Crisis política en Haití

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Nuevo capítulo
Haití es, otra vez, noticia. Desde hace varias semanas el país se encuentra inmerso en una nueva crisis política. Las elecciones presidenciales, que buscan al sucesor de Michel Martelly, han sido el detonante. Haití ha vivido jornadas de protestas en las calles, marcadas por la violencia. Los manifestantes piden, como una de sus principales demandas, la renuncia del Presidente y la formación de un gobierno provisional que convoque a nuevas elecciones. Pero la crisis política es, solamente, un capítulo más de inestabilidad en la frágil democracia del país más pobre del Hemisferio Occidental.

Tres décadas de inestabilidad

Luego de sufrir por treinta años la dictadura de los Duvalier, hasta 1986, Haití emprendió, a comienzos de los años noventa, el intento por establecer un proyecto democrático que le diera estabilidad. En febrero de 1991 Jean Bertrand Aristide, un sacerdote salesiano, se convertía en el primer Presidente electo por voto popular en la historia del país. Pero la esperanza de construir un sistema democrático pronto se vería frustrada. A partir de entonces la tambaleante democracia haitiana ha tropezado con intervenciones militares extranjeras, golpes de Estado, gobiernos inestables.

Manifestantes en las calles de Puerto Príncipe

Elecciones empañadas por el fraude

Por eso, la crisis que actualmente vive Haití es un capítulo más en una historia de inestabilidad. El detonante de la crisis se remonta a octubre de 2015. En ese mes se celebró la primera vuelta de las elecciones presidenciales. Poco antes, en agosto, el país había celebrado elecciones legislativas. Luego de la primera vuelta, el 25 de octubre, se produjeron denuncias de fraude. El candidato opositor, Jude Celestin, denunció fraude por parte del gobierno. Los resultados habían dado como ganador al candidato del gobierno, Jovenel Moise, con un 32,81% de los votos, frente al 25,27% del candidato opositor. La oposición denunció la utilización de la maquinaria del Estado para favorecer al aspirante de gobierno y ciertas irregularidades, como permitir que cientos de miles de representantes de partidos pudieran votar en cualquier centro electoral.

Ante estas denuncias se estableció una comisión independiente, con el objetivo de evaluar los comicios, y confirmó la existencia de tales irregularidades. Además, la comisión recomendó poner a la orden de la justicia a los funcionarios electorales. Pero el gobierno ignoró estas peticiones y decidió seguir adelante con la segunda vuelta de las elecciones. A partir de ese momento estalló la crisis. El gobierno fijó las elecciones para el 27 de diciembre, y luego, debido al clima de crispación política y protestas generalizadas, tuvieron que ser reprogramadas para el 17 de enero y después para el 24 de enero. Tampoco se pudieron llevar a cabo debido al clima de tensión, que no garantizaba unas elecciones en un clima de paz. Los llamados internacionales no se han hecho esperar: la Unión Europea, la OEA, la Celac, todas, han insistido en llevar adelante las elecciones y evitar la violencia.
Detrás de todo esto se encuentra un problema estructural: Haití no ha logrado estabilizar un proyecto democrático debido a la fragilidad de su tejido social y económico. La pobreza en Haití es endémica. Tanto, que ni siquiera encaja en los estándares de lo que conocemos como Tercer Mundo. Por ello, los estudiosos del tema han creado una nueva categoría: el Cuarto Mundo, que se refiere a los países más pobres entre los pobres o subdesarrollados. Haití es el único país del continente en esta categoría.

¿Fin de la crisis?

En medio de la crisis, la oposición obtuvo un triunfo: Impidió, con éxito, que se celebrase la segunda vuelta electoral bajo el mandato de Michel Martelly. Tal y como lo establece la Constitución, el Presidente concluyó su mandato el pasado 7 de febrero. La hoja de ruta para poner fin a la crisis contempla un acuerdo entre el Presidente Martelly y la Asamblea Nacional: Se constituirá un gobierno provisional, que celebrará elecciones el 24 de abril. Para evitar que se repitan las acusaciones de fraude, Haití debería de permitir la observación internacional de las elecciones. El reto más importante del gobierno provisional: preservar la paz y la estabilidad.

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