El difícil camino de la revolución

Si de algo estuvo siempre consciente el Presidente Hugo Chávez, fue de los obstáculos que tendría que sortear la Revolución Bolivariana, para consolidarse. Los estudió cabalmente. Sabía que éstos no eran cualquier “piedra en el camino”. Plena consciencia tuvo de que proponerse transformar radicalmente la formación social venezolana, ideada por la clase dominante desde 1864, como proyecto nacional liberal, reformada varias veces para adecuarla a los “nuevos tiempos”, no sería una tarea fácil. Formación social que tuvo en el caudillo, en el dictador y en el régimen partidocrático su sostén político; que hizo de la renta petrolera su principal, y única, riqueza; que logró mimetizar las injusticias sociales, las diferencias, las desigualdades y las inequidades sociales, haciéndole creer, al colectivo nacional, que su proyecto era el proyecto de la nación; para transformarla había que plantearse la edificación de un nuevo Proyecto Nacional, a partir de otros principios.

Definir el Estado venezolano como un “Estado democrático y social de Derecho y de Justicia”; hacer de la democracia participativa y protagónica, una forma de vida; proponerse nacionalizar y socializar la renta petrolera, para que esta en verdad se convirtiera en una riqueza de todos los venezolanos; decirle al mundo que Venezuela se erigía en una Patria libre, independiente y soberana, significó una ruptura radical con el viejo modelo de organización de la sociedad venezolana, cuya última readecuación jurídico-política fue la Constitución del año 1961. Ruptura con el pasado y formulación de un Nuevo Proyecto de Nación, es lo que está plasmado en el texto de la Constitución Bolivariana de 1999.

Ante esta nueva realidad, la alianza de la clase dominante venezolana y sectores del gran capital internacional, ultraconservadores y antidemocráticos, diseñaron planes y proyectos para obstaculizar el avance y consolidación de la Revolución Bolivariana, los cuales han sido concebidos como un proceso que tiene varios momentos, por lo que: el paro empresarial del año 2001, el golpe de Estado de abril del 2002, el paro petrolero 2002-2003, las guarimbas, la permanente declaratoria de fraude en los resultados electorales, la matanza del 14 de abril del 2013 y los actos de violencia que se registran actualmente, entre otros, son parte de ese proyecto de desestabilización y golpe de Estado, que los sectores oligárquicos más oscurantistas del país en alianza con los gobiernos de Estados Unidos, ejecutan en contra de la democracia y el orden constitucional venezolano.

Una política internacional digna y soberana para un mundo multipolar

A partir del año 1999 Venezuela inauguró una nueva forma de hacer política internacional. Atrás quedaba la antinacional práctica de que cada Canciller diseñaba e implementaba su propia visión de la misma. Se le concibió como una verdadera política de Estado, por lo que la inserción de Venezuela en la comunidad internacional comenzó a ser concebida como un actor autónomo e independiente, promotor de los intereses nacionales; se concibió la integración como una política prioritaria, a partir de la implementación e instrumentación de un programa político que tuviera como norte el desarrollo de los países del área, dándole prioridad a la cooperación, la solidaridad, la complementariedad, la colaboración recíproca, como principios constitutivos fundamentales de la misma, otorgándole a la libre determinación como pueblo y a la soberanía nacional, un verdadero sentido de independencia.

Venezuela ha puesto en práctica un relacionamiento internacional que no solo une estados y gobiernos, sino que une pueblos. Ha hecho de la igualdad, la democratización de la sociedad internacional, la promoción de un nuevo orden económico internacional, la preservación de la paz internacional, la solidaridad, la sujeción a las normas del derecho internacional y a los tratados internacionales, la preservación del medio ambiente y promoción de los derechos ecológicos, la lucha contra el consumo y tráfico de drogas, contra el terrorismo, principios que la colocan como un actor fundamental en las relaciones internacionales en este tiempo.

El Gobierno Bolivariano de Venezuela ha redimensionando su relacionamiento internacional, a partir del establecimiento de nuevas áreas estratégicas. Ha diseñado una Diplomacia Petrolera, la cual le permitió otorgarle al petróleo un nuevo valor, una nueva condición, trascendente al de riqueza económica, al convertirlo en un recurso humano. El Acuerdo Energético de Caracas y PETROCARIBE son fiel reflejo de esta afirmación. Ha puesto en ejecución una práctica diplomática propositiva, constructiva, basada en la amistad sincera y respetuosa. Reconocidos han sido los esfuerzos del Gobierno Bolivariano de Venezuela, en la construcción de un mundo en donde reine la paz. Hemos hecho de la libre determinación de los pueblos un principio inalienable. Somos incansables propulsores del establecimiento de nuevos modelos de integración hemisférica: UNASUR y la CELAC, en buena medida, llevan el sello: “Hecho en Venezuela”; somos, de igual manera, reconocedores de la importancia de sistemas de integración subregional cuyo funcionamiento y objetivos contribuyen a la profundización de un relacionamiento de nuevo tipo, como es el caso del MERCOSUR. Hemos dicho, en ese sentido, que debemos avanzar hacia la construcción de un mundo multipolar, como única garantía para que los pueblos puedan alcanzar la paz, la justicia social, su felicidad y su libertad. El éxito de nuestra política internacional incomodo al gobierno estadounidense, comenzó a preocuparles que los cambios producidos en Venezuela se irradiaran hacia otras naciones.

La intromisión de Estados Unidos en nuestros asuntos internos

Los gobiernos estadounidenses, a lo largo de los últimos 15 años, no han cesado en inmiscuirse en los asuntos internos nuestros. Intromisión diseñada en los departamentos de Estado y de Defensa, la cual ha contado con el apoyo de los sectores más ultraconservadores y antinacionalistas de Venezuela. En un principio fueron los viudos directos de la cuarta república quienes eran recibidos por funcionarios de segunda categoría del Departamento de Estado, con las alforjas llenas de dólares se paseaban por Georgetown, se hicieron asiduos visitantes del Pentagon City Mall y el Potomac Mills, así como también del “Camelot Nitgh Club”, los cuales, ante su fracaso de no poder derrocar al Presidente Hugo Chávez, fueron sustituidos como interlocutores en los planes golpistas del gobierno norteamericano, por los “dirigentes de probeta” que hoy controlan la MUD.

Numerosas son las pruebas que constatan esta afirmación. El 31 de marzo del año 2004, el Embajador Jorge Valero, denunció en el Consejo Permanente de la Organización de los Estados Americanos (OEA), el financiamiento que el gobierno estadounidense otorgó a los golpistas del año 2002 a través de la NED, la USAID y otros organismos gubernamentales de esa nación. En reiteradas oportunidades, el gobierno venezolano ha denunciado la injerencia de funcionarios como Roger Noriega, Otto Reich y Jhon Negroponte, en nuestros asuntos; suficientes pruebas señalan las reuniones de estos con Álvaro Uribe Vélez, Leopoldo López, María Corina Machado y Henrique Capriles para solo citar algunos de los más conspicuos representantes de la ultraderecha fascista del país; aún recordamos las intromisiones de la ex Secretaria de Estado, Condoleezza Rice y las amenazas invasoras de Donald Rumsfeld, ex Secretario de Defensa, y su Plan Balboa; Hilary Clinton y John Kerry, Secretarios de Estado del presidente Barack Obama, han asumido la misma conducta. Son 15 años que tienen acusándonos de todo cuanto se les ocurre y amenazando de invadirnos militarmente, llevarnos a la ONU, a la OEA, al Tribunal de La Haya, al único tribunal que no han dicho llevarían a Venezuela es ante el tribunal de Dios, porque saben que ese nos protege, que es nuestro aliado.

La intromisión extranjera, particularmente la estadounidense, en los asuntos internos de Venezuela demuestra fehacientemente que estamos en presencia de un golpe de Estado de nuevo tipo. La manera como éste ha venido ejecutándose pone en evidencia que se trata de utilizar nuevas técnicas y nuevos actores. En esta oportunidad no se trata de un golpe militar clásico, tradicional. La fuerza armada ha sido sustituida por las tecnologías de la investigación y la comunicación, los medios de comunicación y la informática se han convertido en poderosas armas de guerra, más letales que las tradicionales, pero, con la ventaja de que logran ocultar su eficiencia como poder destructivo.

El caso venezolano es el mejor ejemplo de lo afirmado. La oposición viene de sufrir dos derrotas electorales en un lapso menor a los tres meses; en la primera, Henrique Capriles no aceptó su derrota como candidato presidencial, llamo al pueblo a “descargar su arrechera” en las calles, saldo: 15 venezolanos muertos; la segunda, la oposición unida en torno de la MUD es derrotada de manera aplastante en las elecciones de Alcaldes y concejales. De nuevo intentan desconocer el resultado electoral. Dos meses después, aprovechando la celebración del día de la juventud (12 de febrero), utilizan a los estudiantes como “carne de cañón” en sus planes golpistas, suceso éste que, como dijimos en párrafo anterior, es un momento de la nueva modalidad de golpe de Estado que están implementando en Venezuela: golpe suave, largo, lento; sutilmente diseñado, encubierto con un rostro y un sentido que le dé legitimidad, que lo haga vendible y pueda ser aceptado por grandes colectivos sociales; que cree una sensación de que sus ejecutores son los salvadores de la patria, defensores de la democracia, de los derechos humanos; que permita ocultar los intereses de los golpistas, su odio, su racismo, su desprecio por los pobres; en fin, se trata de una conducta cuyos actores “ignoran que la multitud no odia, odian las minorías porque conquistar derechos provoca alegría, mientras perder privilegios provoca rencor”.

No nos llamemos a engaño. La manera como han actuado los golpistas en estos últimos días, nos dice que estamos en presencia de un proceder de carácter fascista; los métodos utilizados han tenido como objetivo generar un caos y una neurosis colectiva. Para ello, se han valido de muy diversos y sofisticados recursos tecnológicos; han hecho de la mentira, el rumor, al igual que Joseph Goebbels, el asesor mediático de Hitler, su principal mentor publicitario. Este proceder, no tenemos la menor duda, ha sido diseñado por organismos e instituciones extranjeras especializadas en desestabilización política. De nuevo la Nacional Endowment for Democracy, Freedom House, Open Society Institute, la USAID, la Human Rights Watch, entre otras organizaciones de ese tipo, tienen sus manos y sus cerebros metidos en Venezuela.

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