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Tenía 24 años cuando me dieron la noticia. Era diabética, tipo 2. Aquel diagnóstico me cambió la vida. Tanto, que estuve en terapia psicológica para poder enfrentar el reto de cambiar los hábitos alimenticios que practiqué desde que tenía uso de razón. Siempre fui gorda y aunque trataba de rebajar y de hacer dieta, la comida para mí era un vicio. Pero ahora tenía diabetes y mi salud dependía de enfrentar esa compulsión por la comida chatarra, por los dulces y por la cerveza, que se había vuelto parte de mi vida, como joven al fin. Las consecuencias que podría vivir, desde amputaciones hasta un infarto, siempre rondan mi cabeza. Pero la que más me preocupaba era la relacionada al envejecimiento acelerado del aparato reproductor. Yo pensé que no podría tener hijos. Por fortuna tuve 2 niñas. Ambos embarazos fueron de alto riesgo. El segundo mucho más. Me hicieron cesárea y la herida no cicatrizaba, además me compliqué con problemas en los riñones y me operaron, estando encinta, 7 veces. Mi nena más pequeña es un milagro. Sin embargo, las personas prediabéticas y las sanas en general podrían ahorrarse todos estos riesgos. Cuando estamos sanos y escuchamos hablar sobre la diabetes siempre pensamos que eso jamás nos pasará. Pero sí pasa y uno no termina de acostumbrarse nunca. Las infecciones urinarias son parte de mi vida, los ataques de sed y hasta de hambre, la ansiedad, la falta de energía. Yo me he quedado dormida en el trabajo, frente a la computadora y no es por flojera, es porque se me dispara el azúcar o a veces se me baja. Por fortuna, no soy dependiente de la insulina. Con buena alimentación y medicinas me controlo. Pero la diabetes es una esclavitud. No dejes que la vida te ponga ese pesado grillete.

Aunque esa fue la historia de Marien Fernanda Pérez, quien hoy en día tiene 32 años, en realidad hay 382 millones de personas en el mundo que padecen esta misma enfermedad. Lo peor es que se estima que para 2035, 592 millones de seres humanos –lo que es igual a 1 de cada 10 personas- sea diagnosticada con diabetes. Incluso, las estadísticas alertan que en la actualidad 316 millones de ciudadanos y de ciudadanas corren el riesgo de ser una víctima más de esta dulce enemiga y la cifra podría ascender a 50 millones al transcurrir una generación, lo que corrobora el carácter amenazante y voraz de esta pandemia.

Este 2014, en el marco de la celebración del Día Mundial de la Diabetes, conmemorado cada 14 de noviembre, la Organización Mundial de la Salud conjuntamente con las naciones de todo el planeta, dedicarán la nueva campaña a impulsar la alimentación sana, haciendo énfasis en promover desayunos saludables.

Y es que siempre se ha dicho que el desayuno es el alimento más importante del día. “Desayuna como un rey”, reza un viejo proverbio. Sin embargo, nutrólogos y dietistas advierten que si se crea conciencia sobre la necesidad de sustituir las empanadas, arepas fritas, cereales y yogures azucarados, cachitos y jugos con azúcar refinada por pan integral, frutas, nueces y huevo –por citar algunos ejemplos-, se reduciría la carga mundial de diabetes y se ahorrarían miles de millones en pérdida de productividad y costes sanitarios.

Así pues, este año el reto es crear conciencia sobre desayunar saludablemente para reducir la carga mundial de diabetes, o lo que es igual, para proteger la vida, la salud y el futuro no solo individual sino familiar. En este sentido, la OMS impulsará 3 mensajes claves, que son los siguientes: primero, una alimentación saludable comienza con el desayuno; segundo, hagamos que comer sano sea la opción más fácil y tercero, infórmate sobre el tema y decide.

Precisamente, en lo que a información se refiere, te presentamos el ABC de la diabetes.

¿Qué significa tener Diabetes?

Tener diabetes significa que tu cuerpo no produce la insulina suficiente o no la utiliza de forma adecuada. La insulina es una hormona producida por una glándula ubicada cerca del estómago llamada páncreas. Tu cuerpo la usa para transportar la glucosa desde el torrente sanguíneo hasta las células. Cuando tienes diabetes, el azúcar no es transportado correctamente a las células, por lo tanto, una gran cantidad permanece en el torrente sanguíneo. Esto se llama hiperglucemia o nivel elevado de azúcar en sangre.

El azúcar es el combustible que todo cuerpo necesita para realizar las actividades de rutina, incluso, las más básicas como respirar, leer, caminar o correr. Y toda la comida que consumimos es convertida en un azúcar, denominado glucosa.

Visualizando un poco el complejo sistema, podríamos decir que el páncreas es como un grifo que continuamente va liberando insulina en la sangre y que cuando comes, por ejemplo, la glucosa aumenta en el torrente sanguíneo y el grifo debe liberar más insulina. Los valores normales de glucosa en sangre oscilan entre 70 y 100 mg/dl.

Todas las personas, aunque no tengan diabetes, necesitan insulina las 24 horas del día de forma continua y variable, aunque no se necesita la misma cantidad a toda hora.

La diabetes pasa factura…

La diabetes no es una enfermedad mortal si se controla y se trata adecuadamente. Pero si no, sus consecuencias pueden ser terribles. Y es que además de generar arterosclerosis, hipertensión arterial, miocardiopatía, infartos, padecimientos digestivos y sexuales, obesidad, complicaciones oculares –desde glaucomas y cataratas hasta retinopatía diabética-, problemas en los riñones, daños en los nervios, gangrena, perforaciones agudas del paladar y demás complicaciones dermatológicas, los últimos estudios epidemiológicos han demostrado que está relacionada al cáncer de forma fehaciente. Especialmente, se vincula la diabetes tipo 2 con diversos tipos de cáncer, entre ellos tumores de hígado, mama, colon, endometrio, páncreas, vejiga, y linfoma no-Hodking.

Diabetes tipo 1 vs. diabetes tipo 2

Los pacientes diabéticos suelen cargar con el estigma de si son víctimas de la Diabetes Mellitus tipo 1 o de la Diabetes Mellitus tipo 2.
La primera, se refiere a los insulinodependientes. En esta forma de diabetes, presentada entre la infancia y la adultez joven, el páncreas es incapaz de producir insulina ya sea porque las células encargadas de ello están dañadas o son incapaces de producirla. El 75% de los diabéticos tipo 1 desarrollan anticuerpos contra sus propias células del páncreas. Al no producir la insulina necesaria, esta tiene que ser inyectada, especialmente cuando el azúcar generado por los alimentos rebasa el máximo nivel tolerable. Por fortuna, poco menos del 10% de quienes padecen diabetes, son diabéticos tipo 1.

Por otro lado, la diabetes tipo 2 generalmente se presenta en la edad madura. En estas personas es muy frecuente el exceso de peso. En estos casos el páncreas sigue produciendo insulina, aunque no muy eficientemente, pero el principal problema es que las células se hacen resistentes a la acción de la insulina y por lo tanto no pueden absorber la glucosa que produce la ingesta de alimentos, ni asimilarla cuando esta se encuentra en la sangre. Afortunadamente, la mayoría de los casos de este tipo de diabetes puede controlarse con alimentación adecuada, ejercicio y control del peso. Pero cuando un diabético no tiene control sobre su dieta puede requerir incluso de la administración de insulina, ya que puede presentar serios incrementos de glucosa hasta llegar al coma diabético.

Cabe resaltar que también hay otros tipos de diabetes, como la gestacional, que se encuentra incluida normalmente dentro de la clasificación tipo 2. Suele ser diagnosticada por primera vez en torno a las 24-28 semanas de gestación, y se presenta en un 3-10% de las embarazadas.
También se ha detectado la diabetes insípida, que es una afección poco común que se presenta cuando los riñones son incapaces de conservar el agua a medida que desempeñan su función de filtrar la sangre. La cantidad de agua conservada es controlada por la hormona antidiurética (HAD), también denominada vasopresina.

¿Diabético tipo 3?

La diabetes tipo 3 es el término con el que han sido bautizadas las personas que conviven con una víctima de la Diabetes Mellitus. Esto abarca a familiares, parejas y amigos, pues si bien es cierto que padecer una enfermedad crónica como esta obliga al paciente a modificar mucho más que sus hábitos alimenticios, también obliga al entorno de ese hombre enfermo o de esa mujer enferma, a cambiar junto con él, como una forma de apoyo.

Buscando un origen…

Como es bien sabido, los malos hábitos alimentarios, el creciente sedentarismo y aumento de la inactividad física, que provocan obesidad, han originado la rápida propagación de la diabetes. Sin embargo, hay condicionantes que aumentan la probabilidad de desarrollar esta terrible enfermedad: la edad avanzada y la presencia de otras enfermedades como la hipertensión, son algunas de ellas. También tiene gran peso la historia familiar de diabéticos.

Pero esta terrible condición puede presentarse además como consecuencia secundaria de: enfermedades renales, uso frecuente de fármacos como: antinflamatorios, anticonceptivos femeninos y corticoides. También el exceso y el frecuente consumo de alcohol podrían causar diabetes, especialmente en el sexo masculino.

Póngale un STOP a la prediabetes

Se estima que en la actualidad entre un 20 y un 25% de los adultos podrían padecer prediabetes. Esta es una condición que antecede a la diabetes mellitus tipo 2 y que es extremadamente peligrosa por su condición silenciosa y asintomática.

Una persona es prediabética cuando sus niveles de glucosa en la sangre se hallan por encima de los valores normales, pero no son tan altos. El panorama se pone color de hormiga cuando esta viene acompañada por otros factores de riesgo como: exceso de grasa acumulada en la zona abdominal, sedentarismo, antecedentes familiares de la enfermedad o haber sufrido diabetes gestacional.

Para prevenir la prediabetes, las recomendaciones son las mismas: practicar ejercicio físico con regularidad, controlar el peso, y seguir la dieta mediterránea, caracterizada por el consumo de aceite de oliva y legumbres, añadiendo la ingesta de nueces y productos integrales, y reduciendo las grasas animales y los azúcares.

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