Con motivo de celebrarse el día del periodista, muchas son las opiniones y reflexiones que se hacen en relación al rol de este profesional de la comunicación, como pieza fundamental del devenir cotidiano de nuestra sociedad. Informar oportuna y verazmente es el mínimo exigido a quienes ejercen la profesión, además de ser requerido que su trabajo contenga los últimos datos, anuncios e impresiones sobre los hechos. El periodista debe competir en la salvaje autopista del ciberespacio, produciendo y manejando las “redes sociales”, si acaso no fuera bastante ya el trabajo cotidiano de levantar y procesar información de primera fuente. Pero además se le suele exigir que la información esté desprovista de cualquier dejo de subjetividad, de cualquier pasión, queremos que nos informen, pero no que nos analicen la noticia, aunque si no lo hacen seguramente concluiremos que están omitiendo algo “importante”. Finalmente, cuidar todas y cada una de las palabras a utilizar para no herir ninguna susceptibilidad debe nutrir un vasto vocabulario que permita llegar a los más diversos públicos hambrientos de información. Como si no fuera suficiente, el periodista es como pocos “garante del buen funcionamiento de la democracia”, puesto que si informa bien permitirá advertir los errores y desviaciones de las instituciones que componen al sistema, claro está, siempre y cuando lo que informe no se interprete como un ataque al sistema. En definitiva, mantenerse en la línea de lo que todos esperan sea un buen periodista pareciera misión imposible. De hecho, lo es. No hay forma, en la coyuntura pasada y actual, que el ejercicio de la profesión satisfaga a todos por igual. El periodismo, como pocas otras profesiones, está sometido a una guerra sin cuartel en nuestra sociedad contemporánea. Por eso reivindicar su ejercicio va más allá de simple retórica, se trata de un proceso de reinvención permanente, que permite conjugar los cambios sociales y tecnológicos con principios éticos, en una sociedad que hace rato puso todo en tela de juicio. Por cierto hace pocos días se celebró el día del abogado, a nadie escuché exigir al gremio que vigile su accionar para garantizar la democracia o mejorar el sistema penal o simplemente para agilizar la burocracia pública y privada corrupta que carcome al país. En resumen, así como al periodista se le exige su adecuación a los nuevos tiempos, el resto de la sociedad debe apuntar a convertirse también en un profesional del siglo XXI.

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