes que usan esos aparatos como plataforma, pero eso no significa que manejen la opinión pública. La prueba está en que en muchos países los medios no han logrado persuadir a la población que vota.

Anteriormente, en lo que ellos (el Gobierno) llaman la cuarta República, había élites: los Cisneros, los Granier, los Phelps, etc. Sin embargo, controlar los medios no significa controlar la opinión y la cultura.

¿Estos oligopolios se dan tanto con empresas privadas como con Gobiernos?

Sí. Venezuela es como un laboratorio, como un escenario para los estudiosos de los medios de comunicación. Aquí los medios más grandes fueron comprados por el Estado, por la gente afecta al Estado. Obviamente, estamos en camino a ser una hegemonía monopartidista, una democracia no pluralista. Entonces, hemos visto que hay una élite muy rica. Nunca ha habido una élite tan rica en Venezuela como la que hay ahorita, que están controlando medios y a todos los organismos del Estado. Sí, hay que hablar de esta élite que está en el Estado, de esta élite gubernamental.

¿Se puede informar actualmente sin ser etiquetado por algún grupo?

No creo. La sociedad está muy polarizada, pero eso no es un tema de los periodistas, ese es un tema de la familia. Usted llega a casa de los parientes y dice cualquier cosa e inmediatamente es etiquetado, porque la sociedad ha sido polarizada, había interés en polarizarla, en crear unos buenos y unos malos, en despluralizarla. No se preocupe tanto usted con eso de que a los periodistas los etiqueten, ese no es el problema más grave. El problema más grave es que los familiares, las personas en la calle, somos etiquetados.

Tras lo sucedido con las afirmaciones del diario ABC en contra de Diosdado Cabello, ¿considera que este medio responde a una guerra mediática en contra de Venezuela?

Es muy difícil separar las informaciones de estos periódicos de lo que hemos venido conversando sobre polarización. Hay unos periódicos en Europa que, por el contrario, dicen que este es un mundo sumamente transparente y pulcro.

No me extrañaría que el ABC esté alineado con uno de los sistemas de la polarización. Aquí habría que esperar si eso es verdad o es mentira. Los que niegan, también están en campaña.
Si un periódico internacional hace una acusación como esa, lo correcto sería que los organismos que tienen que investigarlo, lo hagan. Si es una mentira de un periódico, tiene que haber un organismo no mediático que investigue y despeje la duda. No puede ser que todo se reduzca a una batalla de periódicos, de medios.

“Más viejo que el agua tibia”

Pablo Antillano, quien además de profesor es consultor comunicacional, expresa que la costumbre de conseguir culpables para justificar los fracasos no es un hecho propio del caso venezolano.

Esto es más viejo que el agua tibia. Usted verá que ahorita Putin en Rusia está culpando a los norteamericanos de su gran fracaso, este país que pudo haber sido una gran potencia, entonces culpa a Occidente de su tragedia, puntualizó.

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here