La madrugada del 9 de mayo quedará grabada en la memoria de muchos, y será –sin lugar a dudas- un referente ineludible para la historia de Venezuela puesto que, ese día, autoridades militares y policiales emprendieron, cerca de las 3:00 a.m., la “Operación Desalojo”, desmantelando cuatro campamentos estudiantiles en Caracas.

El Ministro de Interior y Justicia, Miguel Rodríguez Torres estuvo al frente de esta acción que acabó con el Campamento Resistencia, ubicado en la Plaza Alfredo Sadel; el Campamento Jóvenes Venezolanos, asentado en la avenida Francisco de Miranda; y los Campamentos Javu, localizados en la plaza Bolívar de Chacao y el otro en la subida de Santa Fe Norte.

En el procedimiento fueron aprehendidas 243 personas, cifra récord en materia de detenciones. Pero además se incautaron: drogas, armas, explosivos, morteros, alcohol y bombas lacrimógenas, según información aportada por Rodríguez Torres, quien además agregó “nadie puede pensar que con este equipamiento, organización, el licor que consumían, se trate de manifestantes pacíficos e indefensos”.

El ministro calificó el operativo como “impecable” pues se desarrolló dejando un saldo de cero heridos y cero enfrentamientos.

“Fue una operación limpia, sin agresiones, sin violencia, hecha utilizando fundamentalmente el factor sorpresa, lo que ha permitido desmontar estos campamentos que más que un atentado a la seguridad ciudadana eran un atentado a la moral de la sociedad. Vimos casos de promiscuidad y todo tipo de bochornos sociales que ocurrían allí ante la mirada cómplice de los alcaldes”, denunció.

Por su parte, el grupo de defensa de Derechos Humanos Venezuela Awareness Foundation (VAF) repudió –a las pocas horas- el desalojo de los campamentos y lo consideró parte de la represión y persecución política contra el movimiento estudiantil. También Humberto Prado, coordinador de la comisión de derechos humanos de la federación del Colegio de Abogados de Venezuela y Director del Observatorio de Prisiones, se pronunció al respecto, y aseguró que “el desalojo de los campamentos fue un proceso arbitrario”. Incluso, la Mesa de la Unidad Democrática (MUD) suspendió –durante varios días- las reuniones de trabajo con el Ejecutivo por considerar inadecuada la actuación del Gobierno con los estudiantes.

De igual manera, Rupert Colville, portavoz de la Oficina del Alto Comisionado de la ONU para los Derechos Humanos, expresó: “Condenamos de manera inequívoca toda violencia, por todas las partes en Venezuela, pero estamos particularmente preocupados por los informes acerca del excesivo uso de la fuerza por las autoridades en respuesta a las protestas”.

ARDIÓ EL CAMPAMENTO DE LAS DELICIAS

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El Campamento Esperanza y Libertad Francisco de Miranda, situado en Aragua, específicamente en la Avenida Las Delicias, también fue protagonista de un asalto nocturno que acabó con el mismo. En esta zona del centro del país no fue la Guardia Nacional Bolivariana (GNB) quien puso fin al campamento estudiantil sino un grupo de motorizados, identificados por los testigos como “colectivos armados”.

Julio Tovar fue uno de los testigos presenciales de la quema de este campamento: “Yo estaba hablando con los gariteros, es decir, con los panas encargados de hacer vigilia entre la noche del jueves y la madrugada del viernes. Hablábamos de deporte, de béisbol, específicamente de Miguel Cabrera. El tráfico vehicular aquella madrugada era poco, lógicamente. Por eso, me llamó la atención que siete motos pasaran juntas, frente a nosotros, tocando cornetas e insultándonos. Aunque de día era normal que la gente pasara y nos dijera cosas desde sus vehículos. Algunos en contra y otros a favor. Pero lo cierto es que a los pocos minutos, esos mismos motorizados volvieron a pasar. Pero esta vez eran más. Calculo que entre 25 y 30, todos con parrilleros a bordo. Varios de ellos, imagino que los cabecillas, iban encapuchados”, relató el joven en exclusiva para El Semanario.

“Los que estábamos despiertos empezamos a tocar los silbatos que cargábamos previendo cualquier emergencia y de inmediato hicimos un anillo de seguridad. Mandamos a que todas las mujeres presentes en el campamento huyeran. Tratamos de resguardar el sitio y de enfrentarlos, pero de pronto se escucharon múltiples detonaciones. Todo pasó muy rápido. No sabíamos si estaban disparando al aire o contra nosotros. Por eso nos replegamos al final del campamento. En ese momento éramos pocos. Primero porque la noche del jueves 8 fue muy lluviosa, y como no era fin de semana, muy pocos campistas hicieron acto de presencia. Por eso optamos por la retirada mientras que veíamos arder nuestras carpas en manos de este brazo ejecutor del Gobierno”, agregó.

Tovar dijo que lo primero que hicieron fue contarse. “Por suerte, todos estábamos sanos y salvos”. Para el joven, quien no cree en las casualidades, fue muy “extraño” que su campamento haya sido quemado prácticamente “al mismo tiempo del asalto de la GNB a los otros 4 en Caracas”.

Sobre sus atacantes, el joven dijo “no es primera vez que el brazo miliciano del Gobierno arremete contra nosotros aquí en Maracay. Ya en protestas y concentraciones anteriores ellos han llegado a romper con la paz y a generar violencia”.

Sin embargo, “el fin del campamento no es el fin de las protestas. Seguiremos peleando para hacer valer la Constitución Nacional, pelearemos por la democracia, pelearemos contra la delincuencia desmedida. A la juventud le duele esta Patria. Ya no estaremos en el campamento pero encontraremos nuevas formas de protesta. Haremos volanteo, casa por casa, concentraciones y mucho más. Ahora es que hay juventud aguerrida, con ansias de lucha en Venezuela”, agregó.

A propósito de esto, Cronos Mejías, otro de los voceros del campamento destruido, en entrevista a El Semanario, dijo “lo que el Gobierno, y sus simpatizantes, no entienden es que a mayor violencia contra nosotros, utilizaremos mayor inteligencia. A mayor represión, mayor organización. No acabarán nunca con los deseos de libertad de la juventud venezolana. Protestaremos hasta vencer. Estamos en pleno proceso de organización. Hemos acordado no anunciar y ni publicar lo que será nuestra agenda día a día para evitar nuevos ataques. No podemos seguir siendo carne de cañón. Sin embargo, ratificamos nuestra presencia en la calle, no desmayaremos en la lucha”, comentó.

Por eso pidió a sus homólogos que no se llenen de miedo, ni de pánico. Criticó las detenciones de los campistas de Caracas y aseguró que “las armas, la droga y todo aquello fue sembrado por el Gobierno. Eso está muy claro. Porque la Constitución Nacional y las ganas de luchar son nuestras únicas armas y esas no las pueden decomisar”.

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REACCIONES

La opinión pública se vio estremecida con la noticia de desalojo de los campamentos estudiantiles, especialmente la juventud venezolana. Algunos opinaron igual que Marian Cazorla, “ya era hora de ponerle fin a las guarimbas. Ahorita tienen un show armado pero eso hacía falta para restablecer el orden en las calles. Además, no hubo ni un herido durante el procedimiento a cargo de Rodríguez Torres. Ni siquiera lo hubo en Las Delicias”.

Otros más desconfiados como, Antonio Munares creen que “justo cuando los estudiantes se estaban tranquilizando, viene el Gobierno y los alborota. Eso no se parece al discurso de diálogo y de paz que predican. Al Presidente como que no le gusta la protesta pacífica porque centra la atención en el motivo de la manifestación y ese motivo se llama precisamente Maduro”.

Mariuska Burgos, al igual que muchos jóvenes venezolanos, critica que el Gobierno haya actuado amparado por la nocturnidad y que el presidente Nicolás Maduro sólo hable del tema económico en las cadenas nacionales “como si nada estuviera pasando”

También los líderes estudiantiles de diversos estados del país reaccionaron ante el abrupto fin de los campamentos. Villca Fernández, del estado Mérida, publicó vía Twitter, con ocasión de las más de 200 detenciones practicadas en Caracas: “Que abran los estadios de fútbol y béisbol porque somos millones de estudiantes en las calles. No alcanzan las cárceles”.

También, vía telefónica desde Valencia, para El Semanario, se hizo sentir Juan Manuel Carrasco, cuyo nombre se popularizó luego que declarara haber sido torturado y violado con el cañón de un fusil por parte de funcionarios de la GNB el pasado 13 de febrero.

El joven fue enfático al exhortar a sus compañeros de lucha a no desmayar. ¡Si yo no me rendí, ustedes tampoco!”, clamó.

Por último, aprovechó para denunciar que la Fiscalía en Derechos Fundamentales le “cercenó sus derechos” al negarle la copia de la acusación presentada contra los 3 funcionarios que denunció. “Ya viene mi audiencia. Es esta semana. Pero continúo en la lucha y todos debemos hacerlo”, agregó.

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