Cada 2 de noviembre, Día de los Santos Difuntos, se oye retumbar en todos los rincones de la entidad aragüeña La Llora, una manifestación coreográfica y folklórica que nació en la población de Zuata, parroquia del Municipio José Félix Ribas, pero que hoy no solo pertenece a esta humilde parroquia situada a 88 kilómetros de la capital venezolana, sino que se ha vuelto un auténtico tesoro nacional.

Algunos niegan que este baile tenga que ver con llanto o culto a los difuntos. Sin embargo, hay quienes lo vinculan a costumbres mortuorias, no solo por la fecha en la que se celebra, sino también debido a su nombre: La Llora. Incluso, coreográficamente hay elementos relacionados a las formas de comunicación indígena durante eventos espirituales: como bailar de manera circular y finalizar cada pieza con el típico grito guerrero indio. Y es que La Llora es una antigua ceremonia de nuestros pueblos originarios que ha sido enriquecida a lo largo del tiempo.

De modo que La Llora no es un simple baile. Es Patrimonio Cultural de Aragua y el doctor Germán Fleitas Núñez, cronista de la jurisdicción ribense, nos explica sus orígenes y nos da la clave para apreciar la profunda belleza de este baile ancestral.

“El origen de La llora, como el de casi todas las manifestaciones culturales de Venezuela, es producto del mestizaje. El hombre venezolano de hoy en día es una mezcla de tres etnias fundamentales: los primitivos habitantes de este valle, más el aporte de los europeos y de los africanos. Todos nosotros somos una mezcla de los tres. Y esa es mezcla de mezclas, porque los africanos que vinieron aquí tenían ya tres siglos mezclándose allá en su tierra de origen. Y las comunidades indígenas que estaban aquí, en el territorio que ahora es Venezuela, también tenían 3 siglos mezclándose por sucesivas oleadas e invasiones. Y por supuesto, los españoles tenían mil años mezclándose. Primero, con las invasiones que le cayeron a la península y después hay que recordar que los árabes estuvieron 800 años metidos allí”, explica el historiador: “Por eso es difícil determinar nuestra identidad y no es válido identificarse con uno solo de los afluentes diciendo: yo soy descendiente del negro tal, o de Guaicaipuro o de Diego de Lozada. No. Nosotros somos una mezcla de todos; y que no se nos olvide que tenemos también: 2 padres, 4 abuelos, 8 bisabuelos, 16 tatarabuelos, 32 choznos y 64 rechoznos. O sea que apenas en 6 generaciones tenemos 64 ascendientes y nadie puede decir que los 64 eran negros, indios, blancos, buenos o malos. Eso es lo primero que hay que admitir”.

Prosigue añadiendo: “El Libertador, que fue un gran sociólogo, decía que ya no somos ni indios ni europeos, sino una raza nueva, un crisol de razas, somos el punto equidistante entre América, España y África. Por eso todos somos: café con leche; unos más leche y otros más café. Así es el pueblo venezolano (…) Ahora bien, así como hubo una mezcla de sangre, de religión y de arte culinario, también hubo una mezcla de música. El joropo es un resumen de la música española, africana e indígena y en donde más se ve esa rica mezcla es en La Llora”.

Paso a paso

Hombre que baila La Llora debe estar vestido de camisa y pantalón blanco, alpargatas, sombrero y un pañuelo rojo en el cuello; mientras que toda mujer que baila La Llora debe lucir una falda ancha floreada con blusa blanca de faralao y una flor de cayena en la cabeza. Esta es la primera regla.

Lo que a continuación se requiere es la disposición de bailar 7 piezas seguidas, que son una mezcla de joropo, vals, merengue y golpe: La Sambainina, La Vaca, El Oso, La Chispa, El San Juan, La Magdalena, El Palito y el Aguacerito de Dios.
Este pasaje rítmico tiene una duración de 5 a 8 minutos. Sin embargo, cuando la rumba está “prendida” puede extenderse por hasta 15 minutos.

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