CELAC, la hora de los pueblos

La II Cumbre de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y del Caribe (CELAC) celebrada en la Habana, Cuba, ha significado el avance portentoso a una nueva era en las relaciones internacionales de nuestro continente.

33 Jefes de Estados, que representan la amalgama político ideológica que existe en la región, han sentado las bases para la construcción de una nueva América en función de la integración y unidad que necesitan nuestros pueblos en el marco del respeto al pluralismo hacia sus formas de organización política y su desarrollo económico con absoluto respeto a la Democracia.

Si tomamos en cuenta que la mayoría de los gobiernos representados en este encuentro forman parte de un abanico que va de la derecha hacia el centro, podrá apreciarse la contundente derrota que significa esta reunión para las políticas históricas del imperialismo norteamericano en la zona.

Acuerdos que expresan “Reiteramos nuestro rechazo a las listas y certificaciones unilaterales por parte de países desarrollados que afectan a países de la América Latina y el Caribe, en particular las referidas a terrorismo, narcotráfico, trata de personas y otras de similar carácter, y ratificamos el Comunicado Especial aprobado por las CELAC el pasado 5 de junio, que rechaza la inclusión de Cuba en la denominada Lista de Estados que promueven el terrorismo Internacional del Departamento de Estado de los Estados Unidos.”, como el del punto 41 de la Segunda Declaración de la Habana, o el “Reiteramos nuestro más profundo rechazo a la aplicación de medidas coercitivas unilaterales y reiteramos, una vez más, nuestra solidaridad con la República de Cuba a la par que reafirmamos nuestro llamado al gobierno de los Estados Unidos de América a que ponga fin al bloqueo económico, comercial y financiero que impone a dicha nación hermana desde hace más de cinco décadas” de su punto 52, constituyen un fenómeno de imposible realización años atrás, cuando la “Guerra Fría” era la excusa para la dominación y el irrespeto a la voluntad de los pueblos.

Pero no solo estas declaraciones manifiestan una expresión contrahegemónica a la política norteamericana, el documento aprobado, en sí, es un rechazo tajante a los designios de los representantes de la doctrina Monroe; en él, podemos apreciar en su punto 38 “Reiteramos el carácter latinoamericano y caribeño de Puerto Rico y, al tomar nota de las resoluciones sobre Puerto Rico adoptadas por el Comité Especial de Descolonización de las Naciones Unidas, reiteramos que es asunto de interés de CELAC”, continuando en el punto 39. “Los países miembros de la CELAC nos comprometemos a seguir trabajando en el marco del Derecho Internacional, y en particular, de la Resolución 1514 (XV) de la Asamblea General de las Naciones Unidas, del 14 de diciembre de 1960, para lograr que la región de América Latina y el Caribe sea un territorio libre de colonialismo y colonias”.

A estos puntos se suma el punto 50 que plantea “Reiteramos nuestro más firme respaldo a los legítimos derechos de la República Argentina en la disputa de soberanía por las Islas Malvinas, Georgias del Sur y Sandwich del Sur y los espacios marítimos circundantes, así como el permanente interés en que dicha disputa se resuelva por la vía pacífica y de la negociación, conforme lo dispuesto por la Resolución 31/49 de la Asamblea General de las Naciones Unidas”, como expresión acabada del anticolonialismo que anida en la voluntad política de los gobiernos de la región.

También debemos considerar de suma importancia la aspiración de la CELAC de que toda nuestra región se constituya en una “Zona de Paz” al proclamar en el punto 53 “Nos comprometemos a seguir trabajando para consolidar a América Latina y el Caribe como Zona de Paz, en la cual las diferencias entre las naciones se resuelvan a través del diálogo y la negociación u otras formas de solución pacífica establecidas en el Derecho Internacional”, un punto muy valioso si recordamos que en un pasado, no muy lejano, muchos de los diferendos entre naciones hermanas de nuestro continente, derivaban en enfrentamientos militares aupados por Estados Unidos y su aparato militar-industrial.

De los 83 puntos aprobados surge la convicción de generar en nuestra región un polo dinámico de desarrollo con pleno respeto a la soberanía de los pueblos, poniendo por delante sus intereses por sobre las diferencias que se planteen a la hora de abordar problemas como los de la Paz, el Hambre, la Desigualdad o la Lucha contra el Crimen Organizado.

El respeto y el reconocimiento mutuo entre actores políticos tan disimiles como los asistentes y firmantes de la II Declaración de la Habana, constituyen un signo de madurez política que debería ser apreciado por los opositores de la derecha venezolana.
El gobierno bolivariano, consecuente con el legado del comandante Chávez trabaja denodadamente para la pacificación y el bienestar tanto dentro del país como en el ámbito internacional, sumándose a esta realidad que sin duda, en este siglo XXI, constituye la Hora de los Pueblos.

Destacamos el valor y contribución a la paz y la seguridad internacionales del Tratado para la Proscripción de las Armas Nucleares en América Latina y el Caribe y sus Protocolos (Tratado de Tlatelolco), el cual estableció la primera zona más densamente poblada, libre de armas nucleares en el planeta. Subrayamos nuestro pleno apoyo a los trabajos del Organismo para la Proscripción de las Armas Nucleares en la América Latina y el Caribe y en este sentido, reafirmamos la importancia de la colaboración y cooperación entre la CELAC y la OPANAL, órgano especializado de la región, para articular posiciones comunes y trabajos conjuntos en materia de desarme nuclear.

*oscar.rotundo.caracas@gmail.com

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