Desde épocas muy remotas en la sociedad se han impuesto patrones de belleza. Expertos atribuyen la responsabilidad a la industria de la moda y la publicidad por el constante bombardeo de modelos de belleza que prácticamente solo se pueden conseguir por medios artificiales.

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Precisamente una de las banderas del Gobierno Nacional siempre ha sido la reivindicación del verdadero papel de la mujer venezolana. El fallecido presidente Hugo Chávez criticaba que el sistema capitalista utilizara al género femenino como un elemento más de consumo.

Ser bella, querer modificar o aumentar alguna parte del cuerpo no es mal visto, pero en la actualidad, mujeres y hombres quieren resultados rápidos, y en lugar de iniciar una rutina de ejercicios y un régimen sano de alimentación, prefieren entregarse al bisturí, o en el peor de los casos a inyecciones que ponen en riesgo su salud.

Venezuela es uno de esos países donde la belleza es prioridad. No en balde se le conoce por haber obtenido hasta la fecha, siete coronas del Miss Universo.

Esa obsesión por la belleza ha colocado al país entre los 10 primeros del mundo donde se realizan más cirugías plásticas. Ni siquiera la crisis económica ha logrado detener la curva de crecimiento de estos procedimientos quirúrgicos, pues durante los últimos dos años, se han triplicado, según cifras que maneja la Asociación Internacional de Cirugía Plástica.

A esto se le suma un mercado que ha proliferado en el país, y es aquel que ofrece a esas mujeres ávidas de un cuerpo perfecto, pero temerosas de entrar en un quirófano, tratamientos de belleza “casi milagrosos”, muchos de ellos sin permiso sanitario, aplicados por manos inexpertas, en lugares no aptos.

Estos tratamientos ofrecen a la mujer -y a los hombres que cada vez se suman más a la aspiración de mejorar su apariencia- un aumento de glúteos, senos, pantorrillas y hasta pómulos, a través de inyecciones de sustancias supuestamente inofensivas, y que no son más que biopolímeros que ponen en riesgo la vida de quien los utiliza.
Son muchas las muertes y casos de incapacidad permanente que han sido reseñados en los medios de comunicación durante los últimos años por este tipo de tratamientos estéticos aplicados por gente inescrupulosa.

Tanto así que expertos afirman que en Venezuela la estética se ha convertido en un problema de salud pública. Cada vez son más las mujeres -y en menor porcentaje los hombres- que pierden la vida o son afectados de forma irreversible, luego de haberse inyectado silicón, gel, células expansivas o cualquier sustancia que, aunque sea llamada por otro nombre, no es más que biopolímeros.

Víctimas organizadas

Es tanta la gente afectada en el país, que las víctimas se han organizado en una Fundación llamada “No a los Biopolímeros”, a través de la cual reciben ayuda psicológica y médica, quienes, aunque no perdieron la vida por su afán de verse más bellas, se encuentran sufriendo todos los problemas de salud que ocasiona la sustancia una vez que entra en el cuerpo de la paciente. Es importante destacar que estos efectos secundarios son irreversibles.

El cirujano plástico César Oliveros, presidente de la Fundación y uno de los dos especialistas en Venezuela que trabaja con extracción de biopolímeros, explicó que se ha convertido en un gran problema de salud pública, y según las últimas cifras que maneja, son más de 50 mil las personas afectadas en todo el país, “la mayoría son mujeres, pero también hay hombres afectados; decenas de personas se han inyectado biopolímeros y no lo dicen por evitar un problema familiar o diferencias con la pareja. También hay muchachas que a espaldas de sus padres se inyectaron, hay personas que tienen cargos públicos y tampoco quieren decir, además de los hombres que se han inyectado que tienen pena de decirlo”, explicó el doctor Oliveros en una entrevista ofrecida a un diario de circulación nacional.

En su blog, Oliveros explica que los biopolímeros “son sustancias de diferentes orígenes, algunos son derivados del petróleo, otros son de origen vegetal y otros de origen sintético, empleados desde tiempos remotos en las áreas de estética y cirugía plástica”.

La Fundación “No a los Biopolímeros” también maneja una página web, en la que se ofrece toda la información necesaria para todas aquellas personas que están padeciendo las graves lesiones ocasionadas por los biopolímeros.
A través del enlace noalosbiopolimros.blogspot.com, las afectadas pueden hacer contacto con la vocera del estado donde resida, pues en cada rincón del país hay un grupo de mujeres que se incorporó a trabajar en la institución.

De esta forma logran contactar a cada persona afectada, para conocer las verdaderas cifras, al tiempo que las pacientes pueden contactar a los médicos especialistas en extraer la sustancia, para recuperar un poco su calidad de vida.

El doctor Oliveros explica que la extracción de los biopolímeros no es tarea fácil, y por ello ha establecido una clasificación por grado. En total son cinco.

En su página web describe el tipo de paciente que entra en este primer renglón. Explica que hay pacientes que no presentan sintomatología de ningún tipo, pero por lo menos 50% “desarrollará síntomas en algún momento, frecuentemente entre los 3 y 4 años posteriores”.

No aplicarse inyecciones

“No a los biopolímeros” es la frase que salta a la vista al cargarse la página web creada por la fundación que lucha contra este problema de salud pública.

A través de ella, los expertos hacen un llamado a no dejarse engañar con inyecciones para modificar alguna parte del cuerpo, pues aunque reciban otros nombres como células expansivas, PPMMA, biofil o metacril, “es lo mismo, silicón líquido. No se reabsorbe. Nada, absolutamente nada, diferente a la grasa de nuestro cuerpo está autorizado para inyectar”.

Explica el doctor César Oliveros en su blog que los pacientes que se inyectan biopolímeros en grandes cantidades “sufren complicaciones graves con lesiones de carácter irreversible, efectos secundarios que son considerados una patología, bautizada por el doctor colombiano Felipe Coifman como alogenósis Iatrogénica en el año 2008”.
También produce “fibrosis, fistulas, necrosis, ulceraciones y afecciones cutáneas, y las sistémicas como, neumonitis o reacciones alérgicas”.

Ahora bien, cuando ocasiona la muerte del paciente normalmente es a causa de embolismo pulmonar “cuando, durante la inyección, el material se introduce directo en un vaso”.

Aumentan casos pese a la ley
Desde que comenzaron a hacerse públicos los casos de muerte por causa de inyecciones de biopolímeros, se inició una campaña a nivel nacional para evitar el aumento de estos lamentables percances. Sin embargo, pese el esfuerzo de muchas personas, las muertes seguían ocurriendo y las denuncias crecían.

Es por ello que en el año 2011, el Ministerio del Poder Popular para la Salud publicó en Gaceta Oficial número 40.065, la prohibición del uso de biopolímeros para fines médicos.

Y como los biopolímeros no son un problema solo de Venezuela, el pasado mes de septiembre se aprobó en La Habana, Cuba, la Ley Marco por la que se Regula, Controla y Fiscaliza el Uso y Aplicación de Sustancias de Rellenos (Biopolímeros) en América Latina y el Caribe.

Para su aprobación se reunieron con el Parlamento Latinoamericano representantes de 18 países.

“Con esta ley se van a preparar permanentemente campañas de educación, difusión en los medios de comunicación social, sobre el riesgo de los tratamientos estéticos y sustancias de relleno en colegios, universidades, lugares públicos. Para proteger la salud de las personas” dijo el diputado Francisco García, presidente de la Comisión de Salud.

Sin embargo, a pesar de estar vigentes estas normativas jurídicas, todavía hay muchos sitios donde siguen inyectando estas sustancias y las muertes siguen ocurriendo.

Hace poco se conoció el caso de un joven de 21 años que murió en el Hospital Dr. José María Vargas, de Caracas, luego de haberse aplicado inyecciones de silicón en los glúteos.

Según las investigaciones del caso, “la aguja que utilizaron perforó una de las arterias, logrando que el químico llegara hasta los pulmones y así empeorara su caso”.

Es evidente que no se está respetando la resolución del MPPPS. Es por ello que la Fundación “No a los biopolímeros” hace énfasis en la campaña a nivel nacional para dar a conocer los efectos de esta sustancia y, al mismo tiempo, invita a hacer las denuncias de los sitios donde se tenga información que ofrecen este tipo de inyecciones.

Quienes están activos en esta campaña no dejan de hacer su llamado para que aquellas personas que no estén conformes con alguna parte de su cuerpo y quieran modificarlas, para que acudan con un verdadero especialista en cirugía plástica, para evitar ser víctimas de tratamientos estéticos baratos que ponen en riesgo su vida.
Sobre este punto, el cirujano plástico Julio Casas Ocando señala que nadie debe inyectarse directamente en la mama o en los glúteos silicón líquido, plásticos o geles.

Y quienes estén interesados en aumentar sus glúteos, que es uno de los tratamientos más atractivos en esta época, solo lo deben hacer a través de la colocación de implantes o de la lipotransferencia, técnica muy conocida a través de la cual la grasa extraída de otras zonas del cuerpo, como el abdomen, por ejemplo, es colocada en los glúteos.

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