América Latina necesita una nueva relación entre estado, mercado y sociedad

Durante la última década, los países de América Latina y el Caribe se han beneficiado de un crecimiento dinámico, alcanzando un progreso significativo en la esfera social. La mayoría de las sociedades de la región le han dado prioridad a la necesidad de igualdad en sus agendas de desarrollo social. Como resultado, la pobreza y la inequidad han disminuido.

Estas tendencias positivas han sido el resultado de una combinación de factores: un contexto externo favorable; más políticas macro-económicas sensatas; mejores condiciones en el mercado laboral, apoyadas por políticas laborales y de capacitación fortalecidas; gasto social aumentado y sostenido e iniciativas sociales innovadoras guiadas por los gobiernos, sobre todo con la expansión de programas de transferencia condicional de efectivo (CCT, por sus siglas en inglés).

Alicia Bárcena Secretaria Ejecutiva de la CEPAL Vice-presidenta del Consejo de la Agenda Global para América Latina

Alicia Bárcena
Secretaria Ejecutiva de la CEPAL
Vice-presidenta del Consejo de la Agenda Global para América Latina

Como resultado, una parte significativa de la población de esta región se ha levantado de la pobreza y beneficiado de un mejor acceso a una canasta más diversa de productos de consumo privado. Este movimiento es extremadamente positivo y varias instituciones y observadores lo han definido como el surgimiento de una “nueva clase media latinoamericana”. A pesar de que esto es verdad hasta cierto punto, la Comisión Económica para Latinoamérica y el Caribe (ECLAC, por sus siglas en inglés), de las Naciones Unidas, ha enfatizado algunas observaciones cautelares.

Para comenzar, muchas personas viven apenas por encima de la línea de pobreza y siguen vulnerables a caer de nuevo en la pobreza a consecuencia de alguna conmoción externa, por ejemplo, un aumento en los precios de alimentos o energía. Además, a pesar de que pueden tener acceso a una variedad más amplia de productos, no siempre se trata de servicios clave como la educación, la salud, la seguridad ciudadana, el transporte público, etc.

Todavía existe una gran brecha en la mayoría de los países de la región entre los productos de alta calidad y los servicios proporcionados por compañías privadas a los sectores más ricos de la sociedad comparados con el suministro de productos públicos y servicios de baja calidad disponibles a los sectores de bajos ingresos y vulnerables de la sociedad.

A fin de abordar esta deficiencia, ECLAC considera que se necesita una nueva ecuación entre el Estado, el mercado y la sociedad civil, en la que los actores públicos y privados sean llamados a colaborar cada vez más por medio de asociaciones innovadoras. En este respecto, América Latina tiene recursos significativos.

Se debe crear una segunda generación de políticas del mercado social y laboral que vaya más allá de los CCTs, políticas que replanteen los sistemas de educación y capacitación por medio de nuevas formas de colaboración entre diferentes niveles del gobierno, el sector privado, organizaciones de la sociedad civil y comunidades locales.

Es bien sabido que la región está muy por detrás de países industrializados y otras regiones en vías de desarrollo en términos de innovación productiva, pero se ha vuelto una de las más dinámicas en la promoción de iniciativas de innovación social. Los actores públicos, privados y de la sociedad civil han cambiado significativamente durante la última década y, gracias a este dinamismo, ya han comenzado a generarse estrategias innovadoras.

En diferentes sectores de los países de la región se pueden encontrar ejemplos de nuevas maneras de colaboración. Por ejemplo, gracias al establecimiento de asociaciones público-privadas en específicos sectores agroalimentarios, varias industrias de exportación en América Latina están ahora aumentando su capacidad de medir su carbono y su impacto ambiental y, lo que es aún más importante, están comenzando a comprender mejor las sinergias existentes entre la competitividad empresarial, la eficacia de la producción y la sustentabilidad ambiental.
Otro ejemplo se puede encontrar en Brasil con el programa ProUni (la universidad para todos), cuyo fin es promover el acceso a la educación superior para los estudiantes de bajos ingresos con el apoyo de instituciones privadas, incentivadas estas por la desgravación fiscal. Desde su inicio en 2005 y hasta el primer semestre de 2013, esta iniciativa ha entregado 1.8 millones de becas.

Un tercer caso interesante es el Diálogo Regional sobre la Banda Ancha, un foro para dialogar y compartir experiencias acerca de las políticas públicas e iniciativas concretas dirigidas a disminuir el costo y mejorar la calidad de la banda ancha en América Latina, y permitir que los beneficios económicos y sociales de este servicio estén disponibles en una escala masiva. Este foro reúne a representantes de 11 gobiernos de la región, las principales empresas de telecomunicaciones, expertos académicos y organizaciones internacionales que laboran en este campo.

Algunos de los gobiernos de la región ya se han involucrado activamente en nuevas formas de creación de políticas y colaboración con otros miembros de la sociedad. De manera incipiente, partes del sector privado también están evolucionando rápidamente, preocupándose por e involucrándose en temas sociales y de desarrollo sustentable y creando nuevas estrategias, modelos de negocio y formas de añadir valor a estas áreas. El sector académico también es un actor fundamental como proveedor de nuevas ideas, investigación y plataformas. Por último, el papel de otras organizaciones ha adquirido prominencia, incluidas las fundaciones filantrópicas y emprendedores sociales, los cuales están cambiando la manera en las que se abordan estos temas.

La combinación de destrezas y conocimiento específicos de estos diferentes actores será una poderosa fuerza para crear nuevas estrategias y políticas que aborden los retos del desarrollo social y sustentable. Los gobiernos de la región deberían proporcionar incentivos, y así permitir la creación de medios y nuevos espacios para construir confianza, visiones comunes a largo plazo y colaboraciones innovadoras entre las partes interesadas, como nuevas maneras de ayudar a reducir las brechas tradicionales y emergentes que obstaculizan el desarrollo social y sustentable.

Columna de opinión de Alicia Bárcena, Secretaria Ejecutiva de la CEPAL (Abril 2014)
Tomado de http://www.cepal.org/

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